El 'boom' demográfico por la inmigración sostiene el tirón de la economía española
La vivienda y el clima de incertidumbre global amenazan con ser la aguja que pinche la burbuja de crecimiento en el país
Diario Vasco, , 24-01-2026El motor de la zona euro sigue en marcha y no tiene visos de gripar, al menos en el corto plazo. Tras sorprender con un crecimiento del 2,5% el pasado año – gracias al tirón de la inversión pública y del consumo privado – la economía española se enfrenta al reto de mantener la tracción en un entorno internacional mucho más complejo, marcado por la desbocada estrategia geopolítica de Donald Trump y toda la incertidumbre asociada.
De momento, el país parte en buena posición para hacer frente a lo que está por llegar. «Arrancamos 2026 con un crecimiento asegurado del 1% del PIB por el efecto arrastre del cierre del año anterior», aseguraba hace unos días el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, tras confirmarse que la actividad se expandió a un ritmo cercano al 0,7% en el último trimestre de 2025.
Esa es, según indicó Cuerpo, la base inicial para cumplir con el objetivo de un crecimiento del PIB del 2,2% en 2026. Los organismos nacionales e internacionales coinciden en el optimismo del Ejecutivo, y la mejora de previsiones ha sido constante en los últimos trimestres, oscilando entre el 2,2% que ahora anticipa el Banco de España y el 2,4% que espera la Airef para 2026. El FMI fue la última institución en elevar su predicción, en tres décimas, hasta el 2,3% para este año.
Pero, ¿cuáles son los motivos para esa avalancha de mejora en las estimaciones, en un momento en el que España se la juega sin Presupuestos? El consenso lo tiene claro. Más allá de que, a la hora de la verdad, la ofensiva arancelaria haya sido menos agresiva de lo esperado para nuestro país – y solo eso ya obliga a elevar estimaciones – hay un factor clave que sostiene las buenas predicciones: la evolución demográfica en territorio nacional.
«Nuestro diferencial es que desde 2019 hemos crecido en más de tres millones de habitantes, con un notable impacto en el incremento de la población activa, sobre todo en sectores como la construcción, el turismo, los cuidados, etc., que han podido seguir en expansión estos años», defiende Raymond Torres, director de coyuntura económica de Funcas. El Banco de España también certifica que, tras la pandemia, los flujos migratorios hacia nuestro país han sido particularmente intensos, «lo que ha contribuido al dinamismo del PIB y del empleo», según detallan en un reciente informe.
Las estadísticas avalan este discurso. La Seguridad Social ha sumado más de 800.000 afiliados extranjeros desde la reforma laboral y cerró 2025 en máximos históricos. Desde diciembre de 2019, antes de la pandemia, la afiliación de trabajadores foráneos ha crecido un 45%, encadenando tres años consecutivos de subidas superiores a las 200.000 personas. Estos empleados ya representan el 14,1% sobre el total de cotizantes, seis décimas más que el año pasado.
«La demografía, impulsada por la inmigración, también jugará un papel clave este año, ya que se estima un aumento poblacional del 0,8%, que aportaría un crecimiento del PIB de 0,5 puntos porcentuales», anticipan los expertos de CaixaBank Research.
A todo ello se suma el factor esencial de la economía española, la demanda interna, que también crece por el factor poblacional, al menos en términos agregados. En concreto, se espera un incremento del 3% para el consumo privado en 2026. A esta partida también contribuyó en 2025 la reducción de los precios del petróleo y del gas, principalmente.
En el caso de las empresas, esa moderación de los costes energéticos ayuda a impulsar la competitividad respecto a otros países de la zona euro. «El hecho de que tengamos una electricidad más barata que en otros países, pese a los efectos del apagón, ayuda a una mayor competitividad interna», señala Torres. Es loq ue ocurre con la industria manufacturera, donde estos costes energéticos están experimentando un incremento visiblemente inferior al de otras economías europeas, según los expertos.
Entonces, ¿por qué esta situación, que a primera vista es inmejorable, no tiene un mayor impacto en las familias y el bolsillo de los consumidores? «Aunque el consumo en términos agregados crezca más del 3%, ese incremento se produce por el mayor número de personas que trabajan, no por que mejore el poder adquisitivo de los hogares, ante unos salarios reales que no crecen tanto por el impacto de la inflación», matiza Raymond Torres desde Funcas.
Esta situación – la de que la mejora macro no llegue a la micro – se observa con mayor intensidad entre aquellos que viven de alquiler. Ciudadanos que cada vez deben destinar mayor parte de sus ingresos a esta partida, en un momento de precios desbocados tras un repunte de casi el 7% de media el pasado año, según datos de Pisos.com.
La vivienda es, de hecho, uno de los principales riesgos que podrían pinchar la burbuja de crecimiento en la que se ha instalado la economía española. «Afecta tanto al crecimiento de la población como a la movilidad laboral; si no hay un repunte fuerte de la construcción, puede ser uno de los factores que frenen la actividad», explica Torres.
Los expertos de BBVA Research coinciden en un reciente informe, al explicar que «el incremento de la población española debido a la inmigración genera asimismo una presión de demanda adicional sobre el mercado de la vivienda, ya muy tensionado por la escasez de oferta». «Otro desafío vinculado a la demografía y la inmigración es la sostenibilidad del sistema de pensiones», añaden en su análisis.
La previsión de la consultora especializada Atlas Real Estate Analytics, apunta a que España creará 3,2 millones de hogares hasta 2037, lo que obligaría a sostener un ritmo de promoción superior a 230.000 viviendas anuales para absorber tanto la nueva demanda como el déficit acumulado en los últimos años. «El análisis confirma que el problema de la vivienda en España ya no puede abordarse únicamente acelerando el suelo actualmente en gestión; existe suelo, pero este es insuficiente debido a que los plazos de gestión y de demanda están desacompasados», apunta el consejero delegado de la firma, Alejandro Bermúdez.
«Todo lo que no sean medidas para que crezca la oferta de suelo, son parches», coincidía esta semana la consejera delegada de Bankinter, Gloria Ortiz, durante la presentación de resultados de la entidad.
Además del riesgo por el impacto de la vivienda, existe mucha incertidumbre sobre cómo evolucionará el clima de tensión geopolítica actual. «Si bien la demanda interna es un motor de crecimiento, el sector exterior es previsible que no sea tan dinámico en 2026 debido, en parte, a la política arancelaria de Trump», apunta CaixaBank Research.
«Los anuncios exabruptos de la Casa Blanca repercuten incluso más que los aranceles sobre factores clave para el crecimiento como la inversión privada», añade Raymond Torres.
De hecho, la inversión privada aún no ha recuperado en términos reales niveles previos a la pandemia, según el panel de expertos de Funcas. Por eso, frente al empuje de la demanda interna – que se espera que siga fuerte este año – hay más dudas en torno al sector exterior y, sobre todo, en esas decisiones de inversión que pueden demorarse hasta que el panorma geopolítico se aclare.
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