El mundo de par en par
Salomé Saqué: "Parece que, hagamos lo que hagamos, la extrema derecha llegará al poder, pero no es inevitable. Aún podemos resistir"
Convertida en la voz de las nuevas generaciones en Francia, la periodista y escritora presenta por primera vez en nuestro país su último alegato a favor de la rebeldía frente el auge del fascismo en Europa: "Aún estamos a tiempo", proclama
El Mundo, , 13-01-2026Responde al Zoom apuradísima, ha bajado a por café y lleva una eternidad esperando a que le sirvan su pedido. «¡Bienvenida a Barcelona!», ironiza la entrevistadora. No se ríe, sólo se disculpa. Salomé Saqué tiene 30 años pero su seriedad la haría pasar por mucho mayor. Puede que haya formado parte de su estrategia como periodista. Ya se sabe que las chicas jóvenes no imponen… Hasta que se plantan delante del presidente de la República y le cantan las cuarenta. Fue el pasado año en la televisión pública cuando Saqué sepultó dialécticamente a Emmanuel Macron en datos que demostraban dijo ella que en el acceso a la vivienda su generación se siente como si se hubiera incorporado a «una partida de Monopoly que ya va por el décimo turno».
Salomé Saqué ha viajado en tren hasta la Ciudad Condal hace años que no coge el avión por puro compromiso ambiental para presentar su segundo ensayo: Resistir (Plataforma Editorial), una especie de guía práctica que analiza el ascenso de la extrema derecha en Francia y cómo todavía es posible evitar que llegue al poder cambiando pequeñas acciones en el día a día, desde participar en asociaciones e iniciativas vecinales hasta suscribirse a un medio de comunicación, pasando por acabar con la presunta neutralidad informativa para evitar dar voz a ciertos discursos o «cultivar la alegría».
«Da la impresión de que lo que ha pasado en EEUU es inevitable en Francia pero no es así. Existen alternativas, aún estamos a tiempo de resistir», arenga una vez el café ha entrado en su cuerpo y ha logrado sentarse y concentrarse en su discurso. Uno que a los que somos menos jóvenes que ella nos recuerda a aquel librito convertido en manifiesto del 15-M: Indignaos, de Stéphane Hessel. Saqué, de hecho, firma el prólogo de su reciente reedición.
¿Se considera usted heredera de aquella indignación a la que apelaba Hessel?
Yo diría que no, creo que lo que hago no es exactamente lo mismo que hizo Hessel, ni siquiera es una continuación de su idea. Él fue un combatiente de la resistencia, un diplomático. Yo soy periodista. El suyo fue un ensayo que me marcó, desde luego, y él es un hombre al que admiro profundamente. Nada más. La resistencia que yo defiendo no está tanto en la indignación como en la información. En este mundo de noticias falsas y posverdad creo que más que nunca tenemos la necesidad de encontrar una realidad común, mucho más que en el momento en que él escribió su ensayo. Hay similitudes, por supuesto, pero no me considero continuadora de su obra.
El valor añadido del manifiesto de Stéphane Hessel fue su experiencia en la resistencia contra el nazismo. ¿Cuál es el suyo?
Yo aporto la pericia periodística, llevo 10 años en la profesión y veo el mundo a través del papel de la información. No creo que la desinformación sea la causa del ascenso al poder de los autócratas en las democracias occidentales, pero sí creo que es el caldo de cultivo necesario para que suceda. Por eso mi lucha va absolutamente por ahí. El punto común de todos los regímenes fascistas es que se sustentan sobre una base de confusión general. Esas gafas de periodista me hacen ver cosas que otros no ven. Y luego, toda mi vida se ha regido por la idea de que tenemos derecho a soñar con algo diferente, existen alternativas a lo que no nos gusta, y eso lo he aplicado a todo en mi vida, también a mi profesión. Cuando empecé a hacer vídeos explicando la actualidad en internet hace una década me decían que no tenía sentido y ahí sigo, es parte de mi trabajo. Creo que la visión periodística y el inconformismo me dan legitimidad para escribir este libro, pero lo mío es una llamada a la acción. Nadie tiene el método definitivo para evitar que la extrema derecha llegue al poder.
Su primer libro, ‘Sois jeune et tais-toi’ (‘Sé joven y cállate’, editado en Francia por Payot y aún no traducido al español), la convirtió en la portavoz de los jóvenes. Cumplidos los 30, ¿se sigue considerando así?
Yo nunca me he considerado portavoz porque, incluso cuando era mucho más joven, sólo representaba a una pequeña parte de la juventud francesa. Por ejemplo, no conozco en absoluto la realidad de los suburbios, tampoco mi discurso tiene que ver con el de los jóvenes de extrema derecha. Los clichés sobre los jóvenes me resultan insoportables, pero lo que realmente pretendía fue hacer una investigación periodística en busca de un análisis mucho más amplio de todos los sectores sociales de la juventud con todas las discriminaciones que sufren a diario. No hay una edad perfecta para hablar de la juventud. Mi libro tenía una parte de trabajo de campo, claro, pero se apoyaba mucho en los sociólogos, quería popularizar su trabajo, a menudo precario. Mi postura fue más como observadora que como protagonista, pero no, supongo que no puedo seguir considerándome joven después de cumplir los 30. Al menos, las estadísticas oficiales ya no me meten en esa categoría.
¿Qué significa ser joven hoy?
Es una reflexión que, precisamente, me estoy planteando mucho ahora que he cumplido los 30. Para mí, es una época, fundamentalmente, de mucha incertidumbre. Se trata, sobre todo, de experimentar crisis sin precedentes en la población que vive hoy. En Francia, el último punto de referencia realmente duro que manejamos es la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Me dicen a menudo que yo no he vivido la guerra y yo contesto: tú tampoco. Queda viva poca gente que la viviera. Así que si me comparo con la masa de la población en la mayoría de los países occidentales, la generación del baby boom, veo que ellos experimentaron un periodo de crecimiento económico y de esperanza. Hubo otras dificultades, claro, como mujer prefiero vivir ahora que en 1960, no hay discusión. Pero para ellos existía la idea de que avanzábamos hacia el progreso, la comodidad, la democracia. La juventud actual se enfrenta a un mundo que, objetivamente, se está desintegrando. Me cuesta tener esperanza en un momento en que encadenamos una recesión económica tras otra, vivimos una crisis climática sin precedentes en la historia de la humanidad, existe una desigualdad aterradora y mi generación es incapaz de encontrar soluciones colectivas porque los encargados de encontrarlas son los que no sufrirán las consecuencias de no hacerlo. Hay un incremento de la violencia palpable, también en las redes sociales. Es tremendamente difícil ser joven en 2025 porque no existe la posibilidad de proyectar un futuro.
Ha elegido para titular su libro un término con un enorme significado en Francia. ¿Qué significa resistir en estos tiempos?
Decía que no quería compararme con Stéphane Hessel, y precisamente lo que quiero es que no vivamos lo que vivió él. Mi objetivo es evitar que nos deslicemos hacia el autoritarismo, la oscuridad y el fascismo. Todavía podemos resistir masivamente, sin arriesgar la vida como durante la ocupación. Para mí, significa sobre todo no permanecer inactivo y no dejarse llevar por el discurso sombrío que reina en Francia. Parece que, hagamos lo que hagamos, la extrema derecha llegará al poder, y eso no es inevitable. No hay que ceder a la desesperación. Escribí mi libro antes de que Trump llegara a la Casa Blanca por segunda vez. No estamos a salvo de eso, pero estamos a tiempo de pararlo. Vivimos en democracias imperfectas, pero todavía podemos votar, todavía puedo hacer esta entrevista, todavía puedo viajar sin arriesgar mi vida, todavía puedo publicar en mi medio sin censura. No hemos llegado a ese punto, pero tenemos que actuar ya.
En su ensayo, analiza la estrategia de Emmanuel Macron para la segunda vuelta de las presidenciales, y concluye que empoderó a Agrupación Nacional. ¿Qué responsabilidad atribuye al presidente del auge de la extrema derecha en Francia?
Nuestro régimen, tan presidencialista, tiene dinámicas de las que la extrema derecha se ha beneficiado. No expresamos un voto de apoyo, sino de rechazo al contrario, y desde 2002 convivimos con el trauma nacional de que Jean-Marie Le Pen llegara a la segunda vuelta contra Chirac, que ganó con un increíble resultado del 83%. Eso envalentonó a un montón de líderes políticos que se dijeron que ya no necesitaban ni hacer campaña, con posicionarse como única alternativa a la extrema derecha valía. Macron ha jugado a un juego extraordinariamente peligroso, porque ha necesitado que la extrema derecha fuera lo suficientemente temible para presentarse como alternativa, pero no lo suficientemente fuerte para ganar. Ha sido parte activa de la demonización de las fuerzas de la izquierda, a las que ha tildado de extremas para ponerlas al nivel de Agrupación Nacional, pero también de la desdemonización de la extrema derecha. Se ha apropiado palabra por palabra de propuestas de la extrema derecha en materia de inmigración, ha nombrado ministros cada vez más derechistas, ha adoptado políticas neoliberales que han ahondado en la desigualdad. El gran riesgo es que, a la hora de la verdad, la gente siempre prefiere el original a la copia.
¿Cree que aguantará hasta el final de su mandato?
Se está produciendo una situación inédita en el periodismo político en mi país. Tenemos fuentes en el Elíseo y sabemos muchas cosas antes que nadie, pero en este momento incluso los más cercanos al presidente están completamente perdidos. Todo es una sorpresa, el panorama es completamente impredecible. En cualquier caso, no cuento en absoluto con Macron para la resistencia.
“Ser joven hoy significa enfrentarse a un mundo que, objetivamente, se está desintegrando”
Se hizo usted vegetariana y dejó de viajar en avión a raíz de sufrir ecoansiedad. ¿Es, para usted, también una forma de resistencia?
Sí, pero no lo reivindico en absoluto, es una decisión muy personal. Tampoco sé si volveré a coger un avión algún día. Para mí, en este momento, es una cuestión de coherencia interna.
Ha denunciado usted fuertes campañas de acoso ‘online’, incluso con la creación de ‘deepfakes’ pornográficos con su imagen. ¿Es consciente la sociedad del problema que existe en las redes sociales?
No somos conscientes en absoluto, y hoy en día es mi principal problema. He denunciado innumerables amenazas de muerte, de violación y todo tipo de humillaciones, ninguna ha tenido respuesta. Y lo más increíble es que he sufrido todo eso en público, a la vista de todos. Han llegado incluso a modificar mi página de Wikipedia para introducir todo lo que pueda socavar mi ética, mi credibilidad. No sabes qué batalla ha supuesto eso para mí, ahora mismo la página está bloqueada. Han difundido noticias falsas sobre mí que han tenido consecuencias para mi carrera, he tenido que defenderme de cosas que jamás he hecho, pero las campañas son tan masivas que el ciudadano de a pie piensa: si tanta gente lo dice, algo de verdad habrá. Es agotador.
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