«Me llevaré el periódico a Brasil para enseñárselo a mi familia»
Cuadrilla de currelas en la A-15. El Diario Vasco regresa a la obra del túnel de Belabieta de la A-15 para reencontrarse con los obreros senegaleses y brasileños, entre cierres de etapa y regresos a casa
Diario Vasco, , 24-12-2025E
l Diario Vasco vuelve a la obra meses después. Los cascos, los chalecos reflectantes y el barro son los mismos, pero el momento es otro. En diciembre, los trabajadores que en julio pusieron voz al papel de la inmigración en la economía guipuzcoana hojean de nuevo aquellas páginas, ahora con un poco más de distancia y con perspectiva. Para los brasileños Jose Otavio Candido y Henrique Carvalho, esta visita coincide con el final de su etapa en Gipuzkoa y el regreso a Fortaleza, su ciudad natal, al noreste de Brasil. Para los senegaleses Babacar Sedikh Camara y Papa Mamadou Vilane, es la confirmación de una rutina que continúa. Entre ellos, el gesto se repite: señalar el periódico, reconocer la foto, comentar quién les ha visto desde lejos. «Me llevaré el periódico a Brasil para enseñárselo a mi familia y amigos», dice Jose Otavio. «Nos llamaron unos amigos de Marruecos porque nos vieron en internet», convienen con una sonrisa los migrantes de la antigua colonia francesa. El retrato resume un año de trabajo, movimiento y de decisiones tomadas desde el tajo.
La escena se repite con naturalidad. El periódico pasa de mano en mano, se abre por la página conocida y alguien señala una foto. No hay sorpresa, pero sí reconocimiento. «Ese soy yo», dice uno. «Aquí estamos todos», apunta otro. «¿Me lo puedo quedar?», preguntan varios. Para Jose Otavio Candido y Henrique Carvalho, los dos trabajadores brasileños, ese gesto tiene algo de cierre. Después de ocho meses en Irun en el caso de Jose Otavio, y algo más de un año en el de Henrique, la etapa llega a su fin. Un día después de esta visita cruzarían el charco para regresar a su país natal. Ambos coinciden en que la estancia en Gipuzkoa ha sido intensa y útil. «Aquí, por lo menos, trabajamos», repiten, como ya hicieron en julio. La idea es sencilla: venir, trabajar y volver con algo ganado. «No es la primera vez que venimos por una temporada para luego volver. Este tiempo nos sirve para ahorrar dinero, y enviar algo a nuestra familia. Además, si no hacemos nosotros estos trabajos, ¿quién los hace?», lanzan los cariocas.
El ambiente es distendido. Durante unos minutos, el ritmo de la obra se detiene. Los cascos de los migrantes africanos y suramericanos, que están a punto de finalizar las obras del túnel de Belabieta, en la A-15, se apoyan en el suelo, alguien se limpia las manos antes de pasar las páginas y otro bromea con la fecha del reportaje. Aparecer en el periódico forma parte del balance de estos meses, igual que el trabajo acumulado, las horas echadas y los planes que ahora se separan.
Imagen – Si no hacemos estos trabajos, ¿quién los hace? Cumplimos, aportamos y estamos bien»
Si no hacemos estos trabajos, ¿quién los hace? Cumplimos, aportamos y estamos bien»
Para los senegaleses Babacar Sedikh Camara y Papa Mamadou Vilane, el momento es distinto. Ellos no hacen maletas. La rutina continúa. Viven juntos en Beasain y siguen enlazando obras, como llevan haciendo desde hace años. «Aquí estamos bien. Trabajamos, aprendemos, cumplimos. Vivimos todos juntos en Beasain. Somos como hermanos», dice Mamadou, casi palabra por palabra como en verano.
Una realidad bien medida
Babacar escucha y completa el relato con la experiencia acumulada. Llegó antes, pasó por otras comunidades, por otros trabajos, por etapas sin papeles. Ahora, la situación es otra. «Aquí enseguida te enseñan si no sabes. Vas aprendiendo», relata. No idealiza el trabajo ni la vida en la obra, pero tampoco la dramatiza. Es un oficio más, con sus reglas y sus tiempos.
En esta segunda visita aparece un elemento nuevo: la repercusión. «Nos llamaron unos amigos de Marruecos porque nos vieron en internet», cuentan los senegaleses. La historia publicada en julio ha viajado más lejos de lo previsto. No cambia su día a día, pero deja una sensación clara: lo que ocurre en esta obra se lee en otros lugares, en otros países, por gente que comparte trayectorias parecidas.
Imagen – Nos llamaron unos amigos de Marruecos porque nos vieron en internet»
Nos llamaron unos amigos de Marruecos porque nos vieron en internet»
En cualquier caso, el alcance de la mano de obra foránea es una realidad que en Gipuzkoa ya está bien medida. Hoy, casi uno de cada diez trabajadores en activo en el territorio es de nacionalidad extranjera: Unas 35.000 personas –un récord histórico que se alcanzó en octubre– sobre un total de algo más de 340.000 afiliados a la Seguridad Social, un 10% del conjunto del mercado laboral guipuzcoano, según datos de la Seguridad Social.
Es una proporción que se eleva de forma clara en sectores como la construcción, donde trabajan los protagonistas de este reportaje. Los datos sitúan a la construcción como el tercer sector con mayor presencia de trabajadores extranjeros en Gipuzkoa. De los cerca de 18.500 empleados del sector, casi 4.000 son de origen extranjero, lo que supone algo más del 21% del total. Fuentes del propio sector lo explican sin rodeos: sin esa mano de obra, muchas obras no saldrían adelante y parte de la actividad quedaría directamente paralizada.
Babacar Sedikh Camara y Papa Mamadou Vilane encajan exactamente en ese perfil. Llevan años moviéndose por distintas comunidades en función del trabajo disponible y hoy encadenan obras en Gipuzkoa. Viven juntos en Beasain y mantienen una rutina estable que contrasta con las etapas más irregulares de su trayectoria. «Aquí enseguida te enseñan si no sabes», repite Babacar, una idea que vuelve a aparecer en esta segunda visita.
Imagen – La idea era venir una temporada, trabajar y volver a nuestro país con algo ganado»
La idea era venir una temporada, trabajar y volver a nuestro país con algo ganado»
En el caso de la construcción, además, la falta de mano de obra tiene efectos directos en los precios. El propio sector reconoce que la escasez de trabajadores explica parte del encarecimiento de los servicios, al existir más demanda que oferta disponible. Es un desequilibrio que se repite en otros ámbitos, como el transporte, donde Gipuzkoa arrastra un déficit estructural de conductores, o la hostelería, que reconoce depender de forma creciente de personal extranjero para poder cubrir turnos y mantener la actividad.
Contrataciones en origen
Ese movimiento individual encaja con una tendencia que durante el último año se consolida en el mercado laboral guipuzcoano. Las empresas del territorio no solo recurren de forma creciente a trabajadores extranjeros que ya están en el país, sino que empiezan a organizar procesos de contratación directamente en origen para cubrir vacantes que no encuentran respuesta local. Construcción, industria, electricidad, energía u hostelería figuran entre los sectores donde esta búsqueda es ya habitual.
Durante 2025, entidades empresariales del territorio como Adegi o la Cámara de Comercio han impulsado programas piloto para atraer trabajadores desde países de Latinoamérica, con procesos de selección previos y formación inicial una vez en Gipuzkoa. El objetivo es cubrir perfiles vinculados a oficios y a puestos técnicos que las empresas no logran completar con mano de obra local. En paralelo, el Gobierno Vasco ha asumido la competencia sobre los permisos de trabajo, lo que ha añadido un nuevo elemento a la gestión de estos flujos laborales.
Las trayectorias de Babacar, Mamadou, Jose Otavio y Henrique se sitúan en ese mismo contexto, aunque hayan llegado por vías distintas. El periódico se cierra y la conversación termina. No hay despedidas solemnes ni conclusiones forzadas. La obra continúa y el turno sigue su curso. El balance del año queda reflejado en esa normalidad: trabajadores que llegan, otros que se van y un mercado laboral que, cada vez más, se organiza contando con ellos.
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