Periferia Cimarronas, la sala de teatro de la polémica con el catalán, deja de abrir el telón en 2026

La cooperativa impulsora de la obra 'Esas latinas' de Teatro Sin Papeles, acusada de "catalanofobia", cerrará dentro de un mes por falta de público y pérdida de subvenciones

El Mundo, Gerard Melgar, 28-12-2025

La sala de teatro Periferia Cimarronas de Barcelona bajará el telón por última vez a finales del próximo mes de enero. Autorreivindicado como «el primer teatro negro de España», el proyecto de arte y activismo antirracista impulsado hace cinco años por la directora y actriz guipuzcoana Silvia Albert Sopale dice adiós por asfixia económica. En los dos últimos años, las otras dos socias fundadoras abandonaron Periferia y ahora la dramaturga afincada en Cataluña desde hace dos décadas da por inviable su proyecto. La falta de público y la pérdida de varias subvenciones impiden cubrir unos gastos que rondan los 10.000 euros mensuales.

«Periferia no tendrá un lugar fijo, seremos itinerantes, seguiremos haciendo teatro en otros espacios, pensando otras formas de transformar el mundo, al menos durante un tiempo», expresa con resignación, a través de una carta pública, la responsable del espacio ubicado en el número 26 de la pequeña calle Cerdanyola, en el barrio de Sants.

Constituida como una cooperativa de «proyectos antirracistas y afrofreministas», Periferia Cimarronas impulsó la obra Esas latinas de la compañía Teatro Sin Papeles, protagonizada por mujeres migrantes latinoamericanas. Tres minutos de esta función despertaron el pasado mes de julio un terremoto político en Cataluña, amplificado en redes sociales, a cuenta de la lengua. Tres minutos y, sobre todo, un imperativo «parla català! (¡habla catalán!)» que resonó durante la presentación del Informe de las Discriminaciones 2024 en el centro cultural que hoy acoge el edificio de la antigua cárcel La Modelo.

Esas latinas cerraba el acto anual en que el Ayuntamiento de Barcelona y una veintena de entidades analizan situaciones de «discriminación por racismo, xenofobia, género, salud, LGTBIfobia, uso de una lengua determinada, capacitismo, motivos religiosos, ideológicos, aporofóbicos y edadismo». Las actrices de Teatro Sin Papeles representaban tres situaciones en que el catalán aparecía como un obstáculo para una mujer hispanoamericana: una visita al médico, la renovación de los documentos para el arraigo social o una entrevista de trabajo.

Ayuntamiento de Barcelona
«Asumimos el error de no haber conocido el contenido y la totalidad de la representación, el Gobierno municipal no comulga con las manifestaciones de la obra y pedimos disculpas a las personas que se hayan sentido ofendidas», dijo la segunda teniente de alcalde, Maria Eugènia Gay, presente durante la función, tras las acusaciones de «catalanofobia» a la compañía artística elegida para el acto. El consejero de Política Lingüística de la Generalitat, Francesc Xavier Vila, compartió también su «profundo malestar».
«La gente migra, la gente racializada, aunque pueda usar el catalán en su día a día, no lo utiliza para comunicar sus emociones, sus pensamientos íntimos, su necesidad. Y de eso trata el teatro: de hablar desde el corazón, en la lengua que te dicta el cuerpo», manifiesta la dramaturga vasca, hija de madre ecuatoguineana y padre nigeriano, que creció en Alicante y se instaló en Barcelona hace veinte años.

«Aún no sabemos medir el daño que supuso para el proyecto ese conflicto», reconoce Albert Sopale en referencia a la obra dirigida por la colombiana Camila Pinzón Mendoza. La actriz y activista nacida en San Sebastián asegura que este año han tenido que retornar la subvención de programación por no alcanzar el mínimo de funciones en catalán. «Ya hemos asumido que nunca volveremos a solicitarla», apunta.

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