Trump en Escocia: críticas a Europa por la inmigración, negocios, alta política, golf y una 'patata caliente' más para Keir Starmer
El domingo se reunirá con la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el lunes con el primer ministro británico
El Mundo, , 28-07-2025En vida, Mary Anne MacLeod Trump fue el ejemplo del sueño americano. Nació hace 113 años en la aldea de Tong, en las Islas Hébridas, en el Mar del Norte, una de las regiones más pobres del Reino Unido. Su primer idioma no fue el inglés, sino el gaélico escocés, que era el que hablaba en su casa con sus padres y sus nueve hermanos. Cuando le faltaban cinco días para cumplir 18 años, llegó a Nueva York como emigrante.
Dieciséis años más tarde, McLeod se casaba con un promotor inmobiliario llamado Fred Trump. Tuvieron cinco hijos, de los que dos siguen vivos. Uno de ellos, Donald Trump, es el presidente de Estados Unidos, que llegó ayer a Escocia para visitar sus clubs privados, en especial el de Balmedie, situado a unos 20 kilómetros en coche de la ciudad que a finales del siglo XX y principios del XXI fue la capital petrolera de Europa: Aberdeen. Allí, el 13 de agosto, se inaugurarán el campo de golf y el jardín Mary Ann McLeod. El nieto de la inmigrante, Eric Trump, será el encargado de presidir la ceremonia.
Nada más aterrizar en suelo escocés, el viernes por la noche el inquilino de la Casa Blanca arremetió contra Europa, señalando que va hacia el desastre. “Estáis arruinando vuestros países”, afirmó. Se fundamentó en dos cosas: la “invasión” de inmigrantes y los molinos de viento. Instó a que países como el Reino Unido eliminen las turbinas eólicas porque, dijo, afean el paisaje
El viaje de Donald Trump a Escocia, de cinco días, fue anunciado inicialmente como una visita personal, pero ha acabado transformándose en un ejemplo de la fusión entre el poder institucional y el negocio privado que caracteriza a su presidencia. En el centro de la polémica están los dos clubs de golf del presidente de EEUU en Escocia: el de Turnberry y el de Balmedie. Este último, además, se ha visto salpicado por todo tipo de polémicas medioambientales, en especial debido al rechazo de Trump a que se construyera un parque eólico que es visible desde las instalaciones hasta la destrucción, para hacer los campos de golf, de un ecosistema de dunas junto al mar. En el más puro estilo de Donald Trump, las demandas judiciales siguen abiertas. Y el campo de Balmedie registró pérdidas de 1,4 millones de libras esterlinas (16,8 millones de euros).
Pero el viaje no es sólo de asueto. Trump va a tener reuniones oficiales con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen mañana domingo y con el primer ministro británico, Keir Starmer, el lunes, con un enfoque formal en el comercio y la cooperación transatlántica. Para los críticos de Trump, no es más que una confusión interesada del interés público con el beneficio privado.
En el centro de las críticas está el uso de recursos públicos para promover los negocios familiares mientras ejerce funciones oficiales pagadas por el contribuyente estadounidense en un país, Reino Unido, al que va a regresar, esta vez ya en una visita formal de Estado, dentro de apenas ocho semanas. Encima, Trump se va a reunir con Von der Leyen y con Starmer en sus clubs privados, lo que recuerda el intento frustrado de Trump de celebrar la cumbre del G-7 en su resort de Doral, en Miami. En aquella ocasión, la idea no fue a ninguna parte, y la cumbre acabó siendo convocada en la residencia presidencial de Camp David, aunque, finalmente, tuvo que realizarse de manera virtual por la pandemia del Covid-19.
Pero en 2025 Trump no hila tan fino. Para su equipo, reunirse con dignatarios extranjeros en sus resorts no es más que una muestra de su “liderazgo empresarial de nivel mundial”. Para los peor pensados, el objetivo de Trump es lograr que su campo de Turnberry sea elegido por la R&A una de las mayores organizaciones de golf del mundo para ser la sede del Open británico. Trump compró Turnberry en 2014, pero el campo no acoge el Open desde 2009. En 2021, tras el asalto al Capitolio por los seguidores de Trump, la R&A anunció que ese campo no volvería a acoger el Open.
Problema para Starmer
Para Keir Starmer, la cosa es complicada. El primer ministro quiere tener relaciones constructivas con Trump sin comprometer la neutralidad institucional de su cargo. A eso se suma el hecho de que el presidente estadounidense es muy impopular en el Reino Unido. Si bien gran parte de la clase política británica acepta como una realidad inevitable la necesidad de mantener la relación especial con Estados Unidos, el ala izquierda del Partido Laborista está en pie de guerra contra Starmer, a quien acusan de haber impuesto una política de austeridad propia del Partido Conservador, y de haberse sometido a Trump especialmente en la guerra de Gaza, una cuestión muy sensible en el Reino Unido.
Según el diario británico The Guardian, que es el más cercano a ese sector político, Starmer está afrontando una rebelión incluso dentro de su gabinete para que reconozca el Estado de Palestina, siguiendo el ejemplo del presidente francés Emmnauel Macron. Verlo reunido con Donald Trump, que mantiene una identificación casi total con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, puede ser un golpe más en la deteriorada relación del primer ministro con sus seguidores más a la izquierda.
Trump llega a Escocia debilitado y son su popularidad cayendo, en parte por el estallido del escándalo Epstein. Pero al menos tiene un control férreo de su partido y el apoyo total y absoluto del ala más de derechas de sus votantes. Justo lo contrario que Starmer. Por ahora, el espíritu de Mary Anne MacLeod Trump está protegiendo el viaje de su hijo a la tierra de sus ancestros.
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