Errenteria
Una Biblioteca Humana para descubrir la migración Historias.
Cuatro personas de distinta procedencia mostraron sus viajes y sus vivencias en Errenteria para crear conciencia sobre estos procesos
Diario Vasco, , 31-03-2025Abandonar la tierra a la que uno pertenece no es sencillo. Sin embargo, hay situaciones en la vida que empujan a algunas personas a tener que salir de sus hogares. Las razones pueden ser diversas, pero el objetivo por lo general suele ser el mismo, tener una mejor vida.
La Asociación Emigrad@s Sin Fronteras nació con el propósito de posibilitar el acceso al mercado laboral de las personas de origen migrante. En este sentido, y con la colaboración de la Diputación Foral de Gipuzkoa, llevaron a cabo el pasado lunes la actividad Caravana por la cultura, la diversidad y la convivencia en Gipuzkoa. Un espacio en el que «cuatro personas migrantes compartirían su historia a través de una Biblioteca Humana», tal y como destacó Alina Blanco colaboradora de la asociación.
La actividad tuvo lugar en Lekuona Fabrika, lugar en el que se organizaron cuatro espacios para hablar sobre el procesos migratorios. Los protagonistas fueron Nadia Domínguez Pascuales, Ronier Ramos Sánnchez, Said Aboulaich y Fátima Assad (nombre ficticio).
«Estas situaciones no me han impedido seguir formándome, hasta conseguir aportar con mi trabajo»
Las cuatro historias comparten algo, y son las dificultades encontradas en el camino. En el caso de Ramos, «migré desde Cuba hasta Alemania en 2022 para cumplir mi sueño y convertirme en un profesional». Ramos, que trabajó como desarrollador de software en el país bávaro, perdió su empleo, algo que «me imposibilitó mantener el estatus de legal». Por ello, decidió probar suerte en España, lugar en el que «los comienzos no fueron duros».
No obstante, su situación irregular «no me permitía encontrar un trabajo como desarrollador, por lo que estuve bastante limitado», asegura. En este aspecto, recuerda como «estuve viviendo en la calle». A pesar de ello, tal y como destaca orgulloso, «estas situaciones no me han impedido seguir formándome, hasta conseguir aportar con mi trabajo».
En este sentido, Ramos asegura haber logrado uno de sus sueños. «Salir de Cuba es uno de los objetivos de la mayoría de la población que vive allí», afirma. A pesar de ello, «esto es algo que la gran mayoría no se puede permitir, por lo que me siento afortunado».
Además de dejar el hogar, hacerlo con diversidad funcional manifiesta, es algo que puede complicar más la adaptación a un nuevo escenario. Es el caso de Nadia Domínguez Pascuales, procedente de Colombia. Tras una década en Euskadi, Domínguez hace un repaso de su estancia en Euskadi.
A pesar de que en estos momentos «pertenezco al movimiento feminista de euskal Herria, no todo ha sido tan sencillo». En su caso, «superar los prejuicios por ser migrante y por tener diversidad funcional ha sido complicado». En este aspecto, el término de diversidad funcional manifiesta «lo utilizo para desmitificar ese concepto de normatividad, esa fantasía que hemos creado a lo largo de la historia y además también la vulnerabilidad del cuerpo humano».
Por este motivo, Domínguez quiere ser parte de un movimiento que facilite la vida a esas personas que pueden vivir la misma situación que ella. A este respecto, destaca que «e mi activismo político me ha llevado a que me convierta en una interlocutora política de las mujeres migradas con diversidad funcional manifiesta y trabajo y sueño arduamente para que las mujeres con este perfil tengan una verdadera equiparación de oportunidades que puedan disfrutar del ocio positivo en igualdad de condiciones que el resto de la ciudadanía».
Varios intentos
Además de asentarse en un nuevo lugar, una de las complicaciones puede estar en el camino que hay que recorrer hasta llegar. Es el caso de Said Aboulaich, procedente de Marruecos. Este joven,que en estos momentos estudia euskera y castellano, así como un grado que le permita trabajar.
No obstante, uno de los mayores retos es vivir con hemofilia, una enfermedad hereditaria que causa dolores en las articulaciones. «Esta patología me hacía sufrir en mi día a día, y yo sabía que en Marruecos no encontraría una cura». Por ello, Aboulaich pasó a Ceuta, «para intentar buscar un tratamiento». Lo encontró pero con 12 años «me dijeron que no podían proporcionarme más».
Por ello, primero con un kayak y después con una moto acuática «intenté volver a España para continuar con mi tratamiento». No obstante, Aboulaich no tuvo suerte. Por ello, y con el objetivo de dejar Marruecos, «probé con la ruta de los Balcanes, una de las más peligrosas, pero para mí quedarme en casa era morir cada día», destaca el joven.
Tras un viaje duro, «en el que sentí dolor», Aboulaich se encuentra en tratamiento y con una vida «mucho mejor».
Volver a vivir
Por último, hay historias que demuestran cómo hay personas que tienen la sensación de que no viven. Es el caso de Fátima Assad, nacida en Afganistán y que por amenazas prefiere no desvelar su imagen ni nombre real. «Me casé con 18 años, y estuve viviendo con mi marido en un centro de acogida en Madrid», recuerda. Una vida en la que «no estaba agusto, porque por lo general, en el mundo musulmán se exige la sumisión de la mujer».
En este sentido destaca con dolor que «por miedo no sabía qué hacer o a quién recurrir». No obstante, fue un golpe de su marido el que hizo que los trabajadores sociales le separasen de él. Es por ello que no quiere desvelar su identidad, «por miedo».
Ahora, a sus 29 años de edad, todavía se emociona cuando cuenta su historia. No es para menos. Sin embargo, a pesar de ser una herida que todavía se está curando, destaca que «prefiero sacarlo y decirlo en voz alta». Es precisamente aquí donde ve su futuro, ayudando a esas mujeres que han pasado por su situación. En este aspecto, afirma que «es un camino muy difícil, que a veces parece imposible, pero es algo de lo que se puede salir para poder vivir».
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