El corajede acogera los últimos
La Vanguardia, , 23-12-2025El desalojo del antiguo instituto B9 de Badalona el pasado 17 de diciembre fue desconcertante. ¿En un estado de derecho, se puede dejar en la calle más de 200 personas sin tener una alternativa habitacional para ellas? ¿Por qué se trata a los inmigrantes como potenciales delincuentes? ¿Cómo es posible normalizar la exclusión en lugar de priorizar la convivencia? ¿Las administraciones públicas, que organizan la sociedad y velan por nuestros derechos, tienen que aplicar la ley de una manera tan poco humana?
Ha sucedido a las puertas de la Navidad. Los padres de Jesús tampoco tuvieron un techo donde cobijarse. En Belén cada uno estaba ocupado con sus cosas y no fueron acogidos. María, la madre de Jesús, “lo puso en un pesebre, porque no habían encontrado ningún lugar donde hospedarse”, según recuerda Lucas, y Juan sintetiza: “ha venido a su casa, y los suyos no lo han acogido”.
Desgraciadamente la falta de acogida sigue repitiéndose por todo el mundo. Encontramos hombres, mujeres y niños abandonados en las tiendas inundadas de los campos de refugiados de Gaza, abrigados del frío entre los escombros de las ciudades de Ucrania, olvidados en los campamentos del Sur de Sudán… o invisibilizados entre cartones y en tiendas en nuestras ciudades. ¡Nunca hubiéramos pensado que no les quisiéramos acoger!
El importante aumento del coste de la vida (un aumento del 38% de los alimentos básicos), la emergencia de vivienda con la dificultad de pagar alquileres e hipotecas, unido al hecho de que cada vez la gente está más sola a la hora de afrontar las dificultades, hace que más personas se encuentren en la calle, incluso teniendo un trabajo. “La exclusión se ha convertido en una posibilidad real para casi todo el mundo, y todos tenemos que estar preparados para enfrentarnos a la inquietud que produce”. explica Zygmunt Bauman en Europa, una aventura inacabada .
Si construimos la ciudad como una comunidad de destino tenemos la responsabilidad de no olvidar y acoger los últimos. Buscar culpables a nuestra insatisfacción o miedos es siempre un camino equivocado. Lamentarse no sirve de nada. No basta con señalar los problemas, hacen falta propuestas y sobre todo sostener a las personas. Se puede hacer personalmente acogiendo a las personas más frágiles y darles una mano. También se puede hacer a través de las organizaciones que trabajan por estas personas. Hace falta un movimiento de toda la ciudadanía que se comprometa a acoger los últimos. Muchas veces basta con poco para cambiar una situación o sostener a una persona.
En la presentación de la guía de la solidaridad, Donde comer, dormir, lavarse, la Comunidad de Sant’Egidio ha vuelto a proponer la creación de centros de baja exigencia para que las personas sin techo tengan un espacio digno donde pernoctar. Hace falta un gran acuerdo de país, convencidos de que acogiendo los últimos empezamos a hacer camino para resolver los problemas de todos. Un acuerdo para que todas las administraciones, como ha propuesto la Sindica de Greuges de Catalunya, asuman su responsabilidad para asegurar los derechos y los servicios básicos para las personas “sin techo” en todo el país. Las administraciones públicas tienen que plantear políticas responsables que den soluciones a los problemas de los ciudadanos.
La “proposición de ley para hacer frente al sinhogarismo y erradicarlo” que se está debatiendo en el Parlament es una oportunidad para dotarnos de una norma que asegure derechos y vele por las necesidades básicas de las personas que viven en la calle. Una ley para los últimos, pionera en el contexto legislativo europeo, que tendría que reforzar los cimientos del estado del bienestar sería un regalo de humanidad para que el 2026 fuera verdaderamente un año nuevo.
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