Fernando PradoObispo de San Sebastián
«El sinhogarismo se concentra en Donostia, pero trasciende lo local»
La pobreza, subraya el prelado, se combate con decisiones políticas decididas e invirtiendo en recursos. «Es cuestión de prioridades», dice Prado
Diario Vasco, , 25-12-2025El obispo de San Sebastián, Fernando Prado, mira al futuro asumiendo que «necesitamos laicos y laicas que tomen la responsabilidad de llevar adelante nuestras parroquias».
– ¿Qué siente cuando fallece en la calle una persona sin hogar?
– No sólo como obispo sino como ser humano, es algo que a todos nos toca el corazón y nos hace pensar que algo no funciona en nuestro sistema. Nos dicen que son personas que fallecen de manera natural, aunque no sabemos muy bien qué es eso de natural, porque mueren en circunstancias muy penosas. Creo que es un fracaso de nuestra sociedad.
– ¿Abordar esta realidad es tan complejo?
– Puede llegar a serlo cuando hablamos de personas que arrastran desde hace muchos años problemas psiquiátricos, adicciones y alcoholismo. Hay casos que son muy difíciles de acompañar y de tratar, pero pese a todo, de alguna manera, algo no funciona cuando somos incapaces de responder ante ello.
– ¿Demasiada gente viviendo en la calle?
– En Caritas Gipuzkoa hemos atendido a 1.216 personas sin hogar en nueve meses. Sí, son muchas. Vemos diferentes perfiles y situaciones. Hay quienes se encuentran en esa situación de manera intermitente, pero según los últimos recuentos habría en Gipuzkoa del orden de más de 500 personas viviendo en la calle, casi 600, si tenemos en cuenta a quienes ocupaban el instituto de Martutene.
– ¿Qué opina del desalojo?
– El sinhogarismo es el último peldaño en la exclusión. Creo que una buena política para abordar la cuestión ha de pasar por estudiar caso por caso y atender de forma diversa los diferentes perfiles. Evidentemente, para ello hay que destinar e invertir recursos. En el desalojo de Martutene creo que se está queriendo actuar así, pero me da la impresión de que a los desalojados no se les está ofreciendo una solución sólida de futuro que atienda a sus perfiles y aborde con garantías que salgan del sinhogarismo.
– ¿Por qué lo dice?
– Porque se ha ofrecido una salida más bien de emergencia, pero no hay un plan de futuro porque son personas que fundamentalmente no tienen papeles, en muchos casos ni siquiera el empadronamiento. Hablamos de problemas migratorios muy serios que van más allá de lo local y que el Ayuntamiento no puede solucionar. Es una cuestión más a nivel estatal o incluso internacional.
– El Ayuntamiento de Donostia ha pedido colaboración a otros municipios de la comarca.
– La solución no es fácil. En Gipuzkoa el problema de sinhogarismo se concentra especialmente en Donostia, pero insisto en que esta realidad trasciende lo local. En gran medida, porque el sinhogarismo está bastante vinculado al problema de la inmigración de la mano de personas en situación administrativa irregular. Dicho esto, es importante diferenciar diferentes perfiles ya que en situación de calle hay grupos de jóvenes migrantes que nada tienen que ver con otros grupos con enfermedades crónicas, adicciones y problemas psiquiátricos. Cada uno requiere de una respuesta desde su necesidad.
– ¿Por qué Donostia se ha convertido en el municipio vasco con mayor proporción de personas sin techo?
– Porque, quizá, el perfil de los sintecho sea un poco diferente al de otras zonas. En Donostia la mayor parte de personas en situación de calle son jóvenes varones migrantes sin papeles –también algunos refugiados políticos– que están aquí con un horizonte más bien transitorio. Su sueño es instalarse en Francia o en otros países de Europa. Muchos de los que están en esa situación han venido «devueltos» de Francia y, de momento, esperan aquí al momento de volver a cruzar la frontera.
– ¿Esa es la razón de que haya aumentado tan llamativamente el número de personas sin hogar?
– En general, ese perfil del migrante es el que eleva la proporción de personas en situación de calle entre nosotros, por la cercanía a la frontera. Tienden además a ir a los núcleos de población donde hay más oportunidades, más gente, más vida que en pequeños municipios. Es un tema complejo que ha de ser abordado no solo a nivel local, sino a nivel territorial, a nivel de comunidad autónoma y a nivel estatal e internacional. Y mientras tanto, hemos de buscar soluciones, aunque sean transitorias.
– ¿Por ejemplo?
– La pobreza se combate con decisiones políticas decididas e invirtiendo recursos. Es cuestión de prioridades. En ese sentido, creo que la ciudadanía es favorable y no tiene inconveniente en que se inviertan más recursos en paliar la pobreza y la exclusión. Hay informes serios que así lo recogen.
– La vivienda continúa en el centro de las preocupaciones ciudadanas. ¿Con qué efectos?
– Se está cebando con todos los que no son propietarios, especialmente con los que tienen menos medios de subsistencia y menos redes de apoyo. En ese sentido, la población migrante que vive y trabaja entre nosotros tiene los medios muy justitos para sobrevivir y, a diferencia de muchos autóctonos, además de no disponer de recursos, frecuentemente no tiene tampoco redes familiares y de apoyo suficientes.
– ¿Cuál es el mayor desafío al que se ha enfrentado como obispo desde su nombramiento?
– Los mayores desafíos para un obispo son los que tienen que ver con las cosas de casa, con que la Iglesia pueda cumplir su misión en el mundo. Me preocupa la vida de la comunidad cristiana y la transmisión de la fe en medio de una sociedad que decimos ‘secularizada’. La sociedad ha cambiado mucho en los últimos decenios y la Iglesia se tiene que situar ante un horizonte lleno de desafíos, en una situación de minoridad y también de debilidad respecto a lo que fue antaño.
– ¿Las navidades se han convertido en mero consumismo?
– Yo diría que el consumo en exceso embota la mente y distorsiona el significado verdadero de la Navidad. Pero la Navidad es fuerte. Es testaruda. Su luz no se deja apagar. La Navidad entre nosotros es una fiesta de gran arraigo: una fiesta muy familiar en la que recordamos el nacimiento de Cristo y, con él, la posibilidad de una nueva humanidad que nace del amor. Es un sueño precioso. Para muchos es realmente todo un proyecto de vida por el que vivir. La humanidad y la sociedad perderían lo mejor de sí mismas si olvidan la fuerza de esta luz.
– Hernani se ha quedado sin cabalgata de Reyes por falta de relevo generacional entre el voluntariado. ¿Un síntoma de los nuevos tiempos?
– El tema del relevo generacional afecta a todo. Nuestras sociedades envejecen y hay menos jóvenes. Empeñarse en tantas actividades y mantenerlas todas es difícil. Con todo, para organizar una cabalgata de Reyes no hace falta más que la buena voluntad de un grupo de personas y el apoyo de las autoridades locales. Quizá este año conviene dejar en barbecho y al año que viene reanimarse. Yo les invitaría a darle una vuelta y, a los míos, a la comunidad cristiana de Hernani, le invito a que, en la medida de sus fuerzas, colaboren en ello. Si es por ayudar, me sumaría yo mismo a salir vestido de rey mago.
– La falta de relevo también es evidente en las parroquias.
– Sí, es una preocupación, sin duda. Estamos viviendo un tiempo de crisis y de cambio. Creo que si las comunidades cristianas no nos preocupamos de las vocaciones, no habrá vocaciones que se preocupen de las comunidades cristianas. Necesitamos renovar el liderazgo en nuestras comunidades. Necesitamos algunos curas, también religiosos y religiosas, pero, sobre todo, laicos y laicas que tomen la responsabilidad de llevar adelante la mayoría de las tareas y servicios en nuestras parroquias.
– ¿Qué responsabilidad deben adoptar en ese sentido?
– Hemos de vitalizar nuestras comunidades con una mayor corresponsabilidad del laicado, ofreciendo espacios donde también los jóvenes puedan encontrar un lugar para formarse y crecer en su vida espiritual y cristiana. Esto requiere un urgente cambio de mentalidad y un compromiso mayor de algunos en lo que llamaríamos ese ‘liderazgo’. El ambiente general de nuestras sociedades europeas es religiosamente más frío y la fuerza de arrastre de otros valores frente al cristianismo está ahí. Veo necesario que los cristianos fortalezcamos nuestra vida espiritual y creyente, nuestro fervor y nuestra vida celebrativa y sacramental en las familias y en nuestras comunidades.
– ¿Cómo observa la trayectoria del nuevo Papa, León XIV, siete meses después de su elección?
– Es un papa de perfil comunicativo mucho más bajo que el Papa Francisco. No da muchos titulares. Tengo la impresión de que trabaja mucho y discretamente. Supongo que está situándose y planificando un poco la jugada, renovando también los cargos y el gobierno en los niveles más altos de la Iglesia a la vez que atiende las urgencias que son siempre muchas.
– Por el momento no parece prodigarse demasiado.
– Por carácter es más bien del tipo ‘corredor de fondo’ y, al menos teóricamente, tiene tiempo por delante para desarrollar su ministerio. Nos sorprenderá. Todo papado tiene en sí mucha continuidad con los anteriores y una aportación de novedad. Ambas cosas ya asoman en León XIV, pero sin estridencias. Hay que ir viendo y acompañándolo con la oración y la colaboración.
– ¿Cómo entiende que Euskadi sea la comunidad con más personas ateas y Gipuzkoa aumente las aportaciones a la Iglesia en la declaración de la renta?
– En Euskadi hay muchas personas que se manifiestan ateas, pero la verdad es que las encuestas y análisis sociales serios dicen que la mayoría de la población vasca se declara creyente, concretamente, de tradición católica. Es curioso que muchas personas que se declaran ateas, aun siéndolo, valoran positivamente la labor de la Iglesia en muchos ámbitos, y no tienen problema en marcar la casilla de la Iglesia, colaborando así con el bien común. Son los que comprenden la laicidad de una manera constructiva y favorecedora del bien común. Lo mismo sucede con muchos católicos que, además, marcan la casilla que permite destinar voluntariamente parte de los impuestos a ‘otros fines sociales’, colaborando y amplificando la solidaridad que se ejerce desde otras instituciones ajenas a la Iglesia.
– ¿Hay mucha solidaridad más allá de la fe?
– Sí, pero también cierta pasividad y un escaso conocimiento del gran bien que se hace cuando se ejerce el derecho de marcar estas casillas. Mucha solidaridad se pierde al no hacer ese acto consciente a la hora de hacer las declaraciones. Es una lástima porque muchas instituciones del tercer sector, además de la Iglesia, contarían con más recursos para paliar algunos de los problemas que afectan a la exclusión social de los que hemos hablado antes.
– ¿En qué medida está impactando la polarización política en la vida social?
– Nos cuesta aceptar todo aquello que no pase por nuestra particular vara de medir. El reto está en la búsqueda de la armonía que se construye a base de cesiones y de escuchar al diferente. En la Iglesia a esto lo llamamos comunión. Y la comunión es siempre un don y una tarea. Un camino espiritual que todos hemos de recorrer.
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