Iberoamérica se tiñe de azul: los gobiernos de derecha se expanden por el continente

La reciente victoria de José Antonio Kast en Chile consolida un bloque de gobiernos de derecha y extrema derecha, así como el declive de la izquierda

La Razón, Juan Peralta Diana G. Garay, 16-12-2025

“La izquierda retrocede, la libertad avanza. Viva la libertad, carajo”. Con esa frase, y un mapa de Iberoamérica teñido de azul, el presidente argentino Javier Milei celebró

el triunfo de José Antonio Kast en Chile

, presentando la elección no solo como un relevo de poder nacional, sino como un capítulo más de una misma historia regional: la expansión de la derecha en Latinoamérica.

En ese mapa se agrupan hoy, bajo el rótulo de “libertad” y “orden”, gobiernos tan distintos como los de

Milei

en Argentina,

Nayib Bukele

en El Salvador,

Daniel Noboa

en Ecuador,

Santiago Peña

en Paraguay o el propio Kast en Chile, que se proyectan como parte de una misma ola ideológica, con énfasis en la seguridad, el ajuste económico y el rechazo a las agendas identitarias de la izquierda.

Un continente cansado del progresismo

El giro de Hispanoamérica hacia la derecha no puede entenderse sin el agotamiento de la “marea rosa” y de su segunda generación progresista, que hoy tiene sus principales bastiones en México, Brasil y Colombia. Gobiernos como los de

Claudia Sheinbaum, Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro

enfrentan un cóctel de violencia, estancamiento económico y frustración social que erosiona el atractivo de sus proyectos y alimenta la demanda por alternativas de orden y “mano firme”.

Los estudios de opinión muestran que la

inseguridad, la corrupción y el coste de la vida

son las primeras preocupaciones de los ciudadanos latinoamericanos, muy por encima de la agenda de derechos identitarios que dominó el ciclo progresista anterior. Latinobarómetro, uno de los mayores estudios de opinión pública de Iberoamérica, subraya, además, una caída sostenida en la confianza en los partidos, los parlamentos y los gobiernos, lo que abre espacio a liderazgos personalistas que prometen soluciones rápidas, aunque tensionen las reglas del juego democrático.

El proyecto de reforma laboral propuesto por Milei que busca “modernizar el trabajo”

JUAN IGNACIO RONCORONI

Agencia EFE

De la “marea rosa” a la “ola marrón”

El lenguaje de las “olas” no es nuevo en América Latina: a la “marea rosa” de comienzos de siglo le siguió una

primera corrección conservadora

con figuras como Mauricio Macri, Sebastián Piñera o Iván Duque, y luego un nuevo ciclo progresista tras el desgaste de esos gobiernos. La novedad de la actual derecha radica en su composición: ya no se trata solo de centroderechas liberales, sino de un mosaico que va desde el liberalismo radical de Milei hasta el nacional – conservadurismo de Kast, pasando por el autoritarismo securitario de Bukele.

Analistas como

Franco Delle Donne

hablan de una “derechización” de la propia derecha, en la que emergen actores a la derecha de las fuerzas tradicionales, obligándolas a radicalizar sus discursos en migración, seguridad y valores culturales.

Cristóbal Rovira

, desde Chile, el académico de la Universidad Católica, coincide en que se produce una “derechización de la derecha”, más que una opción masiva por una extrema derecha doctrinaria, pero advierte que, en la práctica, ese corrimiento del eje político arrastra el debate público hacia posiciones más duras.

Milei, Kast, Bukele: tres caras de un mismo giro

Aunque muy distintos en estilo, Milei, Kast y Bukele representan para amplios sectores sociales una promesa convergente: restablecer el orden, domar la inflación y poner freno a las “imposiciones morales” del progresismo. Milei lo hace desde un discurso

abiertamente libertario y antisistema

, que reivindica el ajuste drástico del gasto público y la reducción del Estado como condición para salir de la decadencia argentina.

Bukele, por su parte, se ha convertido en referencia regional con su

“guerra contra las pandillas” en El Salvador,

que ha reducido dramáticamente los homicidios a costa de graves cuestionamientos sobre derechos humanos y separación de poderes. Kast, en Chile, se presenta como una variante más institucional de esa misma ola, con un programa que combina ortodoxia económica, conservadurismo valórico y promesas de mano dura contra el crimen y la migración irregular, sin la retórica rupturista de Milei ni los excesos performativos de Bukele.

El nuevo eje con Trump y la batalla cultural

Esta ola latinoamericana de derechas se alimenta también de una corriente global: el avance de fuerzas conservadoras y ultraconservadoras en Europa y

el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

Centros de estudio subrayan cómo la doctrina “America First” se reconfigura en clave hemisférica, dando nueva vida a una versión actualizada de la doctrina Monroe, con énfasis en seguridad, migración y contención de China.

En ese marco, foros como la

Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC)

y el Foro de Madrid han tejido redes entre políticos y partidos de derecha de ambos lados del Atlántico, conectando a Milei, Kast o Bukele con dirigentes europeos y con la ultraderecha española. La apuesta no es solo económica o geopolítica, sino cultural: rebatir lo que describen como “wokeismo”, feminismo radical, políticas de inclusión forzada y agendas LGTBI promovidas por gobiernos progresistas y organismos internacionales.

¿Giro estructural o voto castigo?

La clave analítica pasa por determinar si se trata de un giro estructural hacia la derecha o de un nuevo ciclo de voto castigo contra el oficialismo de turno. Efectivamente, en los últimos años se ha observado un

patrón de castigo a quien gobierna

, independientemente de su signo ideológico, condicionado por la lenta recuperación tras la pandemia, el impacto de la inflación y la crisis de expectativas que atraviesa a las clases medias urbanas.

Latinoamérica

T. Gallardo

La Razón

Expertos insisten en que el verdadero test del giro a la derecha no es quién gana, sino quién logra ser reelegido o mantener su coalición en el poder por más de un mandato. Si proyectos como el de Milei no consiguen mostrar resultados palpables en empleo, pobreza y seguridad, la misma volatilidad que hoy favorece a la derecha podría devolver el poder a fuerzas de izquierda u opciones centristas, alimentando un péndulo cada vez más brusco.

Focos, tensiones y límites del bloque “azul”

El bloque de países que Milei pintó de azul en su mapa —Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador, Bolivia, junto a El Salvador, Panamá, Honduras, Costa Rica o República Dominicana—

no es homogéneo ni está exento de tensiones internas.

Algunos gobiernos responden a tradiciones conservadoras establecidas; otros son proyectos personalistas que descansan casi exclusivamente en el carisma del líder y en resultados rápidos en seguridad.

Además, muchos de estos países, como Chile, mantienen

vínculos económicos profundos con China

, lo que plantea dilemas entre el alineamiento estratégico con Washington y el pragmatismo comercial. Analistas geopolíticos advierten que la derecha latinoamericana deberá decidir si prioriza la narrativa ideológica que la acerca a Trump o la lógica económica que la mantiene atada al gigante asiático, especialmente en materias primas, energía e infraestructura.

La izquierda: bastiones, fracasos y posibles recomposiciones

Mientras tanto, los gobiernos de izquierda que aún resisten en la región ofrecen un panorama desigual. Brasil y México conservan un peso decisivo como potencias regionales, pero arrastran grandes problemas de criminalidad, desigualdad y desconfianza institucional.

Colombia vive un escenario especialmente frágil

, con un Petro debilitado por crisis políticas y dificultades para llevar a cabo sus reformas, en un contexto de violencia persistente por parte de grupos armados y crimen organizado.

A ello se suma el descrédito de los regímenes autoritarios de inspiración socialista, como

Cuba, Nicaragua o Venezuela,

cuya deriva represiva y crisis económicas han erosionado la imagen de la izquierda en el imaginario regional. La eventual transición en Venezuela, presionada por Estados Unidos y condicionada por el colapso social, podría acelerar aún más el desplazamiento del péndulo hacia opciones de derecha o centroderecha, al menos en el corto plazo.

Escenarios abiertos para Hispanoamérica

La apuesta de Milei, Bukele, Kast y otros referentes de la nueva derecha latinoamericana es

convertir esta ola en un proyecto duradero

, apoyado en redes transnacionales, respaldo estadounidense y resultados tangibles en economía y seguridad. Si lo logran, el mapa azul que hoy circula en redes podría convertirse en algo más que una postal triunfalista y cristalizar en un eje liberal – conservador con capacidad de marcar la agenda hemisférica durante una década.

Pero el comportamiento volátil de los electorados, la fragilidad institucional de varios países y las tensiones internas del propio bloque sugieren cautela ante diagnósticos definitivos. Más que un viraje irreversible, Hispanoamérica parece inmersa en una fase de radicalización de la oferta política en ambos extremos, donde la derecha ha encontrado, por ahora, la fórmula más eficaz para capitalizar el malestar social con el progresismo y las promesas incumplidas de cambio.

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