Los estadounidenses, divididos en las encuestas sobre la operación en Venezuela
Casi la mitad se opone a que Washington escoja al próximo líder, pero el 40% aprueba la captura de Maduro
Diario Vasco, , 07-01-2026Si hay algo que Donald Trump estudia son las encuestas. La operación militar de Estados Unidos en Venezuela, presentada por la Casa Blanca como un … golpe quirúrgico y exitoso, no ha encontrado un respaldo claro entre los estadounidenses. Las primeras encuestas publicadas tras el ataque dibujan un país dividido, más inclinado a la cautela que al entusiasmo bélico. De ahí el malestar del presidente, que no entiende la falta de entusiasmo entre la izquierda.
Un sondeo de Reuters – Ipsos indica que solo alrededor de un tercio de los ciudadanos aprueba la acción militar, mientras una proporción similar del 33% la rechaza y el resto admite no tener una opinión formada. La sensación dominante no parece ser tanto de victoria sino de inquietud ante una posible escalada, con el 72% preocupado de que EE UU pueda implicarse demasiado en el conflicto venezolano. La experiencia previa con Irak hace temer las consecuencias de otra intervención militar en un país extranjero para apropiarse de su petróleo.
El dato más consistente en estas encuestas es el temor. Una clara mayoría expresaba preocupación por que el país se estuviera implicando demasiado en un conflicto extranjero, en un momento en que la inflación, la inmigración y la polarización política siguen pesando más en la vida cotidiana del país. En un país ideológicamente polarizado, la división que reflejan las encuestas es marcadamente partidista. Los votantes republicanos tienden a cerrar filas en torno al presidente, interpretando la operación como una demostración de fuerza y liderazgo. Entre los demócratas, el rechazo es mayoritario, con críticas centradas en la legalidad, el coste humano y la ausencia de una estrategia a largo plazo.
Otra encuesta de YouGov confirma esa ambivalencia. El 40% de los estadounidenses aprueba la operación quirúrgica para capturar a Nicolás Maduro, con una proporción idéntica de quienes desaprueban la intervención y un 20% dudoso de que el uso de la fuerza fuera a mejorar la situación del país o a beneficiar a su población. Incluso entre quienes aprueban el golpe, aparece una línea roja clara: la idea de que Washington asuma un papel directo en la gobernanza de Venezuela genera un rechazo casi transversal.
Trump ha anunciado que él mismo, junto al secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, se encargarán de dirigir Venezuela desde Washington. La mayoría de los encuestados defiende que el futuro político del país debe ser decidido por los propios venezolanos, no desde el Pentágono ni el Departamento de Estado.
De hecho, en los sondeos de la agencia Associated Press se recoge ese mismo clima de escepticismo, en el que casi la mitad de los estadounidenses se opone a que EE UU influya directamente en la selección del próximo líder venezolano. Para muchos, Venezuela sigue siendo un conflicto lejano, difícil de ubicar en el mapa emocional de un país cansado de guerras interminables y promesas incumplidas de reconstrucción democrática, en el que la historia parece repetirse cíclicamente.
El contraste con la retórica triunfal de la Casa Blanca es evidente. Mientras Trump presenta la operación como una hazaña sin precedentes, las encuestas reflejan un público que no termina de ver claro el beneficio directo para el país ni el final del camino iniciado. El mandatario confía en que una pronta disminución del precio de los combustibles les haga cambiar de opinión.
En el fondo, la reacción recuerda a otras intervenciones recientes: apoyo inicial entre las bases más fieles, dudas entre los independientes y una firme oposición de la izquierda. Un patrón conocido que vuelve a plantear hasta qué punto la política exterior basada en golpes de efecto conecta con una sociedad que mira hacia dentro, en tiempos del nacionalismo en el que se basa el ‘America First’ de Trump.
Lejos de un consenso patriótico, la operación en Venezuela deja un poso de prudencia. El entusiasmo inicial del éxito, especialmente entre los hispanos de Florida, New Jersey y Nevada, está tamizado por la sospecha de que, una vez más, la factura política y moral puede llegar mucho después de los aplausos iniciales.
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