Eibar
Cubiertas de agua con gran valor
Patrimonio. Un aspecto que pasa inadvertido a muchos eibarreses son las cubiertas de agua de las fábricas. Sin embargo, arquitectos e historiadores reclaman su conservación y reutilización
Diario Vasco, , 05-01-2026Eibar tiene un patrimonio de cubiertas de agua que constituyen un patrimonio único. La construcción se hizo condicionada por el poco suelo, mucha pendiente y una industria que necesitaba crecer rápido. En ese contexto, a mediados del siglo XX se extendió una arquitectura funcional, de hormigón armado, líneas sobrias y plantas diáfanas.
Cualquier inmigrante que venía a trabajar a Eibar queda sorprendido porque, en este rincón del mapa, aquella modernidad importada se convertía en un gesto sencillo y radical: añadir agua a la cubierta plana. No se trataba de una anécdota estética, sino una solución técnica con identidad local tan habitual en la cuenca del Deba que hoy ya tiene investigaciones específicas y trabajos académicos centrados en estas ‘cubiertas de agua’ como tipología propia del patrimonio industrial.
El arquitecto Urtzi Llano está realizando un estudio sobre las cubiertas de agua. Así manifestaba que «el reto es poner en valor estas cubiertas consiguiendo una nueva perspectiva y ángulo de visión de algunos de estos conjuntos de cubiertas que permitieran una nueva percepción y disfrute directo de estos especios a nivel de ciudad».
Así, la cubierta plana, con agua, ha sido una de las banderas de la arquitectura moderna europea. En Eibar y su entorno, esa idea se reinterpretó sobre el hormigón se disponía una lámina de agua contenida, una especie de ‘estanque’ horizontal. El resultado era invisible desde la calle y, sin embargo, determinante para el edificio: inercia térmica, amortiguación acústica y un comportamiento climático más estable.
La explicación tiene lógica bioclimática. En manuales y estudios sobre «roof ponds» (cubiertas – estanque), el agua se describe como un elemento capaz de almacenar y liberar calor, suavizando los extremos de temperatura y contribuyendo tanto a calefacción pasiva como a refrigeración nocturna, según el manejo y el clima. En zonas como Otaola, Matxaria y Txonta esa bioclimática se aplicó sin etiquetas y sin marketing. Era, simplemente, una manera inteligente de construir en un valle industrial con inviernos húmedos, veranos cada vez más cálidos y necesidad de confort dentro de naves y talleres. La mejor prueba de que no hablamos de teoría sino de ciudad está en las fichas patrimoniales. En Otaola, el antiguo edificio de Lambretta (1953 – 1956) llegó a proyectar incluso un circuito de pruebas sobre cubierta. Pero el documento histórico recoge un giro revelador: aquella cubierta nunca llegó a utilizarse como circuito… eran cubiertas de agua. Una frase corta que retrata una época: el techo como infraestructura técnica, no como terraza. Y en Asua Erreka, el edificio industrial de Viuda de Ortuoste (1941) describe con claridad el sistema: una cubierta plana rematada con una lámina de agua, donde incluso emergen cabezas de pilares previstas para futuras ampliaciones. La propia ficha subraya que, pese al abandono y al deterioro, ese remate sigue siendo «un elemento constructivo de gran interés».
Son dos nombres entre muchos: pequeñas y medianas factorías, talleres, pabellones y construcciones auxiliares que poblaron el Eibar fabril cuando el hormigón armado era sinónimo de progreso y la prioridad era producir, ampliar, exportar.
Hay otro rasgo que explica el arraigo de estas cubiertas: su economía de proximidad. La industrialización eibarresa se apoyó durante décadas en cadenas locales de suministro —áridos, hierros, carpinterías, encofrados, oficios— y las cubiertas de agua encajaban en esa lógica.
El relato que sostienen investigadores y estudios sobre patrimonio contemporáneo del territorio es que muchas de estas soluciones nacieron de una cultura técnica del lugar: resolver con lo que se tenía cerca, con mano de obra local y con una ingeniería práctica forjada en talleres.
El problema de las cubiertas de agua es su discreción. No lucen como una fachada modernista ni emocionan como un frontón centenario. Están arriba, fuera del encuadre. Y por eso muchas han sido ignoradas o directamente sustituidas cuando llegan las rehabilitaciones: impermeabilizaciones nuevas, panel sándwich, cubiertas técnicas modernas, cambios de uso.
Sin embargo, el valor no es solo nostálgico. Hay un mensaje contemporáneo: eran soluciones de eficiencia energética antes de que ese asunto fuese un mandato. El mismo principio que hoy inspira cubiertas verdes, láminas reflectantes o sistemas de refrigeración pasiva aparece, en versión industrial y local, en aquellas ‘piscinas’ sobre el hormigón, algunas convertidas en huertas, pero reflejo de un valor que todavía se conserva en Eibar, se documenta y se construye alrededor de la arquitectura industrial del siglo XX que muchos expertos miran y admiran.
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