Sin piedad
La Vanguardia, , 02-01-2026Como grandes monos, diría que lo mejor que hemos hecho es organizar mecanismos que nos ayudan a no quedarnos tirados si las cosas nos van mal. Cuando todo se tuerce. La idea es tan fabulosa que se ha desarrollado solo en pequeñas áreas del planeta, y no del todo, desde hace menos de un siglo. Hay además un montón de simios que no lo ven claro; eso de ayudarnos los unos a los otros, sin conocernos de nada, les provoca una extraña ira.
Por suerte, en este trozo de tierra hay estructuras que protegen a las personas, también si son negras y pobres. Gracias a eso se ha logrado, por ejemplo, realojar a los más de 200 migrantes que dejó a la intemperie, en pleno invierno, con un gesto de terror navideño de los que hacen historia, el alcalde despiadado de la ya célebre Badalona. Será difícil olvidar la postal helada de los desgraciados que pasaron la Navidad cristiana 2025 bajo el puente de la autopista C – 31.
La buena noticia es que el Departament de Drets Socials i Inclusió de la Generalitat se ha ocupado de paliar la bestialidad de un Consistorio –que parecería de extrema derecha y sin embargo solo es del Partido Popular– sustentado por 50.185 votantes que tal vez se saben tocados por alguna clase de dedo divino que los vuelve inmunes a la adversidad. Personas que se sienten más seguras –paradojas de la vida– en un mundo sin protección social ni amparo ni nada. Un mundo a lo loco, curiosamente similar, en este sentido, al que abandonaron a la desesperada y jugándose la vida los migrantes desalojados. Es curioso que la ausencia de sistemas de protección social y el consiguiente desamparo que sufren la mayoría de los países africanos, de pronto aquí sea, visto lo visto, el objetivo de nuestras políticas antiinmigración africana. Cada cual a su suerte.
No está de más recordar a las personas que se sienten incómodas con los excesos de los derechos humanos que hay amplias zonas del planeta donde ya existe el país de sus sueños. Se nos ocurren varias naciones africanas –justo de donde huyen estos migrantes desalojados– en las que podrían vivir felices, sin que nadie les obligue a compartir un ápice de su riqueza natal con unos muertos de hambre. Extraño bucle. El mundo despiadado de sus sueños ya existe y nos atrevemos a aventurar que recibe con los brazos abiertos.
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