Pueblo gitano: seis siglos de historia española contados desde dentro
El libro “Pueblo Gitano. 600 años de historia y cultura en España”, coordinado por Gonzalo Montaño, Joan M. Oleaque y Arnau Vilaró, desmonta seis siglos de silencios, prejuicios y relatos oficiales sobre la historia gitana
La Vanguardia, , 03-01-2026La historia de España no puede entenderse sin el pueblo gitano. Sin embargo, durante siglos se ha escrito como si no existiera. En 2025 se han cumplido seiscientos años de la llegada documentada de comunidades gitanas a la península ibérica, una efeméride que obliga a revisar uno de los grandes silencios de la historiografía española. Pueblo Gitano. 600 años de historia y cultura en España no es solo un libro conmemorativo: es una enmienda a la totalidad del relato oficial, una obra que interpela directamente a la memoria colectiva del país.
Editado por la VIU Editorial y la Fundación Secretariado Gitano, y coordinado por Gonzalo Montaño, Joan M. Oleaque y Arnau Vilaró, el volumen reúne a autores gitanos y gitanas de distintos ámbitos —académico, social, artístico y político— con un objetivo común: contar su propia historia. No desde la nostalgia ni desde el victimismo, sino desde la reivindicación del derecho a la palabra.
El resultado es un libro incómodo. Porque obliga a reconocer que la historia del pueblo gitano en España no es una historia lateral, sino una historia central atravesada por la persecución legal, el racismo institucional y la exclusión estructural. Y porque desmonta una idea profundamente arraigada: que los gitanos han estado “al margen” de la sociedad española, cuando en realidad han sido empujados a ese margen por decisión del poder.
El primer documento que acredita la presencia gitana en la península es un salvoconducto fechado el 12 de enero de 1425. Lo firmó Alfonso V de Aragón y concedía a Juan de Egipto Menor y a su grupo autorización para circular libremente por los territorios de la Corona. Durante décadas, los gitanos fueron considerados peregrinos, viajeros protegidos por la autoridad civil y eclesiástica. Aquella España tardomedieval aún aceptaba —con recelos, pero sin persecución sistemática— la diversidad cultural.
Ese breve paréntesis de tolerancia se cerró bruscamente a finales del siglo XV. La construcción del Estado moderno, obsesionado con el control del territorio, la homogeneización cultural y la “limpieza de sangre”, convirtió al pueblo gitano en un problema político. Ismael Cortés lo explica con claridad: el modo de vida gitano —nómada, autónomo, sin sujeción feudal— escapaba a los mecanismos de control del poder y por eso fue criminalizado.
La Pragmática de 1499, promulgada por los Reyes Católicos, marca el inicio de una persecución legal sin precedentes. A partir de entonces, el Estado español comenzó a legislar no contra conductas concretas, sino contra una identidad. En apenas tres siglos se dictaron 28 pragmáticas antigitanas que prohibieron el nomadismo, la lengua, la vestimenta, los oficios tradicionales y, en última instancia, el derecho a existir como pueblo diferenciado.
Uno de los grandes méritos del libro es mostrar cómo el antigitanismo en España no fue solo social o cultural, sino profundamente jurídico. La ley se convirtió en el principal instrumento de exclusión. No se trataba de integrar a los gitanos, sino de forzarlos a desaparecer: o mediante la asimilación total o mediante el castigo.
La legislación los asoció sistemáticamente con la vagancia, el delito y la peligrosidad social. El simple hecho de desplazarse, de reunirse en grupo o de hablar su lengua podía acarrear azotes, destierro o condena a galeras. El nomadismo —una forma de organización social y económica— fue transformado en delito.
Ese proceso culminó en uno de los episodios más oscuros de la historia española: la Gran Redada de 1749. Planificada por el marqués de la Ensenada y aprobada por Fernando VI, la operación pretendía detener simultáneamente a toda la población gitana del país. Hombres, mujeres, ancianos y niños fueron sacados de sus casas de madrugada, separados por sexos y enviados a cárceles, arsenales y fábricas.
El objetivo era claro: impedir la reproducción del pueblo gitano y disolverlo como grupo humano. Hoy no habría dudas en calificar aquel plan como un intento de genocidio. Sin embargo, sigue siendo un episodio prácticamente ausente de los manuales escolares.
A la violencia ejercida por el Estado español se suma otra tragedia aún menos conocida: el genocidio gitano durante el nazismo. Francisco Suárez Montaño recuerda que más de medio millón de gitanos europeos fueron asesinados en los campos de exterminio, víctimas de la misma lógica racial que aniquiló al pueblo judío.
Sin embargo, mientras el Holocausto judío ocupa un lugar central en la memoria europea, el genocidio gitano sigue envuelto en un silencio espeso. El autor narra su visita al barracón gitano de Auschwitz: vacío, sin visitantes, ignorado incluso en el mayor memorial del horror del siglo XX. Esa ausencia, sostiene, no es casual. Es la prueba de que el antigitanismo sigue operando incluso en la memoria.
Otro de los ejes del libro es el análisis del borrado cultural. Iván Periáñez – Bolaño explica cómo la prohibición de la lengua romaní y la imposición de la asimilación cultural fueron estrategias deliberadas para romper la transmisión identitaria. La lengua no es solo un medio de comunicación, sino una forma de sentir, de pensar y de estar en el mundo. Atacar la lengua era atacar la memoria.
A pesar de ello, la cultura gitana sobrevivió. No en los libros ni en las academias, sino en la oralidad, la música, la familia y el arte. En ese contexto, el flamenco adquiere un significado político profundo. No es solo un género musical, sino una forma de narrar el dolor, el desarraigo y la resistencia.
Tere Peña y Gonzalo Montaño analizan cómo el flamenco, profundamente vinculado a la experiencia gitana, ha sido al mismo tiempo apropiado y despojado de su dimensión histórica. Convertido en producto cultural, muchas veces se ha vaciado de su memoria. Sin embargo, sigue siendo una de las mayores aportaciones del pueblo gitano a la cultura universal.
Como recuerda Suárez Montaño, el arte gitano es el arte del consuelo: una paradoja amarga, la de un pueblo perseguido que ha ofrecido consuelo estético y emocional a la sociedad que lo marginaba.
El libro no se limita al pasado. Analiza cómo esa historia de persecución sigue proyectando su sombra sobre el presente. Fabián Daniel Sánchez aborda el proceso de reconocimiento jurídico del pueblo gitano en democracia, subrayando los avances logrados desde la Transición. Pero advierte: el reconocimiento legal no ha eliminado la desigualdad material.
Lola Cabrillana denuncia un sistema educativo que durante décadas ha funcionado como un mecanismo de segregación. Miguel Ángel Vargas analiza la vivienda y el barrio como espacios donde se concentra la exclusión. Barrios estigmatizados, políticas urbanísticas fallidas y una desconfianza mutua entre instituciones y población gitana que perpetúa el círculo de la marginación.
El mensaje es claro: las desigualdades actuales no son fruto de una supuesta “falta de adaptación”, sino la consecuencia directa de siglos de decisiones políticas.
Uno de los capítulos más potentes del libro es el firmado por Pastora Filigrana. Su análisis del feminismo romaní rompe con todos los tópicos. Las mujeres gitanas han tenido que enfrentarse a una doble opresión: el patriarcado interno y el racismo externo. Y lo han hecho construyendo un discurso propio, crítico tanto con el machismo como con un feminismo hegemónico que a menudo las instrumentaliza o las infantiliza.
El feminismo romaní que emerge del libro es profundamente político y profundamente incómodo. Reivindica derechos sin renunciar a la identidad y exige ser escuchado, no tutelado.
Pueblo Gitano. 600 años de historia y cultura en España no es un ejercicio de nostalgia ni un ajuste de cuentas. Es una afirmación de existencia. Durante siglos, la historia gitana ha sido contada por otros, casi siempre desde el prejuicio o la caricatura. Este libro propone invertir esa lógica y asumir que la memoria es un campo de batalla político.
La tesis que recorre toda la obra es contundente: el antigitanismo no es una anomalía del pasado, sino una estructura que sigue operando. Cambian las leyes, cambian los discursos, pero persiste la idea de que el pueblo gitano es un “otro” permanente.
Seis siglos después de aquel salvoconducto de 1425, la reivindicación sigue siendo la misma: el derecho a ser parte plena de la historia de España. No como nota al pie, no como folclore, sino como sujeto histórico.
El libro puede descargarse gratuitamente pinchando en este enlace.
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