Trump frente a Europa

Diario Vasco, Carlos Larrínaga, 28-12-2025

Acomienzos de diciembre conocimos un documento de la Administración Trump muy interesante, la Estrategia de Seguridad Nacional, que, como su nombre indica, marca las directrices … a seguir por Estados Unidos en los próximos años. Aunque parte de su contenido lo podíamos intuir por las propias declaraciones del presidente desde que accedió al cargo, lo cierto es que puede ser útil para la dirigencia europea con vistas a conocer aún mejor al personaje, si es que alguien tenía alguna duda al respecto. Y me centro en Europa porque sus ataques son continuos en dicho escrito. Para empezar se nos advierte de que la civilización europea está en crisis, en gran medida por la inmigración masiva. Washington parece sumarse de esta manera a la teoría del gran reemplazo, popularizada por el escritor Renaud Camus y que fue adoptada por el polemista Eric Zemmour en su campaña a las últimas elecciones presidenciales en Francia.

Para evitar este trance, la Casa Blanca aconseja controlar las fronteras, aumentar la natalidad y fortalecer el orgullo cultural europeo. La Unión Europea debe volver a sus raíces y para ello sólo tiene que imitar la política trumpista: «hacer grande a Europa de nuevo». No en vano, durante su primera etapa en el poder, nos mandó a Steve Bannon, el arquitecto de su estrategia en los primeros meses de su presidencia, para fomentar las ideas de ultraderecha en nuestro continente. De hecho, Bannon fue el fundador de The Movement, con sede en Bruselas y considerado como la Internacional de la Nueva Derecha, siendo una organización definida como populista de derechas que trata de impulsar a los partidos ultras en el mundo entero. Así, observando los últimos comicios al Parlamento Europeo y el alza de este tipo de formaciones en la mayoría de los estados miembros no hay duda de que su influencia no ha sido inocua.

Por tanto, si Donald Trump y su gobierno están ideológicamente ubicados en esa posición y el ejecutivo europeo se constituyó tratando de aislar a esos grupos mediante un acuerdo entre el Partido Popular Europeo, los socialdemócratas y los liberales, ¿resulta coherente mantener una política de complacencia hacia un individuo que está constantemente arremetiendo contra la Comisión Europea? Si aplicamos la misma lógica empleada para aupar a Úrsula von der Leyen a la presidencia, ¿no resulta contradictorio empeñarse en agradar a un petulante como Trump? Especialmente, porque, por un lado, no está dispuesto a hacer nada por la UE, y, por otro, porque a él sólo le van los dirigentes (hombres o mujeres) duros. De ahí su sintonía con Meloni u Orbán en Europa y con Putin y Xi Jinping. Él habla de líderes estúpidos, refiriéndose a quienes no son firmes como él o no piensan como él.

Volviendo al documento, si la UE, como se ha dicho antes, vuelve a sus raíces, todavía puede ser útil a Estados Unidos en su prevalencia en el hemisferio occidental. Pero no sólo eso, porque una Europa orgullosa de su civilización le será una buena aliada para frenar a Rusia y, máxime, para contener a China, que, en el fondo, es el verdadero objetivo de la política exterior estadounidense. En realidad, Trump busca en la UE una relación vasallática en la que no se cuestionen sus planteamientos y se le dé la razón en todo, al tiempo que se convierta en un socio económico confiable al que vender cualquier tipo de productos, incluido el gas y petróleo que no deben comprar a Rusia, y al que atraer para canalizar sus inversiones en suelo americano. La asociación entre Moscú y Pekín, a la que pueden añadirse otros países, se ha consolidado en los últimos años y constituye un polo de atracción cada vez mayor. Se ha visto en la ampliación de los BRICS, y Washington sabe que ese fenómeno puede aumentar ante la doble vara de tratar los asuntos por parte de Occidente. Por eso, a Trump le interesa una UE que únicamente responda a sus dictados sin cuestionarlos.

Lo estamos viendo en el supuesto proceso de paz de Ucrania. Parece una cuestión de Estados Unidos y Rusia, sin que los europeos tengan mayor papel que pagar las facturas. Por ejemplo, la aprobación de la emisión de eurobonos por un valor de 90.000 millones de euros para Ucrania en los próximos dos años va a tener como mayor beneficiario a la industria armamentística norteamericana. Eso es lo que quería Trump, que fueran los europeos quienes se hicieran cargo del coste de la guerra ucraniana. Incluso, Washington habla de que Europa debe protegerse a sí misma. Nuevamente observamos cómo la Administración Trump sólo cuenta con la UE para sus propios intereses (¿Groenlandia incluida?), por lo que resulta cada vez más increíble que nuestros mandatarios sigan plegados a sus deseos sin apenas levantar la voz. Cobardía y falta de dignidad a partes iguales.

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