Lo que los ensayos de izquierdas no entienden sobre el ascenso de la (ultra) derecha mundial
No aciertan ni en el diagnóstico ni en la solución: el argentino Franco Delle Donne en «Epidemia ultra» cae en los errores comunes y antepone ideología al análisis
La Razón, , 15-12-2025El crecimiento de la derecha antisistema está alarmando a la izquierda. Parecía que la máquina para fabricar ciudadanos progresistas en la escuela, los medios y la cultura estaba bien engrasada. De repente, o quizá no, hay un par de generaciones que han dicho que están hartas de tanta ingeniería social sin sentido. Fue cuando volvieron los «dioses fuertes», que escribió Reno, basados en la tradición y el patriotismo, con una vocación rebelde evidente. Es lógico que el progresismo se quede tan alarmado como atrapado en la contradicción, porque los mismos que adoran
Mayo del 68
sostienen que ser crítico con el sistema es un problema.
Este shock ha provocado dos tipos de ensayos en la ensayística de izquierdas
: el efímero, basado en la actualidad, y el que busca las raíces para aportar una perspectiva útil. El libro del argentino Franco Delle Donne se adscribe a los últimos.
El autor es doctor en Comunicación, tiene un máster en Democracia y Gobierno, y dirige un podcast titulado «Epidemia Ultra». Delle Donne relata su experiencia de haber llegado a Alemania en 2010, un momento en el que la ultraderecha era marginal, y de observar la sorpresa y la incredulidad inicial de los analistas ante el surgimiento de Alternativa por Alemania (AfD). Para rematar, al ser un argentino de izquierdas, el autor vivió con dolor el triunfo de Javier Milei y de su proyecto liberal en 2023. Parecía que un mundo acababa, y que empezaba otro al que el progresismo debía adaptarse, empezando por su entendimiento.
El libro propone una anatomía del fenómeno de la «ultraderecha» analizando su origen, su evolución y su impacto global, desde sus bases ideológicas en el pensamiento europeo antiliberal, hasta su propagación en el mundo actual.
La tesis central es que la derecha identitaria ha aprovechado las disfuncionalidades del sistema
y las expectativas incumplidas para construir su base sobre miedos y frustraciones, ofreciendo un orden basado en la desigualdad, la exclusión y el autoritarismo, cosas que ya existen en el modelo actual, aunque en sentido inverso. El avance de este fenómeno, dice Delle Donne, se manifiesta en la «normalización» de su agenda y su visión del mundo, contrapuesta a la hegemonía progresista que existía hasta ahora.
«Epidemia ultra» se estructura en cuatro partes que usan un lenguaje médico al tratar a la no izquierda como una enfermedad: el proceso de incubación, los síntomas, las secuelas (cuando la ultraderecha llega al poder) y el tratamiento (ensayo y error). El origen estuvo, dice Delle Donne, en el periodo de entreguerras, cuando Europa empezó a suicidarse con un conflicto mundial. La idea de decadencia por causa del liberalismo, el parlamentarismo y la democracia, frente a la conveniencia de una salida autoritaria, la sostuvieron autores como Oswald Spengler, Carl Schmitt y Ernst Jünger. Lo mismo hizo la izquierda, especialmente desde 1917. Esos ideólogos antiliberales defendieron el papel de las vanguardias en la sociedad de masas en la construcción de comunidades homogéneas, al tiempo que las izquierdas hablaban de la eliminación de las clases sociales y del pluralismo.
Batalla cultural
Tras la derrota del nacionalsocialismo y del fascismo, y la extensión del totalitarismo comunista, apareció la Nueva Derecha (Nouvelle Droite) francesa en los años sesenta, liderada por Alain de Benoist. Este movimiento buscó retomar la lucha contra el liberalismo, enfocándose, asegura Delle Donne, en el rechazo a la igualdad y a los derechos humanos. Su estrategia principal fue la metapolítica, inspirada en la idea de hegemonía cultural de Antonio Gramsci. La metapolítica es un plan a largo plazo para conquistar las mentes y dominar el mundo de las ideas y los significados, adueñándose del «sentido común». Esto podría ser, aunque el autor no lo dice, un acto de la batalla cultural frente a la evidente metapolítica progresista en la enseñanza, medios y cultura, como señaló Daniel Bell.
La Nouvelle Droite se centró en la defensa de la identidad nacional frente a la «invasión» de otras culturas que, aún asentadas en territorio francés y viviendo sus beneficios, exigen el cambio cultural en este país. Para el autor esto es «racismo» encubierto, dentro del etnopluralismo, que postula que la separación entre culturas es deseable y beneficiosa.
Esta «enfermedad» se propagó en opinión del autor a través del populismo, que sirvió para atraer el descontento. Por el libro desfilan Silvio Berlusconi, Matteo Salvini y Giorgia Meloni, que, en su opinión, han utilizado este marco para introducir discursos xenófobos y autoritarios. Pero el gran señalado es Donald Trump, claro, que recogió el malestar de la América profunda hacia la progresista de las grandes ciudades, con su wokismo y su desprecio. Por eso forjó un proyecto basado en la identidad nacional, la tradición y
la recuperación de EEUU como una potencia económica mundial,
y en el rechazo a la imposición progresista de la izquierda norteamericana, a la que vincula con la decadencia del país. La normalización de la ultraderecha a través de
Trump
llevó a que expresiones extremistas, como la alt – right, ganaran una visibilidad inusitada.
Y en esto llegó Javier Milei. Delle Donne, que está en la otra orilla, lo define como un «libertario de derechas» que postula un Estado mínimo y que sacraliza la propiedad privada, al tiempo que ve en el igualitarismo –que no igualdad– un mecanismo de ingeniería social que solo beneficia a la oligarquía corrupta y autoritaria que ha llevado a Argentina a la pobreza.
A partir de ahí el autor habla de las «secuelas» de la enfermedad. Cuando la «ultraderecha» llega al poder se cae en el iliberalismo, con la colonización del Estado, la anulación de la separación de poderes o el acoso a la prensa libre. Delle Donne no habla de la España de Pedro Sánchez, ni de Daniel Ortega en Nicaragua, ni de Estados Unidos o Argentina, sino de Hungría y El Salvador. El autor señala un caso muy desconocido aquí: el de Narendra Modi en India, que gobierna basándose en el supremacismo hindú (hindutva), una ideología excluyente que, inspirada en el fascismo, equipara la identidad nacional con la religión hindú, marginando especialmente a los musulmanes. Modi ha normalizado esta ideología en la política de Estado, utilizando su imagen de «vendedor de té» humilde para contrastar con las élites.
El contagio internacional, señala Delle Donne, procede de una red de «think tanks» (como la Fundación Disenso de Vox, promotora de la «Iberosfera» y el «Foro Madrid», y el Mathias Corvinus Collegium de Orbán) para financiar e impulsar la batalla cultural a nivel global. El ataque a la Agenda 2030 es un ejemplo de cómo la «ultraderecha» unifica su narrativa contra el «globalista» que socava la soberanía nacional y los valores cristianos. La solución «ultra» es el establecimiento de gobiernos autoritarios que recuperen la comunidad nacional. El autor habla entonces de «ilustración oscura» y «tecnoautoritarismo» para referirse a ese movimiento internacional que se extiende desde las redes a la política contra el igualitarismo y la imposición progresista.
Delle Donne, a diferencia de otros ensayistas, no cree que la solución a la «enfermedad» sea el cordón sanitario ni asumir la agenda ultra. Eso es «normalizar» al «ultraderechismo», con sus postulados racistas, misóginos e identitarios, dice el autor.
La clave está en arreglar el sistema
; es decir, acabar con el malestar social y económico, profundizar en el igualitarismo y cumplir las promesas políticas. El autor apunta que es la única forma de desarmar el discurso de la «ultraderecha», que se aprovecha de la frustración y del miedo de aquellos que se sienten perjudicados y desatendidos por el sistema.
Frente a la «epidemia ultra» contra el modelo socialdemócrata, Delle Donne pide más socialdemocracia multicultural, ecologista y feminista, con más gasto público y distribución de la riqueza. Ante el movimiento soberanista y conservador, más globalización e ingeniería social. Si esta es la solución institucional, con más presencia del Estado en todos los ámbitos para que nada se escape, los ciudadanos tienen una misión. El autor propone que la vida cotidiana se convierta en un escenario de la batalla cultural, con la formación de una comunidad sostenida en valores como la justicia social y el pluralismo, siendo intolerantes como los intolerantes –en la paradoja del liberal Karl Popper en «La sociedad abierta y sus enemigos» (1945)–, y exponiendo las verdaderas causas de la desigualdad, en lugar de aceptar los «postulados simplistas de la ultraderecha».
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