Los inmigrantes sufren el triple de muertes en el trabajo en Euskadi que los autóctonos

La tasa de siniestralidad entre los empleados de origen extranjero es de 44,5 por cada mil frente a los 34,8de los nacionales

Diario Vasco, Pilar Aranguren, 06-01-2026

La siniestralidad laboral es mucho más elevada en Euskadi entre los trabajadores extranjeros que entre la población autóctona y además sufren incidentes más graves, hasta … el punto de que registran el triple de accidentes mortales. Una fotografía muy cruda pero que atiende a diversas razones, entre ellas, la mayor precariedad laboral y el tipo de trabajo que realizan.

Así lo atestigua un estudio elaborado por el Grupo de Investigación en Determinantes Sociales de la Salud y Cambio Climático OPIK de la EHU encargado por Osalan, al que ha tenido acceso este periódico, en el que se analizan las diferencias que existen en los accidentes laborales y las enfermedades profesionales entre la población nacional y la extranjera, considerada ésta como aquellos trabajadores cuya nacionalidad no es española. El informe abarca datos desde 2016 hasta 2022, último año que computa. En el mismo se analizan las cifras absolutas y también las tasas de accidentalidad brutas y estandarizadas –eliminando las diferencias de edad entre población extranjera y autóctona. Las tasas ofrecen una imagen más objetiva ya que mide los siniestros por cada mil trabajadores. Y es que la fuerza laboral extranjera en Euskadi ronda en estos momentos el 10% del total de empleados.

El informe de Osalan revela que en 2022 de cada mil trabajadores extranjeros 44,5 sufrieron un accidente laboral, frente al 34,8 por mil de los empleados autóctonos. Es decir, que la tasa de siniestralidad es diez puntos superior. Aunque la realidad es bien distinta en el caso de los hombres que en las mujeres, ya que mientras entre ellos la tasa de siniestralidad de los extranjeros es del 64 por mil, frente al 47,4 de los nacionales, entre las mujeres la relación se invierte, ya que las extranjeras tienen un índice del 17,6 por mil frente al 21,2 de las autóctonas, debido a que las foráneas copan muchos trabajos en el hogar y los cuidados, menos expuestos a siniestros. Conclusión: el número de accidentes por cada mil trabajadores es un 37% mayor en extranjeros que en nacionales y en el caso de las mujeres la tasa de las extranjeras es un 17% inferior al de las españolas.

Pero si se analizan las cifras por franjas de edad, la mayor diferencia se da en la más elevada (50 – 64 años) donde la tasa de accidentabilidad en nacionales es diez puntos superior a las extranjeras. En las mujeres jóvenes el patrón cambia y la tasa de extranjeras supera en casi cuatro puntos a la de las nacionales, como se puede observar en el gráfico adjunto.

En el caso de los hombres las diferencias entre nacionales y extranjeros fueron similares en todos los grupos de edad, aunque fueron algo menores en el grupo de edad central (40 – 49 años).

Si se atiende al tipo de accidente, el caso de los hombres la mayor tasa de los extranjeros se produjo en los accidentes de jornada, con más de dieciséis puntos de diferencia respecto a los autóctonos –60,8 frente a 44,1–. Sin embargo, en los ‘in itinere’, los que se producen en los desplazamientos entre el domicilio y el trabajo, apenas existe diferencia –3,26 de los nacidos fuera de España frente a 3,27 de los españoles–. Si nos fijamos en las mujeres extranjeras la tasa es ligeramente inferior –algo más de dos puntos– que las nacionales en los que se producen en el centro de trabajo y la diferencia se estrecha a un punto menos en los ‘in itinere’.

Si atendemos a la gravedad de los accidentes, se puede decir que los trabajadores extranjeros sufren siniestros con peores consecuencias para la salud. De hecho, la tasa de accidentes graves de los de origen foráneo duplica a la de los españoles en el caso de los hombres. Sin embargo, se invierte en el caso de las mujeres, ya que la tasa de las españolas es más del doble que la de las extranjeras. Y en lo que respecta a los accidentes mortales la diferencia entre la población trabajadora extranjera y la nacional es todavía mayor, ya que la tasa de mortalidad es el triple. En concreto, 0,14 fallecidos por cada mil trabajadores frente a los 0,05 de los estatales.

Para tener un poco de perspectiva, el estudio también analiza la evolución registrada en los accidentes de trabajo en ambos colectivos desde 2016 hasta 2022. Y volvemos a fijarnos en la tasa de siniestralidad para tener una fotografía más objetiva, ya que la población trabajadora extranjera ha crecido más que la autóctona, por lo que los datos absolutos no sirven de referencia para un análisis exhaustivo.

Así, la tasa entre la población extranjera ha crecido en esos seis años ocho puntos, desde los 36,5 por mil que había en 2016 hasta los 44,5 de 2022, mientras que en la población nacional el índice apenas cambia, siendo del 34,7 por mil en 2016 y una décima más en 2022.

Una evolución que ha sido similar en lo que respecta a los accidentes en jornada de trabajo, mientras que los ‘in itinere’ han aumentado en ese tiempo de forma considerable entre la población extranjera.Así, mientras era del 2,6 por mil en 2016 ha pasado en 2022 a 3,8% por mil, la misma que la población autóctona, que ha registrado un ligero descenso. Sin embargo, si ponemos el foco en las enfermedades profesionales, son menos frecuentes entre la población trabajadora extranjera que en la autóctona. Así, mientras en la primera es de 2,28 por mil empleados en los hombres y del 1,11 por mil en las mujeres, en los trabajadores nacionales llega a 3,54 por mil entre los hombres y 2,29 entre las féminas.

El estudio de Osalan constata que la población migrante manifiesta peores condiciones de trabajo que la población autóctona, en particular las mujeres migrantes, y que este hecho incide en su exposición a los distingos riesgos laborales, así como en los daños que sufren.

Así, en sus conclusiones apunta que la población migrante tiene una posición subordinada en el mercado de trabajo, en categorías bajas, especialmente peones, aún de forma más acusada en las mujeres migrantes que en los hombres. Asimismo, señala que la población migrante está más concentrada en sectores de hostelería, cuidado, transporte y limpieza y que tiene escasa presencia en tareas de organización, dirección y control.

Respecto al tipo de contrato, la situación de la población migrante es también peor, con una menor proporción de personas con contrato indefinido y mayores niveles de contratación temporal. Es más, señala que alrededor de un 4% declara trabajar sin contrato, más frecuentemente entre las mujeres, donde esa cifra llega al 6%. También son más frecuentes los contratos a tiempo parcial entre la población migrante y con una media de horas trabajadas semanal menor que entre la población nacional, lo que se agrava en ambos indicadores en el caso de las mujeres.

El informe señala que las caídas en altura son más frecuentes entre hombres migrantes que entre los autóctonos, y que están asimismo expuestos a quemaduras y heridas con herramientas.

Otro aspecto a tener en cuenta es que en lo que respecta a los riesgos ergonómicos, la población de origen extranjero está también más expuesta a estos riesgos, especialmente relacionados con esfuerzos de carga, posición y desplazamiento a pie. Ocurre lo mismo en el manejo de cargas pesadas y la realización de esfuerzos físicos, así como en lo que respecta a la repetición de movimientos.

trabajadores extranjeros fallecen cada mil empleados frente a 0,05 muertos en el caso de los autóctonos.

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