«Ayudar es mejor que estar en la calle sin hacer nada»
Voluntarios del centro de inclusión Zubia de Irun colaborarán el domingo con la carrera recogiendo las mochilas de los atletas para llevarlas a la meta
Diario Vasco, , 07-11-2025La vida es como correr una Behobia – San Sebastián. Su trayecto no es llano y mucho menos cuesta abajo. Hay dificultades prácticamente desde la salida y durante su recorrido uno atraviesa por diferentes momentos y estados de ánimo que en ocasiones ponen a sus protagonistas al borde de la retirada. Con el objetivo de que nadie se quede atrás y todos alcancen la meta, desde el pasado año el centro de inclusión Zubia de Irun colabora con la organización de la carrera para que personas en situación de vulnerabilidad participen como voluntarios, recogiendo en la salida las mochilas de los participantes y llevándolas al camión que las transportará luego a la meta de la plaza de Gipuzkoa.
Yassin Rimali, Amir Sayoud, Iñaki Refojos y Manuel Knecht son cuatro de las personas de este centro que en esta edición van a participar como voluntarios en la Behobia – San Sebastián. Cada uno tiene su historia, sus circunstancias y sus anhelos, pero los cuatro reconocen que esta iniciativa «nos ayuda a sentirnos útiles a la sociedad y da visibilidad a la gente que está en nuestra misma situación».
Para Yassin Rimali la vida hasta ahora ha sido lo más parecido a subir el alto de Gaintxurizketa. Nacido hace 28 años en un pueblo del sur de Marruecos, estuvo seis trabajando como mecánico de coches hasta que hace dos decidió salir «en busca de una vida mejor» porque «en mi pueblo no tenía futuro». Así que sin más bultos que una mochila de las que el domingo va a ayudar a cargar en la salida, Yassin emprendió una aventura en solitario que le llevó directamente de Marruecos a Turquía, país que sólo fue el inicio de una larga peregrinación, fundamentalmente a pie, que le ha llevado a pasar por otros once estados en un viaje de «un año y dos meses» por «Grecia, Macedonia, Bosnia, Serbia, Suiza o Francia» hasta llegar a Irun, donde trata de «cumplir mi sueño».
Ese sueño es algo aparentemente tan sencillo como «sacarme el título de mecánica para poder empezar a trabajar aquí. Antes lo hacía en Marruecos arreglando coches, pero no tengo el título así que no puedo trabajar. He pasado por varios países, pero en ninguno me arreglaban los papeles», cuenta Rimali que recientemente participó en la Donibane Lohizune – Hondarribia y que también corrió en otras carreras «más pequeñas», así como «en la Korrika».
Yassin, que por sus especiales circunstancias tiene una estancia permanente en Zubia que le permite pasar la noche dentro de la instalación, se comunica bien en castellano y eso hace que su compañero Amir Sayoud, argelino de nacimiento y que apenas conoce unas pocas palabras del idioma, no se despegue de él. A sus 29 años anhela «trabajar como panadero, que es de lo que trabajaba en Argelia». No quiere contar como cruzó el estrecho de Gibraltar para llegar hace un año a Algeciras, desde donde cogió un autobús que le ha traído hasta Irun. Asegura Amir, que a diferencia de Yassin no ha participado en ninguna carrera, que se siente «bien» ayudando el domingo en la Behobia – San Sebastián. «Es mejor que estar en la calle sin hacer nada», dice.
Pero al centro de inclusión Zubia no llegan únicamente migrantes. También hay personas como Manuel Knecht e Iñaki Refojos, irundarra y donostiarra respectivamente a los que la vida ha unido como esta carrera ha hecho con Behobia y San Sebastián. Ambos están en un bache vital, pero ninguno pierde la esperanza de poder alcanzar la línea de meta.
Iñaki tiene 59 años y, aunque nació en Donostia, se fue con 18 años al Puerto de Santa María primero, para luego viajar hasta Algeciras tras conocer a la que luego sería su mujer y finalmente establecerse en Granada. Padre y abuelo, las circunstancias de la vida le han traído de vuelta a la que un día fue su casa. «Decidí volver para reiniciar mi vida esperando que todo me fuera mejor, pero de momento todo sigue igual», relata un tipo que rezuma optimismo y alegría, pero al que le cambia la cara cuando habla de sus circunstancias personales. Sin posibilidad de ocupar una de las 29 camas de las que dispone el centro Zubia, «esta noche he dormido en las galerías Juan Arana. Ha hecho frío», comenta frunciendo el ceño.
Refojos fue peluquero, pero rápidamente deja claro que está dispuesto «a trabajar de lo que sea. No puedo decir que no a nadie ni a nada porque tengo que buscar alguna manera de salir de la ruina». Participar en esta iniciativa «me gusta porque puedo ayudar y me siento útil. Si no el día se hace muy largo. Estoy contento», asegura.
Su compañero Manuel, de 40 años y del barrio de Ventas por el que pasa la carrera, vive lo que él denomina «una situación complicada» que le ha llevado a tener que dejar momentáneamente su trabajo mientras pone en orden su vida. Sólo tiene palabras de agradecimiento para quienes le están echando una mano ahora que vienen mal dadas. «Agradezco mucho cómo se están portando conmigo los servicios sociales de Irun y el centro Zubia. Ellos me están ayudando a retomar mi camino. Su apoyo está siendo crucial», comenta Knecht que, lógicamente, «conocía la carrera y tener ahora la posibilidad de echar una mano como voluntario es una forma de ayudar a mi pueblo».
El domingo están citados a las ocho de la mañana en la salida junto a otros compañeros. Media hora después comenzará su trabajo. La vida sigue.
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