“Homeless, go home”
La Vanguardia, , 19-12-2025Me he pasado la semana en Madrid. Siempre aprendo cosas cuando voy a la capital. Por ejemplo, que pillarte un hotel en la calle Preciados la semana antes de Navidad igual no es una buena idea. Mejor eso que dormir en un instituto abandonado de Badalona, y que te echen sin sitio adónde ir. Después de “Limpiemos Badalona” le recomiendo al admirado alcalde García Albiol como nuevo eslogan de campaña “Homeless, go home” (Sintecho, iros a casa). No es mía. La leí en Instagram.
Curioso personaje García Albiol. Dicen que no parece del PP. ¿A qué se parecerá, entonces? Adivínenlo. Y sacando mayorías absolutas el tío, porque él sí que conecta con la gente, y planta cara a los delincuentes, porque si son negros y pobres, seguro que son delincuentes. No hace falta ningún juicio, no ves la pinta que llevan. Y el pueblo le aplaude y le vota masivamente. Y él les llena las calles de luces. Y es alto y blanco. Y celebra la llegada de la Navidad bailando. Y baila mal, porque es humano. Y tiene los mejores deseos para estas entrañables fechas, aunque su moral tenga poco que ver con las entrañas y la humanidad. Pero le funciona y lo explota.
La alternativa es más complicada. Intentar convencer a sus votantes de que dejar a la gente que ya no tiene techo sin techo es una putada. Y que no es el mejor ejemplo que podemos dar a nuestros hijos, y menos en estas fechas tan señaladas, en que celebramos que hace 2025 años una mujer embarazada, acompañada de un hombre al que engañaba con una paloma, tuvo que parir en un portal porque nadie le dio cobijo. Y eso que aquel recién nacido venía a salvar al mundo. No me deje ser más demagogo, admirado Albiol, y si está leyendo esto, pare y ponga ya un tuit diciendo lo que está pensando: Évole, llévatelos a tu casoplón. Que como no los tienes al lado, es muy fácil escribir esto desde una mansión. Es verdad. Disculpen. Voy un momento a dar de comer a mis caballos y sigo.
García Albiol compite por tener el árbol más alto de la Navidad española, mientras el alcalde de Vigo sueña con poner luces que den la vuelta por toda la costa gallega, que, como todo el mundo sabe, suma más que la andaluza. Las últimas semanas de campaña de Núñez Feijóo siempre son gloriosas.
Todo es una competición: quién tiene más kilómetros de costa, quién tiene el árbol más alto, quién pone más luces en su ciudad, quién tiene más acosadores, más corruptos, quién echa a más inmigrantes, quién logra parecerse más a la extrema derecha, que es lo que se lleva ahora, como si fuese un tractor amarillo. Y siempre hay algún ultracatólico que se conmueve: hombre, echarlos antes de Navidad, haber esperado a Reyes. Como si esas personas, repito, personas, que dormían en el instituto abandonado de Badalona estuviesen preparando las fiestas, tuviesen el congelador lleno de gambas de La Sirena, estuviesen dando de comer al tió cada noche, o maqueándose para la cena de empresa con la camisa siempre equivocada.
Si la Navidad se ha convertido en un invento consumista, ideal para el capitalismo, no dejemos de reinventarla. Desde el amigo invisible hemos ido sumándole gilipolladas. En Madrid me enteré de la última, aunque se ve que hace años que se hace. La llegada a las casas el 1 de diciembre del Elfo Travieso. Y cada mañana el niño o niña de la casa tiene que descubrir dónde está el Elfo y qué trastada ha hecho. A 15 de diciembre hay padres y madres extenuados por las calles de Madrid. A la nueva tradición le está costando penetrar en Catalunya por la presencia del tronco tió. Tranquilos, cuando se entere Albiol, la hará popular. Qué mejor que un elfo travieso para justificar su política. Pérfido Albiol, feliz Navidad.
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