José Carvalho: «La tranquilidad que encontramos aquí y no había en Venezuela vale mucho»
El zapatero de Santa Marta de Arriba está agradecido al barrio, porque le ha ido bien y la gente es afable
La Voz de Galicia, , 19-01-2026Es un profesional muy apreciado en el barrio de Santa Marta, donde abrió su local de reparación de zapatos en el 2013. José Carvalho da Silva Dias (Santa María da Feira, Aveiro, 1964) es un emprendedor nato y un inmigrante agradecido que acredita una rica biografía. Se crio en una zona fabril dedicada al calzado, en cuyo oficio empezó siendo un niño, pero a los dieciséis años tuvo que dejar su país para ir a trabajar a Venezuela. «Mi madre lloraba como si se hubiese muerto alguien. Cuando me fui, los primeros meses fueron muy duros. Gracias a un tío mío empecé a trabajar en Caracas con un empresario italiano. En Portugal ya mi familia estaba en la industria; mi padre era zapatero, mi hermana costurera de zapatos. El 80 por ciento del pueblo trabajaba en el sector. Delante de mi casa había dos fábricas», según relata Carvalho.
A los dos años volvió a Portugal de vacaciones y a celebrar con su familia que cumplía 18 años. «Los ayudé desde Venezuela todo lo que pude. A estas alturas ya era un zapatero completo, un profesional. Y con 24 años me casé con una joven venezolana, María del Pilar, que era maestra de preescolar. Tenemos tres hijos, todos fueron a la universidad y hoy está bien colocados», tal como indica. Pero las derivas de Hugo Chávez y del país caribeño hicieron que la familia se plantease abandonar Venezuela. «Nos vinimos hace veinte años porque la situación política era muy inestable. Elegimos Santiago porque habíamos conocido a gente de aquí y pensábamos también en un lugar adecuado para los estudios de los chavales. Al principio nos ayudaron mucho, con el alquiler del piso y esas cosas», señala el zapatero.
Los dos primeros meses, José trabajó limpiando montes; luego pasó un par de años por Exlabesa, una empresa de carpintería de aluminio de Valga; y, finalmente, estuvo seis años en Xanela, una fábrica de ventanas del polígono de Costa Vella. «Cuando llegamos aquí yo no quería saber nada de los zapatos, porque siendo una profesión valiosa aquí no había fábricas. Yo hacía zapatos a medida. Venía de La Candelaria, en pleno centro de Caracas. Era el encargado de una fábrica que también tenía tienda. La Cámara de Comercio nos había premiado como la mejor fábrica de zapatos», afirma el artesano que, con el azote de la crisis económica de 2013, se vio obligado a volver a su oficio, abriendo un local en Santa Marta de Arriba, 7-9, donde repara calzado, pero también hace bolsos de mujer y bandoleras, todo en cuero. «Espero estar aquí hasta que me jubile, ya no falta mucho», advierte el profesional portugués al que le gustaría regresar a su tierra natal cuando se retire. «O si las cosas cambian en Venezuela, nos iríamos a vivir a Isla Margarita», apostilla.
Está muy agradecido al barrio, que ha ido «a más», la gente es muy afable y está muy a gusto aquí, según apunta Carvalho. «Aquí encontramos la tranquilidad —y eso vale mucho— que no teníamos en Venezuela, donde estábamos como pajarito en rama, mirando a cada lado por nuestra propia seguridad. Además, en esta zona hay mucho venezolano e hispanos», añade el zapatero luso, culto y buen conversador. «El negocio da para vivir. La clave está en ser constante, cumplir horarios y prestar un buen servicio», afirma José, que abre nueve horas y media diarias. Siempre al pie del cañón.
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