La prueba ósea para determinar la edad le suma casi dos años a los menores migrantes

Un investigador de la ULL expone en su tesis que los métodos actuales siguen el patrón elaborado en 1959 y con personas caucásicas

Canarias 7, L.R.G., 29-01-2026

Las pruebas médicas que se utilizan en la actualidad para determinar la edad de menores migrantes pueden sobrestimar su edad real hasta en casi dos años, especialmente en adolescentes de origen subsahariano. Así lo concluye la tesis doctoral del médico e investigador de la Universidad de La Laguna (ULL) Isidro Miguel Martín, que alerta de que este error puede convertir administrativamente en adultos a menores de 16 o 17 años, dejándolos fuera del sistema de protección y sin acceso a derechos básicos.

Martín explica que el problema está en el método de referencia que se aplica en los institutos forenses: «un atlas radiológico publicado en 1959, basado en población euroamericana caucásica de Estados Unidos». Ni siquiera refleja la «diversidad» que había en el país en esa época, lamenta. Esta pauta no refleja los patrones de maduración ósea de adolescentes africanos. Al comparar radiografías de jóvenes migrantes con ese estándar, la edad biológica se interpreta como mayor de lo que realmente es.

Martín ha analizado la maduración esquelética de adolescentes y jóvenes mediante radiografías digitales de la mano izquierda y/o la mandíbula, que son los métodos tradicionales —Greulich y Pyle o Tanner y Whitehouse 3—. Ha constatado que el desarrollo de los adolescentes y jóvenes subsaharianos no coincide con el de la población caucásica sobre la que se construyeron los estándares actuales. El resultado es una desviación sistemática: en el caso de los varones, la edad puede sobreestimarse entre 1,3 y 1,5 años y, en las jóvenes y adolescentes, hasta 18 meses.

«Un chico de 16 años y medio puede ser considerado adulto con el método actual»
Isidro Miguel Martín
Investigador ULL

«Un chico de 16 años y medio puede ser considerado adulto con el método actual», explica el investigador. Esa clasificación tiene consecuencias directas: el menor pierde el acceso al sistema de protección y queda fuera de la Carta de Derechos del Niño.

El estudio se ha realizado principalmente con jóvenes de Senegal, Malí, Mauritania y Gambia. También entre ellos existen diferencias. De hecho, la tesis introduce un enfoque novedoso: no solo tiene en cuenta el país de origen, sino también la etnia, un factor clave en regiones como África occidental, donde en un mismo país conviven grupos con patrones madurativos diferentes. «Simplificar y tratar a toda la población africana como homogénea es un error científico y también un prejuicio», subraya Martín.

El trabajo sienta las bases para un futuro atlas africano de maduración ósea, más ajustado a la realidad de estos menores, aunque su aplicación práctica aún requiere validación institucional. Mientras tanto, el investigador insiste en que la determinación de la edad es una prueba decisiva: «Saber si un joven es menor o adulto marca todo su itinerario tras llegar».

Martín, que además estudia Antropología, inició este trabajo con el objetivo de aplicar la medicina como herramienta en el contexto de la crisis migratoria que vive Canarias. «Es urgente desarrollar modelos de referencia más inclusivos y adaptados a la diversidad biológica», asegura.

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