El nuevo giro de guion de Vox: ¿qué ganaría Abascal con su vuelta a los gobiernos de la mano del PP?

La extrema derecha exige "políticas, una vicepresidencia y consejerías" para "negociar" su apoyo al Ejecutivo de María Guardiola, pero niega un cambio de estrategia, todo ello dos años después de romper en Extremadura y otros tres gobiernos autonómicos.

Público, Víctor López, 13-01-2026

La resaca de las elecciones extremeñas sigue dando que hablar casi un mes después de la cita con las urnas. María Guardiola no está dispuesta a repetir errores del pasado. La popular ha reconocido la semana pasada que negociará con la extrema derecha el reparto de asientos en el futuro Gobierno de la Junta de Extremadura, toda vez que exigirá a cambio un compromiso para acabar, esta vez sí, la legislatura. Vox ha recibido con buenos ojos la oferta. Y ha detallado cuál es el peaje que tendrán que pagar los populares. “Hay que estar en el Gobierno (…) con una vicepresidencia (…) y con un número de consejerías proporcionales a nuestra representación”, ha respondido este domingo Santiago Abascal. Vox no solo quiere sillones en el gobierno regional, sino que quiere “garantizar” que, desde ellos, pueden impulsar “los cambios” que persigue en su programa.

Abascal no es el único que se ha mostrado partidario de volver a tocar poder en la Junta de Extremadura. José Antonio Fúster, portavoz nacional del partido, ha respondido este lunes en los mismos términos. “Vox quiere gobernar, porque somos un partido de Gobierno. Si nos ofrecen Gobierno, empezaremos a negociar en serio”. El dirigente ha repetido que su formación reclamará “políticas, una vicepresidencia y consejerías”, pero ha negado un cambio de estrategia. ¿Cómo se entiende la disposición de la extrema derecha a entrar de nuevo en las instituciones dos años después de su ruptura con los populares y su salida de los gobiernos de Castilla y León, Aragón, País Valencià y Extremadura?

¿El fin del mayor “acierto” político de Abascal?
Vox forzó la dimisión de todos sus vicepresidentes autonómicos en julio de 2024. La excusa fueron las discrepancias en torno a la reubicación de menores migrantes tras su llegada a las costas de Canarias y Ceuta. Este fue uno de los mayores “aciertos” estratégicos de la extrema derecha, según los expertos consultados por Público. Lo confirmaron los resultados de las elecciones extremeñas hace ahora un mes. Y lo terminan de avalar las últimas encuestas publicadas en el ámbito nacional. “Vox hizo un movimiento que le ha permitido recoger el desgaste del bipartidismo. El debate no solo va de estar dentro o fuera de los ejecutivos, sino de los escándalos [corrupción, denuncias por acoso sexual, DANA] que han pillado al partido sin atribuciones de gestión”, recuerda el politólogo Pablo Simón.

Los de Abascal parecen ahora preparados para dejar de hacer oposición a los populares y volver a gobernar en coalición, al menos, así encaran las negociaciones que se abren esta semana en Extremadura. “Si finalmente se materializa el acuerdo con Guardiola algo que conviene poner en cuarentena por el contexto y por el modus operandi habitual de Vox estaríamos ante un giro táctico, no ideológico, del partido. Extremadura es un escenario de bajo coste y alto valor simbólico para ellos: poco foco mediático, pero mucha utilidad para exhibir poder institucional”, señala Anna López Ortega, politóloga y autora de La extrema derecha en Europa (Tirant). “Ese giro en cualquier caso respondería a una lógica de poder, estrategia electoral y negociación de pactos. Abascal quiere dejar claro que es él quien marca los tiempos y el contenido de la gobernabilidad”, insiste la también profesora en la Universidad Internacional de València.

El hecho de que este amago de pacto llegue precisamente desde Extremadura tampoco parece casual. “La comunidad es un laboratorio político para Vox: una región con altos índices de pobreza y desempleo, donde su discurso sobre identidad y seguridad puede complementarse sin duda con una presencia en áreas clave como agricultura, industria o vivienda para mostrar eficacia práctica”, desliza la socióloga María José Vicente. Y si no pasa desapercibido el lugar, menos lo hace el nombre de quien lo gobierna. “Guardiola ha sido posiblemente una de las dirigentes que más ha confrontado con Abascal dentro del PP. La exigencia de entrar en el Gobierno tiene también algo de exhibicionismo, incluso de humillación política”, continúa Anna López Ortega.

La todavía presidenta en funciones aseguró tras las elecciones autonómicas de hace dos años y medio que “bajo ningún concepto” compartiría Ejecutivo con un partido que “niega la violencia machista” y “tira a la papelera la bandera LGTBIQ+”, haciendo referencia a la campaña que lanzó Vox de cara al 23J. La negativa le duró diez días. El tiempo que tardó en pactar con la extrema derecha su investidura. Las relaciones, sin embargo, han estado desde entonces marcadas por las idas y venidas. “Este cambio de discurso también tiene que ver con la figura de María Guardiola. Vox piensa que esto le supone más quiebra a ella de la que les puede suponer a ellos”, señala Pablo Simón.

La mirada puesta en el nuevo ciclo electoral
Las fuentes consultadas por este diario tampoco pasan por alto el ciclo electoral en el que acaba de entrar el país, un ciclo que culminará con la convocatoria de elecciones generales a más tardar en 2027. ¿Cómo puede afectar la vuelta de la extrema derecha a los puestos de mando? “Vox quiere retomar el camino de la normalización gubernamental con un objetivo de fondo: posicionarse como actor hegemónico en un espacio de la derecha cada vez más radicalizado y por supuesto de la extrema derecha. Abascal confía en que su electorado castigue más la irrelevancia que la contradicción de haber salido de los ejecutivos a los que ahora pide volver”, recalca Anna López Ortega.

“Vox tiene que desdibujar su estigma de fuerza antisistema para presentarse como un partido capaz de gobernar. Esto es fundamental para aspirar a coaliciones estables en el ámbito estatal con los populares”, añade María José Vicente. La socióloga cree que la extrema derecha va a intentar quedarse con las carteras de Interior, Medio Ambiente o Educación, para poder “impulsar políticas identitarias” y “simbólicas”, utilizándolas luego como “cascarón propagandístico” en el plano nacional.

Pablo Simón, preguntado por las implicaciones de una posible vuelta de la extrema derecha a la moqueta y los sillones, coincide: “Esto empieza a preconfigurar una hoja de ruta que hasta hace poco generaba debates internos en Vox. El partido se movía entre formar parte de un Gobierno del PP a nivel nacional o seguir desgastando desde fuera a un líder débil como Feijóo. Y parece que van a querer entrar e incidir en las políticas públicas”. Los resultados y las posteriores alianzas en Aragón, Andalucía y Castilla y León terminarán de definir el rumbo que adoptan los de Abascal. Los expertos consultados por Público, eso sí, advierten: “El hecho de gobernar juntos [en Extremadura] no tiene por qué implicar necesariamente armonía. Vox puede utilizar su posición para presionar a los populares tanto allí como en otras regiones”.

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