«Sin él no puedo sobrevivir», el desgarrador mensaje antes de morir de un hijo cuyo padre y cuidador fue detenido por el ICE
Maher Tarabishi permanece arrestado en Texas desde octubre y el Servicio de Inmigración de EE UU ha denegado las peticiones de su familia para que fuera liberado; ni siquiera ha podido ver a su hijo antes de morir o asistir al funeral
Diario Vasco, , 30-01-2026Maher Tarabishi fue detenido hace tres meses en un control de inmigración en Dallas, una ciudad con casi 1,5 millones de residentes extranjeros donde … el ICE ha plantado una de sus banderas, El Estado de Texas registra uno de cada cuatro arrestos del Servicio de Inmigración y Aduanas, que incluso busca a los migrantes en las cárceles. Es habitual que este departamento tramite con los presidios los denominados ‘detainers’, peticiones para que los foráneos encarcelados por delitos leves, preventivos o a punto de cumplir condena sean retenidos hasta que los agentes acudan a la cárcel a comprobar si tienen papeles o detenerlos de nuevo.
En ese ambiente de control sofocante, Maher Tarabishi había salido de su domicilio en Arlingon y fue arrestado tras acudir a un control rutinario en la oficina de inmigración, según las primeras informaciones. Las ONG civiles han señalado que el ICE se aprovecha en numerosas ocasiones de estas comprobaciones para capturar a migrantes sin papeles o en proceso de conseguir la residencia. De origen jordano y solicitante de asilo, Maher nunca había tenido problemas hasta ahora. Su expediente seguía abierto y en curso. La cruzada de su vida consistía en cuidar de Wael, de 30 años, aquejado de la enfermedad de Pompe. Se trata de una dolencia poco frecuente causada por una mutación genética, cuyos efectos pueden desencadenar serios problemas cardíacos, respiratorios y una debilidad muscular extrema, principalmente en las piernas.
Maher se dedicaba de forma permanente a atender a su hijo. El agravamiento de su enfermedad le impedía moverse o respirar por sí mismo. Desde su detención, no volvió a verle. Ni siquiera durante su funeral. Porque Wael murió hace una semana mientras su progenitor se hundía en la angustia encerrado en un centro de detención de Anson, en Texas. Le denegaron incluso el permiso para asistir al sepelio.
Durante los tres meses de arresto de su padre, el estado de Wael empeoró. Su cuñada se encargaba de atenderle, aunque era el progenitor quien sabía reaccionar al instante cada vez que el joven sufría un golpe de fiebre, tenía problemas con la sonda de alimentación o requería una medicación urgente. Los dos pasaban las 24 horas juntos. Maher había aprendido a apreciar cualquier síntoma e incluso se adelantaba a las necesidades del muchacho.
En dos ocasiones, Wael tuvo que ser ingresado en el hospital. La última fue el 24 de diciembre debido a una infección estomacal. No salió de la UCI. Entre uno y otro ingreso, publicó un sobrecogedor vídeo. En él hacía un llamamiento desesperado a las autoridades de Inmigración para que liberasen a su padre, ya que su propia supervivencia dependía de sus cuidados: «Él es quien me mantiene con vida cuando estoy más débil. Sin él, no soy nada. Sin él, no puedo sobrevivir».
El caso vuelve a poner a prueba los límites de la ética y de la humanidad no solo del ICE sino de la propia Administración de Donald Trump, que este viernes afronta numerosas movilizaciones ciudadanas y una jornada de huelga en Minnesota, el Estado en el que murieron Renee Good y Alex Pretti por disparos de los agentes de inmigración y fronteras. Las protestas denuncian una vez más los abusos de poder de estos dos cuerpos federales y la permisividad gubernamental que justifica sus acciones.
Una parte susancial de la sociedad estadounidese ha recibido como un mazazo, otro en estas semanas de gran convulsión, la muerte de Wael y la negativa de las autoridades a que pudiera reencontrarse con su padre y seguir bajo sus cuidados. Sus familiares han luchado contra el sistema inmigratorio, endurecido tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, e incluso sus ecos llegaron al Congreso, sin éxito alguno.
La familia Tarabishi presentó una petición oficial de libertad nada más enterarse de que el progenitor había sido detenido el 28 de octubre de 2025 en Arlington, donde residía. Maher llegó desde de Jordania natal a Estados Unidos en 1994 con un permiso de turista. Posteriormente solicitó asilo. Su petición se ha reabierto varias veces, pero no ha terminado de tramitarse. Es un caso común. En mayo del año pasado había 2,17 millones de solicitudes pendientes acumuladas.
Los allegados basaron su petición de libertad en que se trataba del principal cuidador de su hijo, afectado por una enfermedad rara, pero la justificación no hizo mella en el servicio de Inmigración, que dejó al padre en el centro de detenidos de Anson. El ICE expone en su página web que los arrestados están autorizados a «mantener vínculos con sus familias a través de viajes de emergencia escoltados por personal para visitar a familiares directos gravemente enfermos o para asistir a sus funerales». Sin embargo, el abogado de la familia no consiguió que este argumento valiera, ni siquiera después de la muerte del joven. Wael murió en la unidad de cuidados intensivos del Centro Médico Metodista Mansfield el 23 de enero.
Fueron horas dramáticas. Los allegados intentaron hasta el último minuto de vida del muchacho conseguir una orden ‘in extremis’ para que Maher pudiera viajar urgentemente hasta el hospital y despedirse de su hijo aún con vida. Resultó inútil. Inmigración tampoco le ha dejado salir para asistir a su funeral ni a unas últimas exequias celebradas este jueves. Miles de estadounidenses han seguido incrédulos este desenlace.
«Estamos profundamente decepcionados con la decisión de ICE de negarle a Maher Tarabishi la oportunidad de despedirse de su amado hijo, Wael. La decisión de impedirle despedirse refleja la trágica falta de humanidad de los responsables», ha declarado la familia en un comunicado difundido por la CNN.
La tragedia de esta familia jordana se suma a otros dramas relacionados con la política antimigratoria de Trump que tienen su epicentro en Texas. Este miércoles pasado, la Policía disolvió con gas pimienta una manifestación delante del centro de detención donde se encuentran detenidos el ecuatoriano Adrián Conejo Arias y su hijo Liam, de 5 años. El arresto del niño en un suburbio de Mineápolis dio la vuelta al mundo la semana pasada y aumentó la indignación de los ciudadanos de Minnesota con las acciones del ICE.
Después de que un juez haya bloqueado su deportación a Ecuador, padre e hijo siguen internos a la espera de algún tipo de resolución. Adrián sufre depresión. Su hijo «duerme mucho» y pregunta constantemente por su «familia, su madre y sus compañeros de clase. Quiere volver a la escuela», ha explicado el representante demócrata Joaquín Castro. «La triste tragedia de todo esto es que Liam es un símbolo de la inhumanidad de nuestro sistema de inmigración». El niño no es el único menor interno en el centro. Otros muchachos permanecen junto a sus padres detenidos. Algunos han cumplido dos meses encerrados. Sin escuela. Como delincuentes. Y son niños.
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