Los halcones del presidente
Más trumpistas que el propio Trump. Así son las figuras más dominantes de su círculo íntimo. Desde J.D. Vance y Marco Rubio a Susie Wiles, la mujer más poderosa de la Casa Blanca
Diario Vasco, , 17-01-2026Tiene la personalidad de un alcohólico. Opera con la visión de que no hay nada que no pueda hacer. Nada, cero, nada». Con esas palabras definía Susie Wiles, jefa del gabinete de Donald Trump, a su jefe en un polémico reportaje de ‘Vanity Fair’ publicado en diciembre. Polémico, sobre todo, por el poco filtro que Wiles utilizó para definir al presidente, pero también a todo el círculo íntimo que opera a su alrededor y que hace posible esa visión trumpiana en la que no existen límites. Ni en política interior ni, como ya es más que evidente, en sus ambiciones imperialistas fuera de las fronteras de Estados Unidos.
Entre sus hombres fuertes la figura más visible de todas es, sin duda, la de J.D. Vance, un vicepresidente atípico pues, en contra de lo que suele ser la norma en el cargo que ocupa, no se esfuerza excesivamente por ocultar su ambición por, llegado el momento, suceder al jefe. Ventajas de tener un presidente prácticamente octogenario. Lo hace con habilidad, sin eclipsarle, pero aglutinando poder e influencia política a cada paso paso que da.
Conservador, ultracatólico y amigo íntimo de Charlie Kirk, el activista republicano asesinado en septiembre en un campus universitario de Utah, es ahora un trumpista convencido, pese a que en el pasado llegó a comparar a Trump con Hitler. Goza de mucho predicamento entre las bases jóvenes del partido y ha conseguido que la viuda de Kirk explicite su apoyo a su futura candidatura antes, incluso, de anunciarla.
Y sin embargo, nadie manda tanto en la Casa Blanca como Susie Wiles. La jefa de gabinete del presidente es una veterana estratega republicana que, tras dirigir su exitosa campaña de 2024, se convirtió en la primera mujer en la historia en ocupar la oficina aledaña al Despacho Oval. Wiles cuenta con todo el respeto de Trump, pese a sus recientes indiscreciones a la prensa. Quizá, porque carece de ambiciones políticas propias. O porque, en este gobierno, los excesos se premian en lugar de castigarse.
Además, ha demostrado ser una gestora eficaz capaz de controlar un Ala Oeste que, durante la primera administración Trump, era un caótico ir y venir de ‘staffers’ y una fuente constante de filtraciones. Wiles es, sobre todo, una facilitadora de Trump y su agenda política. Cuando ella habla, todo el mundo sabe que la que escuchan es, también, la voz del presidente.
Es, además, la persona que ha dado forma a un gabinete de fieles: desde el Secretario de Guerra Pete Hegseth, el director del FBI Kash Patel y el de la CIA John Ratcliffe, a la fiscal general Pam Bondi, la líder de Seguridad Nacional Kristi Noem o la directora de la Agencia Nacional de Inteligencia Tulsi Gabbard.
La reciente operación en Venezuela ha servido para reforzar la imagen y la posición de otro de los pesos pesados del presidente. El secretario de Estado, Marco Rubio, líder de la política exterior de la Casa Blanca y uno de los cerebros de la operación contra Maduro, es desde hace una década una de las figuras más visibles y con mayor proyección del partido republicano.
Ambicioso (aspiró a la carrera presidencial en 2016 aunque terminó retirándose y apoyando a Trump) es el artífice del bloqueo financiero impuesto por Estados Unidos a Venezuela y tiene una influencia particularmente destacada en el ámbito latinoamericano por ser hijo de exiliados cubanos asentados en Florida. Ha sostenido que el modelo internacional «ha fracasado» y es «imposible de reformar» y compagina su cargo (cuarto en la línea de sucesión presidencial) con el de consejero de Seguridad Nacional, algo que no ocurría desde los tiempos de Henry Kissinger y que le confiere un poder que apenas tiene precedentes.
Stephen Miller es otra de las figuras emergentes de esta administración. En su caso, por ser uno de los miembros más fanáticos del círculo íntimo del presidente. Subdirector de gabinete y consejero de seguridad nacional, se ha convertido en una de las figuras más combativas de la administración contra la inmigración irregular y en uno de los defensores más acérrimos de las brutales redadas del ICE, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas. Durante la primera administración de Trump fue el ideólogo de la política de separación de familias y, durante la era Biden, trabajó como ‘arquitecto’ del Proyecto 2025, la hoja de ruta ultraconservadora sobre la que se cimentó la última candidatura presidencial de Trump. El presidente ha comentado en alguna ocasión que la ideología de Miller, que ha exhibido cierto ramalazo supremacista y es abiertamente xenófobo, excede incluso a la suya.
El núcleo duro alrededor del presidente lo completan Dan Scavino, que conoció a Trump siendo un adolescente cuando el magnate le contrató para ser su ‘caddie’ y terminó dirigiendo su campo de golf, y Karoline Leavitt, que a sus 28 años es la persona más joven en ocupar el puesto de Secretaria de Prensa de la Casa Blanca. Scavino, que empezó como community manager de Trump en su primera campaña y se encargaba de gestionar su famosa cuenta de X, ha ascendido en el escalafón y es ahora director de la Oficina Personal Presidencial, lo que le permite tener hilo directo con el jefe.
Leavitt, que empezó como becaria en el equipo de comunicación de la primera administración Trump y aspiró en 2021 a un asiento en el Congreso con tan solo 23 años, ha demostrado ser capaz de manejar la bulliciosa sala de prensa de la Casa Blanca y ser un altavoz eficaz para las políticas más radicales del presidente, además de la principal defensora pública de sus excesos retóricos. Católica practicante, comienza rezando cada día para hacer frente a los rigores de su puesto y dirige una plegaria con su equipo antes de cada rueda de prensa para encontrar las palabras adecuadas para representar a su jefe ante la prensa y el mundo. Cualquier ayuda es poca para una misión como esa.
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