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En el pueblo aragonés con mayor concentración de inmigrantes: "Sin ellos el trabajo del campo no sale adelante"

Un cuarto de su población censada es de origen extranjero. Esa cifra crece en temporada de recolección, cuando más de 10.000 personas llegan a la comarca, pero aflora un reto: gestionar la convivencia

El Mundo, Silvia LorenzoFraga (Huesca) Carlos García PozoTexto, Reportaje gráfico Fraga (Huesca) Texto, Reportaje gráfico, 30-01-2026

En una patera y sola. Así llegó Bintu (24 años) desde Senegal hasta Canarias, hace dos años. Su vida hoy es muy distinta: es una de los más de 3.000 habitantes extranjeros censados en Fraga, la localidad oscense con más concentración de inmigrantes.

Hablar con ella supone un reto, todavía está aprendiendo español. Sabemos que vive aquí con su marido y su hija de año y medio, Tchikita; sabemos que el año pasado trabajó en el almacén de una finca, de mayo a septiembre, y que ahora está desempleada. Nos quedamos con la incógnita de cómo logró desplazarse más de dos mil kilómetros hasta la comarca aragonesa del Bajo Cinca, en Huesca, uno de los pulmones agrícolas del país a donde cada verano, de mayo a octubre, llegan entre 10.000 y 12.000 trabajadores para recoger la fruta. El municipio es la capital comarcal y en temporada de cosecha acoge a más de un tercio de estos temporeros.

“Muchos duermen en la calle, sobre todo en la estación de autobuses, que está cubierta. Se quedan allí con cartones y todas sus cosas”, cuentan dos jóvenes que voltean sus cuerpos y apuntan con el dedo hacia la zona de la que hablan. Ahora es enero, y cuando nos dirigimos en esa dirección no hay visos de sinhogarismo, aunque sí se percibe una fuerte carga migratoria. Cuestión de calendarios, explican: “En verano puede llegar a impactar, pero en invierno no hay tantos”.

Vecinas de origen extranjero pasan el rato en el parque con los niños.
Vecinas de origen extranjero pasan el rato en el parque con los niños.

Lo cierto es que entre los municipios aragoneses de más de 14.000 habitantes, Fraga tiene la mayor concentración de inmigrantes. Según las últimas cifras de población censada, que datan de finales de 2025, de sus 15.400 habitantes el 25,25% eran extranjeros. Ascienden a 3.889 personas, casi un 10% más que hace cuatro años. Entre los ciudadanos con nacionalidad española, el 24% de ellos son mayores de 65 años, y el grupo de edad más numeroso tiene entre 50 y 54 años (896 personas); la edad más predominante entre los extranjeros es de los 45 a los 49.

“Arrastramos esta situación desde hace más de 30 años”, detalla el alcalde de la localidad, José Ignacio Garmún (PP). Fraga lleva atrayendo mano de obra extranjera desde finales del siglo anterior. El capital humano es lo que mantiene a flote las empresas frutícolas: “Nos tenemos que adaptar. Si además sumamos la baja natalidad y que hay que cubrir puestos de trabajo, es evidente que todos somos necesarios”, confiesa el edil.

Seguridad
Pero la convivencia con la población migrante ha sido, y sigue siendo, un reto a abordar. Ya en la madrugada del 27 de julio de 1992, un grupo de jornaleros golpeó a varios magrebíes, dejando seis heridos. La policía detuvo a 13 personas. Más de tres décadas después, en junio de 2025, la Guardia Civil detuvo en el mismo municipio a 12 personas implicadas en una serie de reyertas entre distintos grupos familiares de nacionalidad extranjera. En 30 años, los sucesos “incívicos” no han cesado.

“Evidentemente hay momentos puntuales en los que hay altercados, pero no hay que traer a las fuerzas nacionales”, tranquiliza el alcalde. La labor “conjunta” de la Guardia Civil y la Policía local es “esencial”, cuenta, para mantener el orden y fomentar la percepción de seguridad. Pero, a su juicio, “todo es poco”. Pese a los intríngulis legales que puede suponer, dice estar pensando en contratar una empresa de seguridad privada para redoblar esa presencia porque “es bueno que la población se sienta arropada”.

¿Esa sensación cunde durante el verano? Cuenta una vecina que “hay más Guardia Civil patrullando” y, por lo general, apunta otro habitante, los cuerpos de seguridad conocen cuáles son los grupos de inmigrantes más “problemáticos”: “Los que vienen de África son más distantes y disciplinados, tienen miedo a ser deportados; los magrebíes suelen ser más conflictivos”, advierte. Y dispara: “Pero el discurso de la extrema derecha no creo que cale aquí. Sin ellos el trabajo del campo no sale”.

Vecinos mayores sentados al sol en la plaza del Ayuntamiento de Fraga.
Vecinos mayores sentados al sol en la plaza del Ayuntamiento de Fraga.
Días antes de que aterricemos en el municipio, el presidente de Vox, Santiago Abascal, y su candidato en Aragón, Alejandro Nolasco, celebraron un mitin en el Castillo de Fraga. Abascal pasó de puntillas por la regularización “a marchas forzadas” de los inmigrantes y Nolasco criticó la imposición “en algunas aulas” de un “programa de lengua árabe y marroquí” y que “lo que están comiendo los más jóvenes en los colegios” son “naranjas de Egipto y peras de Sudáfrica”.

Las diferencias identitarias y la competencia desleal que de un tiempo a esta parte acusa el sector agrícola son dos cuestiones de peso en el municipio. El vecino que criticaba este discurso admite que, por eso, “tiene su público”.

Un público creciente, a juzgar por los resultados electorales de las dos últimas convocatorias. A nivel municipal, Vox no obtuvo votos en 2019, aunque ese año llegó a cosechar el 6,73% de las papeletas en las elecciones autonómicas. En 2023, los votos crecieron de forma sustancial: 525 en los comicios municipales –ganando su primer concejal en el consistorio– y 673 en las autonómicas, un 12,2% de los votos totales y un 67% más que en los resultados anteriores.

Sin embargo, el fortalecimiento electoral de la formación de Abascal en los municipios con más inmigración, como Fraga, no es comparable con el que se produjo en Extremadura. Eso sí, su crecimiento se produce a la par que el incremento de votos del PP y la debilitación del PSOE. Pero para entender esa aritmética debemos rebobinar.

De pabellones anticovid a albergues y barracones
Regresemos a mayo de 2020, en plena pandemia del Covid-19. Por entonces España salía progresivamente del confinamiento mientras Fraga y la parte oriental de Aragón no lograban avanzar de fase. La situación de hacinamiento en la que vivían los temporeros les hizo más vulnerables ante el virus y los contagios empezaron a reproducirse. Frente a su imposibilidad para cumplir con las medidas de aislamiento, y el riesgo que eso conllevaba para el resto de la población, el Ayuntamiento de Fraga puso en marcha de forma pionera en la región dos pabellones municipales para atender a estas personas.

“Los días eran los que eran y pensar en un contagio… Claro que asustaba”, recuerda una vecina frente al colegio San José de Calasanz. A seis minutos a pie se encuentra el Pabellón Cortes de Aragón, por cuyas instalaciones pasaron unos 100 trabajadores entre mayo y agosto de aquel año. ¿Cómo afectó a la percepción del PP, que por entonces ya gobernaba el municipio? “Hombre, yo creo que bien. Y lo del albergue Clara Campoamor también ha ayudado mucho”.

El alcalde de Fraga, Ignacio Garmún (PP), frente al Ayuntamiento de la localidad.
El alcalde de Fraga, Ignacio Garmún (PP), frente al Ayuntamiento de la localidad.
Los alojamientos a los que alude fueron inaugurados por la Reina Sofía en febrero de 2023. Tres meses después, las urnas se abrirían de nuevo, dando pie al retroceso del PSOE en Aragón. En Fraga se reprodujo el fenómeno: el 42,5% de los vecinos votó al PP en las autonómicas y en las municipales lo hizo el 47,4%. Desde entonces Garmún gobierna en el consistorio con mayoría absoluta y celebra que la situación de los temporeros que llegan a Fraga en busca de trabajo se esté “regulando cada vez más”.

Salimos del Ayuntamiento y cruzamos el casco histórico. Al final de la calzada que atraviesa lo que parece un polígono industrial contamos seis módulos destinados a la acogida de los temporeros sin hogar en el municipio: es el albergue Clara Campoamor. La gestión del recurso corre a cargo de Cáritas, que de la mano de la Fundación Reina Sofía y el Ayuntamiento, dieron inicio al proyecto. En 2025 atendió a 211 personas.

“159 pernoctaron al menos 1 noche y 52 recibieron orientación laboral”. Esto nos lo cuenta Raúl, técnico de Cáritas en la localidad, cuyo abanico de programas sociales incluye la alfabetización, la orientación laboral o la acogida, en el caso de los temporeros durante los meses de verano. Aunque el peso de esta última labor recae, de forma principal y mayoritaria, sobre los titulares de las empresas frutícolas.

Es una colaboración necesaria, explica Raúl, porque “antes se realizaban asentamientos que ya no existen”. “Todo empresario debería darles alojamiento para que se libere ese recurso” de Cáritas, incide el alcalde.

Omani llegó de Mali hace un año y trabaja en el campo aragonés durante todo el año.
Omani llegó de Mali hace un año y trabaja en el campo aragonés durante todo el año.
A 24 kilómetros de Fraga, en mitad del campo aragonés, nos encontramos al joven Omani (Mali, 23 años) en mitad de una zanja de tierra. Levanta su azada, la clava y arrastra la gleba. Está cavando una especie de trinchera de medio metro de profundidad. Él solo ha horadado unos 20 o 30 metros. Miles de nogales crecen a su espalda; él no sabe decir qué son ni qué fruto dan. Se centra en su trabajo: levanta su azada, la clava y arrastra la gleba. Una y otra vez.

Es un terreno de unas 150 hectáreas. Lo gestionan Carmelo, su hermano José Ramón y sus mujeres. El primero nos muestra los barracones en los que aloja a los trabajadores. Caben “unos 70 [temporeros], o por ahí” y las habitaciones están separadas por módulos porque vienen “en cuadrillas”: “Los morenos [de origen subsahariano] son más individualistas, y cada temporada tenemos más, pero también están los rumanos o gente que viene con parejas”.

En tres años “no ha habido escasez de mano [de obra]”, explica Carmelo, “también porque muchas empresas grandes han ido a contratar en origen”. Que los grandes empresarios viajen a otras regiones en busca de trabajadores evita en buena medida la inmigración irregular. “Antes era un calvario hacerles los papeles y hoy en día nos llegan con ellos hechos cada vez más”, cuenta el agricultor.

Carmelo acoge a trabajadores en habitaciones como esta, separadas en barracones.
Carmelo acoge a trabajadores en habitaciones como esta, separadas en barracones.
“Es imprescindible que estas personas tengan sus papeles en regla”, apunta el regidor de Fraga, “principalmente porque sin ellos no pueden trabajar”. Carmelo cuenta que hay a quien han multado con 10.000 euros porque los trabajadores “se falsifican la documentación” y “entre ellos se chivan”. Según datos a los que accedió la Cadena Ser, Inspección de Trabajo en Aragón detectó a 494 trabajadores extranjeros sin papeles hasta julio de 2025, un 684% más que en 2018.

De ahí que Cáritas ponga el acento en los programas de orientación. En Fraga, decíamos, hay mucha población inmigrante que vive allí todo el año, como Bintu. Aunque no les ofrecen acogida en caso de necesitarlo, desde Cáritas consideran que es clave “hacer pedagogía para que busquen trabajos más estables”. Son conscientes de que “no hay posibilidad de que todos los que vienen tengan inserción laboral”.

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