Muere un 'sintecho' en el centro de San Sebastián: «Pasó mucha gente pero nadie se dio cuenta»

Cristian y Santos, dos personas sin hogar, dieron la voz de alerta el martes pasado tras el hallazgo del cadáver de un 'sintecho' en Amara fallecido ante una aparente indiferencia

Diario Vasco, Jorge Napal, 24-12-2025

«Fallece un hombre sin hogar en la plaza Easo de San Sebastián». Fue el titular de una de tantas noticias el martes pasado, a la que apenas se le dedicó espacio. A fin de cuentas había muerto «por causas naturales». Una información escueta y fría, como la de aquella mañana, que sin embargo ha dejado un poso amargo en Cristian y Santos, dos personas sin hogar que estos días han echado en falta un poco más de humanidad. «La gente pasaba por la plaza Easo y nadie parecía darse cuenta de que ese hombre estaba muerto», lamentan.

Ambos viven en la calle, como lo hacía el fallecido, al que ellos veían por la zona desde hacía dos semanas, habitualmente agarrado a su botella de Martini, acostumbrado a sentarse en un banco cercano poco antes de irse a dormir al quiosco.

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Ellos fueron las primeras personas en acercarse a su cuerpo inerte. «Nos habíamos ido a dar una vuelta y al regresar esa mañana me fijé en su mano, amarilla y agarrada a la barandilla. Nos acercamos a él con el temor de que estuviera muerto, y así fue», lamenta Cristian, un peruano de 44 años que inmediatamente llamó a la Ertzaintza.

«Estaba tieso. Incluso costó desprenderle la mano de la valla por la rigidez de su cuerpo. A su lado sólo había un saco de dormir, en el suelo no había ni cartones ni nada. No estaba tapado, se encontraba encima del saco, una noche que hizo frío, y más en un lugar como el quiosco, donde no se puede estar y menos cuando sopla el viento y llueve», detallan ambos.

Cristian y Santos conocen bien los rigores del invierno en la calle, donde residen en lugares que prefieren no desvelar «por cuestiones de seguridad».

«Ya no se podía hacer nada»
El peruano mira su móvil para comprobar la hora exacta en la que se puso en contacto con la policía: 9.11 horas. «La patrulla no se demoró, e intentaron reanimarle pero ya no se podía hacer nada», dice Cristian apesadumbrado. Él y su amigo se han quedado con mal cuerpo porque, se quiera o no, cuando ocurre algo así, todas las personas sin hogar se ponen en la piel de quien ya marchó, y resulta inevitable preguntarse: ¿seré yo el siguiente?

«Pero en este caso, además, es que había fallecido horas atrás, y creemos que de frío», aventura Santos. El ecuatoriano, de 54 años, acompaña a este periódico hasta el lugar exacto donde encontraron el cadáver. «Estaba agarrado así, pero desde el interior del quiosco, al otro lado de la barandilla. El hombre tomaba su alcohol, pero cuando le atendimos no vimos ahí ninguna botella. Para mí que fue el frío el que se lo llevó. Cuando llegó la ambulancia, lo único que pudo hacer es taparle con una manta. Estaba tieso el pobre», dice acompañando sus palabras con el puño cerrado en señal de rigidez. «Había pasado demasiado tiempo. Nos dijeron que se encontraba en rigor… ¿cómo se dice eso? Eso es, rigor mortis».

El quiosquero de la plaza, de espaldas a ese escenario, nada supo de lo ocurrido hasta que llegó la Ertzaintza. Fue entonces cuando se giró y pudo ver también la mano amarilla del malogrado vagabundo, mientras la rutina de aquel martes parecía discurrir sin mayores sobresaltos. El rigor mortis es la rigidez muscular que ocurre en un cadáver tras el fallecimiento, un fenómeno que generalmente se inicia entre dos y seis horas después de la muerte. «Había pasado demasiado tiempo, y lo que nos llama la atención es que la gente pasaba por la calle, y nadie parecía darse cuenta de todo ello. Un señor me dijo: ‘ése hombre lleva muerto desde hace horas’. Y yo le respondí que por qué no había llamado a la policía. ¿No hay humanidad?», se pregunta Santos. «No hay derecho a que la gente muera así. Aunque vivamos en la calle tenemos derecho a vivir y a morir dignamente», defiende.

Creciente tensión
El fallecimiento de esta persona, que se suma a otra ocurrida en similares circunstancias el pasado 20 de noviembre, «que no trascendió», se conoció durante una semana en la que ha vuelto a quedar patente la creciente tensión que suscita esta dura realidad entre las instituciones y formaciones políticas llamadas a darle respuesta.

De hecho, el último Pleno ordinario del año en Donostia estuvo marcado el jueves pasado por el cruce de reproches entre el gobierno municipal y EH Bildu y Elkarrekin Podemos por la atención a las personas sin hogar en los ayuntamientos que gobiernan.

La concejala de Acción Social, Mariaje Idoeta, acusó a la coalición abertzale de «incumplir sus obligaciones legales» en este asunto, lo que «provoca un incremento de la demanda inducida» en la capital guipuzcoana.

El Ayuntamiento de San Sebastián va a destinar en 2026 más de 12 millones a las políticas de inclusión social; ha reforzado el Servicio Municipal de Urgencias Sociales con más personal y ha ampliado, entre otras medidas, el servicio temporalmente para atender a 60 personas procedentes del edificio desalojado de los Agustinos.

Pero nada parece suficiente teniendo en cuenta la verdadera envergadura del reto al que se enfrenta. El Consistorio insiste por activa y por pasiva en que sólo no puede. Reconoce que el sinhogarismo se ha convertido en una realidad social que excede ampliamente de sus capacidades.

Un crecimiento sin precedentes
El último informe del SIIS Centro de Documentación y Estudios, recientemente publicado, ha confirmado un crecimiento sin precedentes en el número de personas que viven en la calle en Gipuzkoa. Los datos reflejan que en el territorio se ha pasado de 149 personas localizadas en 2016 a 524 en 2024, lo que supone un incremento del 252%. El aumento se concentra especialmente en Donostia: de 101 a 466 personas (+361%).

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Los Servicios Sociales de la capital están en una «situación límite» porque «otros municipios se desentienden de su papel y dejan sola a Donostia», llegó a asegurar la portavoz del PSE, Ane Oyarbide. Ambos partidos abogan por un modelo de asistencia a las personas sin hogar «equilibrado y coordinado» para el conjunto de Donostialdea.

Mabel Cenizo, responsable de comunicación e incidencia política de Cáritas, se muestra convencida de que «tenemos una responsabilidad social y moral que no podemos eludir». Cree que es «justo» que Donostia pida la colaboración del resto de municipios. «Es una cuestión de voluntad. El sinhogarismo puede reducirse con una mirada más amplia», defiende.

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