Valeria Castro: "Como canaria, he visto la inmigración desde pequeña y lo primero es la humanidad. Solo hablamos de gente que busca un futuro mejor"

Tras un bache que la condujo al reposo, la cantante presenta en el escenario el cuerpo después de todo, donde el desamor se convierte en reconquista.

El Mundo, , 07-01-2026

Bajo los pies de Valeria Castro se escondió un tesoro. Entre los cimientos de una casa junto a Paracuellos del Jarama, a mediados de los años 30 un hombre puso a resguardo la cubertería de plata familiar, broches compuestos por mosaicos de piedras minúsculas, rosarios y pendientes, botellas de vino que el tiempo ha descorchado y fotografías de procesiones religiosas ya desvaídas. La cantante las curiosea intercalando “guaus” y “hostias”. La música delicada, como hecha de agua y cristal, de la autora de el cuerpo después de todo, es su drenaje.

La canaria ríe y obedece. Tras los muros gruesos del caserío, el aire es húmedo. El equipo se encuentra al borde de la vitrificación. “No pasa nada”, repite, entre fotos, envuelta en mantas, “no pasa nada. Para presumir hay que sufrir”. Cuando se abrasa la lengua con una infusión de equinácea, finge que en su boca no se ha encendido un hornillo. Aprieta los labios hasta que los ojos se le llenan de lágrimas, infla las mofletes y una carcajada se convierte en señal de rendición.

Castro, dispuesta a llenar el madrileño WiZink, ha vuelto al escenario después de que el dolor por la muerte de su abuela y una espiral de estrés le agrietaran la voz durante una actuación en directo. Solo, como tantos, apunta, ha estado de baja laboral.

La cantante Valeria Castro, nueva portada de Yo Dona: “De canaria soy un 10”Dani Izeddin
Has mencionado que te sentías en una competición. ¿Cómo te encuentras ahora?
Es complicado. He tenido una baja laboral y hay mucha gente hablando. Si comentarlo ayuda, que sea desde la cautela casi de no hacer marketing con esto. No tengo ganas de hablar de algo más que no sea la música. Me gustaría que la información no llene espacios que merecen otros. De esto es importante lo colectivo, no la individualidad de mi historia. Tengo miedo ahora de hablar y no saber explicarme. Sí siento que ha puesto en perspectiva la vorágine y he podido dar un paso atrás. Me quedo incluso asustada por la rapidez del mundo. El otro día Andrés Buenafuente también anunció que paraba. Creo que quizás las cosas están yendo demasiado rápido para todos y no sé si esta es la forma de hacerlo un poquito más amable. O al menos más permisivo para reconocer que no podemos entregarnos a esta rueda que a todos nos va engullendo de alguna forma.
Es habitual que en la generación de Buenafuente la respuesta al cansancio del joven sea «es lo que os toca». ¿Cómo vives el choque?
Tengo la suerte de que de que mi ejemplo son mis padres y ellos están más de parte de su hija. He pensado mucho acerca de la opinión ajena: no tenemos ni idea de las circunstancias de los otros. Sé que mi posición es la de un privilegio brutal, pero también paso por episodios de ansiedad o estrés. Mi público también es un poco mayor que yo y he visto mucho cariño. Quiero confiar en que no es generacional, sino que hay quien no entiende el mundo del otro, algo que tampoco se debe pretender. Tampoco quiero yo explicar por todo lo que estoy pasando.
De hecho, contabas que te angustiabas cuando te escribían amigos o familiares porque asumías que seguían hablando de ti en internet. ¿Qué has aprendido acerca de la imagen propia y cómo se construye a través de los otros?
De hecho, contabas que te angustiabas cuando te escribían amigos o familiares porque asumías que seguían hablando de ti en internet. ¿Qué has aprendido acerca de la imagen propia y cómo se construye a través de los otros? Que hay que desapegarse. No solo de la crítica, claro, sino también del cariño. Hay que agradecerlo, reconocer el tiempo que te entregan, pero no puedes depender de que te validen para seguir viviendo. Hablaba con mi psicóloga sobre cómo este trabajo tiene una parte que te enfrenta al público y te deja a la espera de un aplauso, pequeñas tiritas para una realidad mayor. Ahora estoy intentando enfrentarme a ella. Me recomienda que aproveche que trabajo con mi pasión para enfrentarme al mundo a través de ella y no de la validación externa. Las redes sociales nos dirigen a necesitarla. No sé cómo se puede resolver, pero si algo puedo intuir es que hay que centrarse en la vida real. Mi trabajo está expuesto, pero también hay quien se ve absorto por el suyo y puede llegar a casa sin saber empezar a vivir tras horas enfocadas en hacer algo para que otros les digan que está bien.
Vestido con nudo delantero y anillo de plata cúbico, de Lanvin. Zapatos, de Valentino. Medias, de Calzedonia.
Vestido con nudo delantero y anillo de plata cúbico, de Lanvin. Zapatos, de Valentino. Medias, de Calzedonia.
No creerse demasiado ni los halagos ni las críticas.
Supongo que lo de no creerse mucho los halagos también viene por la autoestima, que yo voy falta. Nadie nos enseña a entrar en el mundo laboral y a veces lo hacemos con ciertos vicios, como el de poner parches. Ahora, al volver al hotel, procuro que haya alguien conmigo, una amiga o mi madre. Supongo que la mejor de las ayudas es la compañía. Estar rodeada de aplausos y volver sola al hotel te disocia, te ubica en un punto que no comprendes. La compañía es lo que te permite entender mejor el mundo.
Has contado que tu madre, al reescuchar el disco, reconoció que no sabía que estabas mal. ¿Querías ocultarlo en la música?
Mi madre, la pobre, que está siempre superpendiente. Era una forma de decir que hasta a quien está más cerca de ti se le pueden pasar algunas cosas. Me he dado cuenta de que uso las canciones como desahogo. Me ayudan y acabo pensando «bueno, aquí está la radiografía de mí misma, no hace falta que cuente ya cómo estoy». Tengo que aprender que aunque siento que mi lengua materna es escribir canciones, es también en las palabras donde tenemos que expresar a la gente que tenemos alrededor cómo nos sentimos. Hay pensamientos que no caben en el lenguaje y la música nos ayuda, pero hay que usarla como apoyo y no como única herramienta.
En esta ocasión escribes sobre un desamor. ¿Nace en primera persona?
La metáfora puede ayudar mucho a cubrir, pero creo que todo tiene un punto de partida en mí. En el cuerpo después de todo se narra cómo quedamos después de lo que ha conllevado la vida alrededor del desamor. Y en devota asumo que no quiero pasar por un punto en el que yo me ponga por debajo de algo o alguien.
Un poco el Se acabó de María Jiménez, pero desde una apariencia de vulnerabilidad: el sonido es delicado, pero las palabras son fuertes.
Ay, por favor, ¡María Jiménez! Encontrar las palabras exactas para una canción de tres minutos me parece importante porque tienen un efecto en quien escucha. Entiendo que la propia personalidad proyecte algo de esa vulnerabilidad porque creo que existe en todo el mundo. La reconozco y no le tengo miedo. Necesitamos no esconderla, como la ternura.
Camisa y falda, de Paula Cánovas del Vas. Zapatillas, de Onitsuka Tiger. Pulsera, de Tous.
Camisa y falda, de Paula Cánovas del Vas. Zapatillas, de Onitsuka Tiger. Pulsera, de Tous.
Suelen asociarse a lo femenino. La generación de cantantes nacidas en los 90 no las explotan. Han tomado unas formas que eran masculinas. ¿Qué buscas tú en lo que haces?
Del resto no puedo hablar ni para nada juzgo. Ser mujer en la música todavía trae consigo mucha carga. Pero lo que yo busco es la honestidad. Por observarla como mi lengua materna, siento que como no sea yo misma en aquello que estoy cantando no voy a poder sostener el personaje. A lo mejor en 10 años ya puedo disociarme, que podría ser sano, pero hoy necesito la honestidad.
¿No te da vértigo eso: entregar una parte de ti a quienes no conoces?
Absolutamente. En esta época me ha dado mucho miedo que lo que quede de mí sea una fragilidad. Soy otras cosas también. En el texto hay fuerzas porque dentro de mí también están. Fue sanador, al publicar el disco, que mucha gente me escribiera diciéndome que se sentían parte de eso. Veía que no estaba sola. Miedo hay a que esa exposición te coloque en un punto que no puedas dirigir o al descontrol de tu propia imagen. Por eso intento desapegarme de aquello que la gente piense de mí y mantenerme cerca de la realidad de lo que soy y no de lo que proyecto.
Acusaban a Rosalía hace poco de no ser suficientemente feminista. ¿Cómo te enfrentas a esa fiscalización de las ideas?
Tratando de darle la importancia justa. Creo que político es todo, cualquier acto. Que alguien considere que tú no estás siendo suficientemente feminista habla más de esa persona que de ti. Yo solo querría estar tranquila con el discurso que he hecho. Mi gestión será no hacer demasiado caso a lo que la gente tenga que decir acerca de lo que uno hace. Hay que escuchar, pero sin que te marque. Yo sé que estoy tranquila con lo que digo y con lo que hago. Con eso es suficiente.
¿Dónde has aprendido más: en el amor o en el desamor?
En el amor. Sí. El desamor suele ser romántico y el amor abarca más: el de mis padres, mi abuela, mis amigas. No quiero regalar importancia de mi vida a personas que esporádicamente han pasado por ella. Me habrán aportado mucho, pero el mundo me lo han hecho bonito quienes han estado desde los inicios o que permanecen con una incondicionalidad más bella que lo romántico.
Chaqueta de Emporio Armani y pendiente de Simuero.
Chaqueta de Emporio Armani y pendiente de Simuero.
¿Cómo te sientes cuando vuelves al pasado, a Canarias?
Ahora vivo un duelo y las cosas cambian. En La Palma está mi familia. Así como lo romántico no es para siempre, creo que esas raíces sí lo son. Quieras o no. Pero serán las que me definan y me ubiquen en el mapa del tiempo. Siempre querré regresar. En Madrid está el piso. El hogar, en La Palma.
En ay, amor, la primera canción que publicaste, hablabas de la inmigración. ¿Cómo lo ves ahora?
Como canaria, desde pequeña hemos tenido esa ola de inmigración y creo que por eso siempre he tenido muy claro que lo primero que se debe tener en cuenta es la humanidad. Mis abuelos y mis bisabuelos fueron a Cuba y Venezuela y luego volvieron. El mundo está hecho de inmigrantes. No entiendo la diferencia entre un país u otro, sin pensar que estamos únicamente hablando de gente que busca un futuro mejor, lo que haríamos todos en su situación.
¿Cómo te has construido en Madrid un mundo en el que estar cómoda?
Sigue un proceso. Vine con 18 años para estudiar y me quedé trabajando. Mucha gente se ha ido. Vas creando tus pequeñas fortalezas como puedes y aceptando que es una ciudad solitaria. No sé si es sostenible. Hay muchísima gente, pero quizás costumbrismo no hay tanto y eso construye a veces la vida. Es una ciudad muy ligada al trabajo: nos lleva un poquito de camino a la soledad.
Una ciudad-oficina.
Sí. Ayer veía a la gente en las terrazas con frío tratar de usar el tiempo que nos el trabajo para vivir un poquito. También sería coherente que al llegar a casa agotados queramos relajarnos, pero tenemos que hacer el esfuerzo de dejarnos acompañar para que luego se pueda descansar con una sonrisa y no con desasosiego. Yo estoy reaprendiendo a improvisar. Todos sabíamos hacerlo, pero las rutinas laborales a veces no llevan por otro camino. También me siento todavía muy joven y aún estoy en el camino de aprender a habitar la vida de una manera amable.

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