El mundo no será mejor en el 2026, según vaticina el CIDOB
El centro de investigación de relaciones internacionales de Barcelona cree que la impunidad a las agresiones territoriales y el crecimiento sostenido de la ultraderecha pondrán en jaque a las democracias
La Vanguardia, , 17-12-2025El mundo no será mejor en el 2026. El CIDOB apenas deja espacio para la esperanza en su tradicional nota internacional de fin de año. Las perspectivas no son buenas porque la fuerza se impone al derecho y, por tanto, los estados beligerantes, los que despliegan ejércitos para ocupar territorios que no les pertenecen o forzar cambios de régimen seguirán actuando con total impunidad.
“El 2026 pondrá a prueba la capacidad de los estados para adaptarse a una geopolítica brutal”, ha anunciado Pol Morillas, director del CIDOB , durante la presentación de la nota. Carme Colomina, coordinadora del estudio, fue aún más explícita al constatar que “las esferas de influencia se deciden a cañonazos”.
Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, “simboliza la creciente oleada de estados que se sitúan al margen de la ley”, dice la nota. La violencia crece y provoca un caos en el que ganan los que no deberían. Ganan los agresores porque hay impunidad, ganan los estados que hacen negocios con la paz y ganan también las empresas de fabrican armas.
La paz, por ejemplo, como se ha visto en Gaza, en la República Democrática del Congo y en Sudán, se privatiza. “La diplomacia tradicional ha sido sustituida por acuerdos entre magnates al servicio de lucros particulares”, afirma el CIDOB.
Estados Unidos obtiene un claro beneficio económico en cada acuerdo que fuerza entre rivales que, a pesar de lo que firman, en muchas ocasiones, como sucede en la región congoleña de Kivu, siguen luchando.
El presidente norteamericano Donald Trump considera que el dinero lo soluciona todo, y lo mismo piensan las monarquías absolutistas de Oriente Medio. “Las grandes fortunas de Oriente Medio – dice el CIDOB – se consolidan como los nuevos mediadores en la búsqueda de una paz estratégica y con intereses regionales y globales”.
La diplomacia transaccional condena a la población civil porque se hace de espaldas a sus intereses. Las crisis humanitarias en Gaza, Sudán y la RD Congo lo demuestran.
En este contexto de suma cero, donde solo gana el que más tiene, el gasto militar se dispara. El rearme tecnológico obliga a los estados a fuertes inversiones. Gracias a ellas, en gran parte, los gigantes tecnológicos estadounidenses, como Nvidia, Microsoft, Open AI, Intel y Oracle, adquieren un poder impresionante, tanto por su valor de mercado como porque de ellos depende la seguridad de EE.UU. y otros países. “Bajo la bandera de la tecnología patriótica, varias empresas están privatizando la soberanía estadounidense – explica la nota de CIDOB – . La simbiosis entre capital, estado y ejército seguirá consolidándose en el 2026”.
La capitalización bursátil de Nvidia, Microsoft, Apple y Alphabet/Google, equivale al 50% del PIB de Estados Unidos. El peligro de que este “capitalismo con esteroides” esté hinchando una burbuja especulativa es muy real. Quizás sea la amenaza más grande a la que se enfrentará la economía estadounidense en el 2026.
La gran amenaza para la primera democracia del mundo, que el año próximo soplará las velas de su 250 cumpleaños, serán las elecciones legislativas de noviembre. El autoritarismo de Trump erosiona la justicia y el parlamentarismo.
La popularidad del presidente es muy baja y también lo es optimismo de los norteamericanos sobre la marcha de la economía.
La gestión del próximo ciclo electoral será muy importante para tomar el pulso a la democracia en Estados Unidos, como lo serán también las elecciones regionales en Alemania – donde la extrema derecha puede ganar en varios estados federados – y las municipales en Francia.
Las democracias, en todo caso, están en declive. Según el instituto V – Dem, actualmente, en el mundo hay 88 democracias y 91 autocracias. En el 2024 la proporción era a la inversa.
Por todo ello, Europa, según el CIDOB, está desubicada. No encuentra la manera de enderezar el rumbo en medio de la tormenta. Su desorientación estratégica es muy evidente. No puede hacer frente a la presión de Estados Unidos sobre sus democracias, tampoco a la presión de Rusia en Ucrania y a la de China en sus mercados. La reacción a este estrangulamiento debería ser una apuesta clara por la integración, pero Pol Morillas no cree que vayamos a verla pronto. Los intereses de los 27 aún son muy divergentes.
La paz en Ucrania, por lo tanto, deberá esperar. No se dan las condiciones para que Kyiv ceda más territorio en el Dombás y tampoco para que Moscú renuncie a esta región.
A Trump le gustaría cerrar un acuerdo con Putin, pero a China le interesa que la guerra se alargue. Mal año, por lo tanto, sobre todo para Europa.
La presión económica sobre la Unión Europea agrava aún más las perspectivas de futuro. Al pulso arancelario con Estados Unidos se une la dificultad para comerciar con China de igual a igual.
China se enriquece. Su PIB ha crecido un 40% desde el 2017. Esta riqueza, sin embargo, la utiliza para mejorar sus productos con la esperanza de que las familias prefieran comprar los chinos antes que los europeos. China, en consecuencia, compra menos a la UE, hasta aun 30% menos que en el 2017.
El desequilibrio comercial preocupa a Europa, porque, históricamente ha dado pie a conflictos armados.
En todo caso, Inés Arco, investigadora del CIDOB, considera que es posible establecer una relación comercial constructiva entre China y Europa. No es fácil debido al apoyo financiero y tecnológico de China a la maquinaria militar rusa, pero es posible “porque China nunca le dirá a Rusia lo que tiene que hacer en Ucrania”.
Este razonamiento implica que China hará todo lo posible para que la guerra se alargue, pero no hasta el extremo de tener que imponerla a Rusia.
La ambigüedad es una de las señas de identidad de la diplomacia china. Siempre deja una puerta abierta por la que poder escapar.
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