Juan Dávila, el humorista que más vende en España: "Hay gente que me llama de todo. ¿Si fuera racista vendrían árabes o negros a mi show? Vienen y se ríen"

Era policía, llegó a jugar en Preferente y ahora es el humorista más seguido de España con 'La capital del pecado', que triunfa en directo, camino del Movistar Arena, y en Instagram. Define su estilo como «macarra» y «terapéutico» y lo defiende «en un contexto de humor».

El Mundo, Abraham P. Romero, 28-10-2025

PREGUNTA.La gente se ha enganchado a sus shows, un éxito que le llevará al Movistar Arena, gracias a los vídeos de Instagram, donde acumula tres millones de seguidores.
RESPUESTA.Pero el directo es mucho mejor, más bestia y más cancelable. De hecho he empezado a subir vídeos más light porque me cancelaron tres meses Instagram porque consideraban algunos vídeos de contenido inadecuado.
P.No hay entradas en su web, ni siquiera para verano de 2026. ¿Cuándo explotó todo?
R.No hubo un día, fue progresivo. Los vídeos van llegando a más gente y poco a poco se llenan las butacas. Pero ese estilo macarra lo llevo haciendo 12 años, ha estado siempre ahí. A lo mejor no tan bestia, pero siempre improvisaba y sacaba a gente al escenario. Eso lo llevo haciendo desde 2012 todas las semanas. Empecé en locales, en Getafe, en Parla, para cinco personas, creamos una compañía de improvisación que cerró porque no era rentable… Y en 2021 empecé a subir vídeos porque una amiga me insistió en que era muy loco. La gente se preguntaba “¿de dónde ha salido este tío?”. Bueno, este tío lleva doce años en esto. Al principio iba 60-40 entre improvisación y guion, pero ahora es todo impro.
P.¿Cuánta gente le ha visto en el último año?
R.Una media de 8.000 cada fin de semana. Nunca había pasado esto en España ni en Europa. Lo más parecido es Estados Unidos y Latinoamérica, pero en USA son 300 millones. Aquí no había pasado nunca.
P.Y ahora salta al Movistar Arena, el 14 de enero. También con todo agotado.
R.Sí, y en formato circular, como Metallica hace años. Es lo más grande que he hecho hasta ahora. Rollo americano total. Y se vendió en dos horas a pesar de que pusimos entradas nominativas para evitar la reventa. Podríamos haber hecho otros dos.
P.En una sociedad en la que los límites del humor son tan estrechos, ¿qué le dice que triunfe un show como el suyo?
R.Creo que hay un lugar desde donde se hace y un contexto. No soy yo por la calle o en una red social soltando esas cosas. Es un contexto situacional de humor. La gente se da cuenta que nos estamos riendo juntos de su enfermedad, de su partido político o de su discapacidad. Es una forma trivializar lo que es importante en la sociedad. La gente ahí me lo permite.
P.La gente que sube al escenario tiene unas historias vitales tremendas con las que usted acaba haciendo humor.
R.Es como algo terapéutico. Recibo muchos mensajes de gente con ansiedad o depresión a la que los vídeos le ayudan cada día. Cuando ves a gente con ELA o metástasis haciendo chistes mucha gente dice “¿qué derecho tengo yo a estar puteado porque se me ha jodido la caldera?”. Ayuda a trivializar. En España hay mucha gente enferma y no tenían un lugar donde les tratasen sin condescendencia y sin pena. Es una persona más con la que se puede bromear y a la que no miras con pena. Cuando eres una persona que lleva sufriendo que la traten con pena y que la gente te mire por encima, pues están hasta los huevos.
P.¿Usted tenía ese estilo macarra antes de ser cómico?
R.Siempre se me ha dado bien decir verdades, digamos, y superar límites sin que a la otra persona le sentase mal. En la vida, en mi trabajo de policía, en cualquier sitio. Pero yo de pequeño no era gracioso, no hacía chistes ni era el gracioso de clase, ni mucho menos. Pero se me daba bien tratar con la gente.
P.¿Cómo llega usted a ser policía?
R.Bueno, era un trabajo. Me metí como me podía haber metido a camarero. Se pagaba bien. Pero vamos, cero vocación. Estuve siete años en la BESCAM (Brigadas Especiales de Seguridad de la Comunidad Autónoma de Madrid), fui policía de barrio, de noche en La Moraleja, en bancos, de tráfico… Un poco de todo hasta que en 2012 lo dejé por la carrera de humorista.
P.Jugó en Las Rozas, Santa Ana, Alcobendas… Equipos de preferente o Tercera. ¿El fútbol era su vocación?
R.Sí, el fútbol sí. Me gustaba muchísimo, pero hay que saber aceptar las limitaciones de cada uno. Era lo que más me motivaba hasta que en la universidad, con 21 años, empecé a hacer teatro. De hecho a lo mejor salía de un partido horroroso, que íbamos mal en liga, y a mí lo que más me tranquilizaba era irme a ver teatro. Por eso me apunté a la universidad, escuché una obra en la radio, ‘El Diario de Adán y Eva’ de Mark Twain, y me cambió. Los domingos que estaba jodido me iba a verla.
P.¿Los que jugaban al fútbol con usted qué dicen ahora?
R.Me piden invitaciones, como media España (risas). Se ha convertido en una de las cosas más exclusivas de España y da igual que tengas influencias. No voy a dar ni una puta invitación, la peña me tenía hasta los cojones. He tenido que cambiar el número de teléfono. Recibía decenas de mensajes al día de peña que le pedía el teléfono a un amigo y me escribía. Gente que no me había venido a ver nunca, que hace años les decía que vinieran y nada, no venía ni Dios.
P.¿Cómo lleva la fama?
R.Me ha pillado a una edad que… Me da igual. Ni ayer eras tan malo ni hoy tan bueno. Con 23 años se me hubiera pirado la cabeza. He trabajado el tema de las críticas y los comentarios, he tenido que hacer mucho psicólogo y mucha terapia para estar siempre estable. Porque la gente te escribe cuando estás a punto de actuar y tienes que estar impermeable. Tú piensa que mis vídeos los ve alguien en su casa a las cinco de la tarde, viendo cómo le digo a uno en silla de ruedas “se te ha pinchado la rueda”… En comentarios hay gente que me llama de todo, racista, homófobo… ¿Si fuera racista u homófobo tu crees que vendrían a mi show? Viene todo tipo de gente. Si fuese racista no vendrían árabes, negros… Y vienen, se ríen y forman parte del show. Vino Nico Williams, que es uno de los vídeos más famosos, y la gente decía “¿cómo puede hacer ese chiste a un negro?” (Imitó el acento español de un africano). Lo que he dicho antes, un contexto de humor, la gente viene a reírse de temas delicados y yo voy viendo hasta dónde puedo llegar.
P.¿Tiene límite el humor?
R.Si la persona aludida lo está pasando mal ya deja de ser humor, claro. Pero es que la gente viene con ganas a reírse de sus problemas y de sus aparentes discapacidades. Lo ven como una liberación.
P.¿Cómo lleva las críticas de compañeros de profesión?
R.¿Sabes qué pasa? Que yo siempre he ido a mi bola. Nunca he hecho grupitos ni he tenido que ir detrás de nadie para que me diera curro. No he tenido que estar en esa especie de ghetto que hay, que parece que si no estás ahí estás en contra. Eso no. Dicen “eso no es humor”, “no se prepara nada”… Es una crítica desde la excusa. Y de hecho pasa mucho que cuando empiezas a despuntar te intentan ahogar, pero cuando ya has superado los límites te adulan.
P.¿Van políticos a su show?
R.Que yo me haya enterado, han venido la alcaldesa de A Coruña, del PSG, que pilló por muchos sitios y lo encajó de puta madre, la presidenta de Extremadura, del PP, que lo mismo… Supieron reírse muy bien y descontextualizar la política con respecto al lugar. Pero creo que no vienen muchos, no se atreven.
P.¿Cuál ha sido su peor momento?
R.Pues todas las semanas, la verdad. Ver que tienes 35, 36, 37 años y el resto avanza y tú no. Y te voy a decir el peor. En enero de 2022, hace tres años, cuando en el Arlequín me pasan a las doce de la noche porque a las diez, que era cuando estaba yo, no se podían permitir a un tío que no vendía. Yo había invertido todo el dinero que tenía en publicidad y carteles.
P.Podría haberlo dejado.
R.¿Tú sabes lo que es un tío de 44 años saliendo de su casa un sábado a las once de la noche para actuar en un teatro para 25 personas? Estaba solo. Nadie se enteró. Mi hermana tiene hijos, mis padres están jubilados… Estaban a otra historia. Y yo esas noches no dormía porque no paraba de mirar los puntos de las entradas. Cuando veía dos rojos decía ‘venga, dos más’. Seguía por inercia, por disciplina. Ahí era libre, aunque fuera para 25 personas, porque actúo igual para 25 que para 10.000.

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