Vamos a Sant Antoni
La Vanguardia, , 13-08-2025Como dice Innerarity, todos los retos globales –clima, desigualdad, culturas, migraciones, educación , economía, seguridad, ciencia– se viven en nuestros barrios. Las realidades globales no existen en el escenario global porque no existe este escenario. Lo que sí existen son nuestras ciudades y barrios, y es aquí donde tenemos que plantear el debate y sobre todo la acción política.
Estos días, vecinas y comerciantes de Sant Antoni han expresado preocupaciones vinculadas a la limpieza, el espacio público, la seguridad y el civismo. Compartimos que estos son los ámbitos a afrontar en una Barcelona que ha visto crecer su población y su diversidad en los últimos años y donde impacta, entre otros, un fenómeno que afecta a la mayoría de ciudades europeas:
el sinhogarismo, vinculado a crisis diversas como la de la vivienda, la migratoria, o las de la salud mental y las adicciones.
Hay quien considera que las soluciones planteadas son insuficientes porque no atacan las raíces del problema: la desigualdad y la vivienda. No negaré que estos son los principales problemas, pero su dimensión no nos tiene que limitar a plantear también intervenciones inmediatas. Otros quieren circunscribir cualquier problema al supuesto vínculo entre inseguridad e inmigración, y se limitan a reclamar actuaciones policiales, con discursos que a menudo teatralizan su victimización, y aportan soluciones simples.
Probablemente tenemos que asumir que el mundo es más incierto y que las soluciones también lo son, pero estas tienen que ser compartidas con la comunidad. Y Sant Antoni es un buen barrio con una comunidad magnifica, un buen tejido asociativo y una estructura vecinal y de comerciantes que creen decididamente en su barrio. Su vida, su proyecto vital, está “ pegado” al barrio, en su historia, en su mercado, escuelas, comercios y calles.
Sant Antoni siempre ha sido la frontera de las murallas de la ciudad y eso le ha dado una personalidad clara, reforzada por su mercado. Tiene el mercado dominical de libros viejos y de coleccionistas; acogió combates de boxeo en los años 40; punto neurálgico de componentes y frikis de los ordenadores en los 90 y es tildada últimamente de zona hipster. Un barrio donde puedes encontrar buenos restaurantes y bodegas, magníficas librerías y tiendas de todo tipo. Eso es Sant Antoni.
Es cierto que solo con buenas palabras no es suficiente. Disfrutar de seguridad y un entorno cívico es uno de los valores de la ciudad, por eso incrementamos los efectivos de la Guardia Urbana y realizamos multiinspecciones para detectar y actuar sobre conductas delictivas e ilegales. Pero eso no es suficiente para abordar una realidad que pide una intervención multifactorial, con equipos vinculados a servicios sociales, espacio público y seguridad. Y lo queremos hacer con la gente del barrio.
El objetivo común es proteger y mejorar Sant Antoni, su vida, su personalidad, los proyectos vitales y colectivos, porque estos son los principales activos a preservar. El debate es cómo abordamos los retos globales y las oportunidades en el terreno local, teniendo siempre presente lo que los vecinos y las vecinas nos piden y necesitan.
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