Especies en extinción
La Vanguardia, , 02-01-2026Cuando, a finales de noviembre, la mítica Cinématheque Française de París anunció que cerraba sus tres salas a causa de una invasión de chinches, pensé que sería un buen argumento para una película de animación. Sinopsis: un buen día, una familia de chinches domésticas decide ampliar horizontes y, en vez de limitarse a criar y reproducirse en rincones húmedos de una casa y en colchones y cojines de camas de higiene discutible, salen a la aventura exterior. Por el camino, tropiezan con otras chinches, más agresivas, instaladas en el pelaje de perros, gatos callejeros y moquetas de prostíbulo. Como es pacífica, la familia se refugia en un edificio impresionante, diseñado por el arquitecto Frank Gehry. El edificio incluye, además de tres salas de cine, un restaurante, un museo, una librería, una biblioteca y espacios para exposiciones. Con la discreción de unos inmigrantes sin papeles, y huyendo de las autoridades sanitarias, okupan las zonas más oscuras del edificio. Aprovechan la limpieza de las instalaciones y la soberbia de sus usuarios, que nunca en la vida imaginarán que unos insectos parasitarios puedan acompañarlos en un templo tan sagrado como este.
Elipsis: pasan los años. Las chinches pequeñas se hacen mayores, procrean y se multiplican. La población de chinches aumenta y una parte de la descendencia se vuelve, por simple contagio ambiental, militantemente cinéfila. Abandonan el museo y el restaurante y se instalan en las butacas de las salas, donde aprenden a paladear los tesoros del cine mudo y toda la filmografía de Aki Kaurismaki y Albert Serra. No todas las chinches son responsables y las hay que, para distinguirse del pacifismo de sus ancestros y por rebeldía generacional, deciden picar a los visitantes humanos de las salas y provocarles salpullidos desagradables. Durante un tiempo, circula el rumor de que hay chinches en la Cinématheque, hasta que, alarmados, sus responsables contratan a un especialista, que emite un diagnóstico categórico: la plaga es tan importante que requiere un tratamiento de choque que obligará a cerrar las tres salas con la previsión de, si no hay imponderables, reabrirlas el 2 de enero.
El 2 de enero anunciado por la noticia es hoy. Si la película de animación existiera, debería haber incluido las escenas en las que los operarios desmontan todas las butacas y, una por una, las someten a un tratamiento con vapor seco a 180º, que habrá dejado fritas a las colonias de chinches como si fueran figurantes de El coloso en llamas. Moquetas y asientos sometidos a varias pasadas de esta arma de destrucción masiva de una especie, la chinche cinéfila, prima hermana de aquellas cucarachas que se caían del techo del cine Meliès o de las entrañables y cada vez más obsoletas ratas de filmoteca.
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