Stephen Miller, la voz del nuevo imperialismo estadounidense

De ideas extremistas, el asesor de Donald Trump se ha convertido en una de las figuras más influyentes de la Casa Blanca

La Vanguardia, Daniel R. Caruncho/Barcelona, 08-01-2026

No habían pasado ni 24 horas de la captura de Nicolás Maduro y una imagen causaba escalofríos en Europa: la del mapa de Groenlandia coloreado con la bandera de EE.UU. La había publicado en X Katie Miller, esposa de uno de los principales asesores de Donald Trump, Stephen Miller. Un hombre que ostenta un cargo aparentemente modesto dentro del organigrama de la Casa Blanca –subjefe de Gabinete–, pero que estos días está viendo elevado su perfil hasta cotas insospechadas.

El lunes, una intervención suya en la CNN se hizo viral en las redes. En ella, Miller daba alas al mensaje difundido por su mujer al afirmar que las aspiraciones estadounidenses sobre Groenlandia son bien legítimas y que Washington puede apoderarse del territorio semiautonónomo danés si así lo desea.

“Nadie va a enfrentarse militarmente a EE.UU. por el futuro de Groenlandia”, dijo. “Para que EE.UU. asegure la región ártica, proteja y defienda a la OTAN y sus intereses, obviamente Groenlandia debería ser parte de EE.UU.”, agregó el funcionario, quien además hizo un retrato crudo de la nueva era geopolítica: “Vivimos en un mundo que se rige por la fuerza, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.

Esta visión descarnada de las relaciones internacionales es la que impregna la operación estadounidense en Venezuela, en la que Miller ha participado de forma muy activa: no solo siguió la incursión de los Delta Force desde la situation room improvisada en Mar – a – Lago, sino que forma parte del equipo encargado de supervisar la transición del país caribeño, según anunció Trump el lunes.

Hasta ahora, parecía que el papel de Miller quedaba circunscrito al ámbito domestico: él ha sido el gran arquitecto de la política migratoria de Trump. Sin embargo, los últimos acontecimientos evidencian que su influencia se extiende más allá de las fronteras estadounidenses. El nuevo imperialismo de Washington lleva también su firma.

A Miller se le nota cómodo en su papel de halcón. De hecho, lleva prácticamente toda la vida defendiendo que EE.UU. opte por la mano dura a la hora de tratar con el resto del mundo.

Nacido en 1985 en Santa Mónica, California, en el seno de una familia judía acomodada, Miller ya era conocido por sus posiciones extremistas en el instituto. Compañeros suyos de clase han explicado que se burlaba de los inmigrantes, que se indignaba si oía hablar español en las aulas. Incluso llegó a cortar relaciones con un amigo por ser latino. Los que le conocieron entonces también cuentan que le encantaba verse envuelto en debates, llevar la contraria. Una actitud que mantuvo en su etapa universitaria –estudió Ciencias Políticas en Duke–, cuando vivió su primer momento de gloria mediática al defender a unos jugadores de lacrosse acusados de violación. Según él, solo los culpaban por ser hombres blancos –al final, los deportistas fueron absueltos–.

Apadrinado por el activista neoconservador David Horowitz, tras graduarse se mudó a Washington para trabajar para la congresista republicana Michele Bachmann. Después, a partir del 2009, pasó a formar parte del equipo de Jeff Sessions, senador por Alabama y una especie de Trump antes de Trump: este político sureño defendía la construcción del muro con México, se oponía a la llegada de extranjeros –sobre todo si eran musulmanes– y, en definitiva, despreciaba todo aquello que supusiera una amenaza para la América blanca. Miller fue su director de comunicaciones, y ya en esa andadura hizo de la inmigración uno de su caballos de batalla. También fue en esos años cuando trabó relaciones con Steve Bannon, colaborando en el proyecto Breitbart News, portal de referencia de la ultraderecha estadounidense.

Cuando Trump se lanzó a la carrera presidencial en el 2015, Miller no lo dudó: aquel era el candidato por el que valía la pena luchar. Se sumó a su campaña como asesor y comenzó a redactarle discursos. En ellos introducía sus obsesiones: la inmigración, el islamismo… Tras ganar las elecciones, Trump nombró a Miller asesor principal. Luego llegaría la dolorosa derrota ante Joe Biden en el 2020, pero Miller se mantendría al lado del republicano. Su fidelidad tendría recompensa: el magnate contó de nuevo con él para su regreso a la Casa Blanca y le dejó las manos libres para diseñar la agresiva agenda migratoria del Gobierno.

Ahora, cuando se está a punto de cumplir el primer año del segundo mandato de Trump, Miller vive su momento más dulce. Sus fantasías de deportaciones masivas de inmigrantes se han hecho realidad, el presidente le ha confiado el destino de Venezuela y sus declaraciones amenazantes sobre Groenlandia siembran pavor en una Europa incapaz de plantar cara al nuevo expansionismo estadounidense

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