«Cuando dejas tu país debes asumir que vas a tener que trabajar en lo que sea»

Jorge, nicaragüense de 45 años, ha cumplido dos años en Gipuzkoa y ha pedido regularizar su situación gracias al arraigo socioformativo

Diario Vasco, Beñat Arnaiz, 11-01-2026

Son las 8.45 horas de un frío y lluvioso día de entre semana en San Sebastián. Faltan quince minutos para que la oficina de … Extranjería de Gipuzkoa abra sus puertas, pero ya hay cerca de una veintena de personas haciendo cola en el exterior del edificio. Es la imagen habitual de todas las mañanas. El grupo se divide aproximadamente en una mitad que tiene cita y en otra que espera conseguirla de manera presencial después de serles «imposible» vía telefónica. Jorge Luis Álvarez, nicaragüense de 45 años, pertenece al primer grupo. Tiene hora a las 10.00 horas, pero ha sido madrugador «por si acaso», para asegurar que por fin puede realizar los trámites para regularizar su situación en España.

Lleva dos años viviendo en Donostia y va a regularizar su situación gracias al arraigo socioformativo porque está cursando unos estudios oficiales de química en Don Bosco y haber superado el tiempo mínimo de permanencia –dos años–. Está estudiando el grado superior de Fabricación de Productos Farmacéuticos, Biotecnológicos y Afines en el centro de Errenteria, ya que en Nicaragua «saqué el título de Químico Farmacia y trabajaba en la farmacia de un hospital», transmite mientras hace cola frente a la Oficina de Extranjería. «Intenté entrar antes en un ciclo, pero me dijeron que no tenía el tiempo necesario para después optar a las prácticas».

Luis es de Nicaragua, el segundo país más representado en las solicitudes que la oficina guipuzcoana ha recibido desde mayo (483), solo por detrás de Colombia (509). «La situación en mi país no es muy favorable. Para algunas personas sí, pero para mí y mi familia no tanto, y tomé la decisión de venir con mi esposa y mi hija». Explica que «ya tenía familiares aquí, mi hermana lleva viviendo 20 años en Eibar y tengo varias tías también en Gipuzkoa, por lo que decidimos afrontar el cambio».

Su formación va encaminada a optar por un trabajo cualificado, pero Luis asume que «cuando uno da el paso de realizar un cambio como este debe tener la mentalidad de que vienes a trabajar, y a trabajar en lo que te salga; sabemos perfectamente que no vamos a trabajar en la profesión que tenemos porque hay que convalidar y homologar títulos, y eso requiere tiempo». Además, añade que «los estudios en Nicaragua no son iguales a los de aquí y sabía perfectamente que no iba a estar sentado en un escritorio despachando medicamentos y hablando con los pacientes».

Luis entra a la Oficina de Extranjería con un único deseo. «Que la resolución sea favorable», algo que «tengo entendido que tarda un mínimo de tres meses». Mientras tanto, «seguiré con el ciclo formativo y haré las prácticas para adquirir experiencia y poder aplicar a un empleo con las características que necesito: estable y que me sirva para generar los ingresos necesarios para buscar un apartamento propio y darle las mejores condiciones a mi familia».

Ese proceso se prolongará más para el otro grupo de gente que acude «a la desesperada» a la oficina de Extranjería en busca de una cita. Un trabajador social que acompaña a un inmigrante traslada que «sacan muy pocas citas y es muy difícil conseguirla por teléfono», y critica que «estamos esperando aquí fuera, con sirimiri, mientras dentro hay una sala de espera».

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