Casa para las que no tienen casas
El Centro de Atención Integral Sarrià-Sant Gervasi, del ayuntamiento de Barcelona, atiende a mujeres sin hogar en un edificio cuya ambición arquitectónica se ajusta a la dignidad y pragmatismo de su objetivo
La Vanguardia, , 07-01-2025El problema de la vivienda, debido a su escasez y su coste al alza, afecta ya a amplias capas de la población. Y tiene una manifestación extrema en el denominado sinhogarismo. Es decir, la carencia que padecen las personas sin casa que subsisten a la intemperie. Tradicionalmente, dicha carencia ha tenido un perfil masculino: el del vagabundo a menudo aquejado de adicciones o problemas mentales. Ahora también lo tiene femenino: el porcentaje de mujeres sin hogar ronda en Europa ya el 20% del total.
Entre los recursos del Ayuntamiento de Barcelona para paliar esta situación, en su vertiente femenina, está el Centro de Atención Integral Sarrià-Sant Gervasi, en servicio desde hace alrededor de un año. Se trata de un volumen paralelepipédico con planta baja y dos pisos, construido en seco con estructura de madera y revestimiento de plancha de aluminio ondulado. El ritmo de ventanas es constante, aunque algunas están cegadas. En planta baja, las aberturas correspondientes son de la misma dimensión y en los meses cálidos están abiertas, formando una zona intermedia porticada. Los dormitorios están en las dos plantas superiores, también los talleres y oficinas, y entre ellos se sitúan espacios de relación, con ventilación cruzada y generosas entradas de luz.
Estamos hablando de un equipamiento cuya ambición arquitectónica no se expresa de modo caprichoso, pero sí con dignidad y con la contención y el pragmatismo adecuados al programa del edificio. El centenar de mujeres sin casa que caben en este equipamiento disponen por fin de una, aunque temporalmente (seis meses), tras pasar por diversas penalidades, de exclusión a las drogas o, simplemente, la carencia de afectos y medios.
Por desgracia, las emergencias como la suya no son en nuestra sociedad las únicas relacionadas con la vivienda. Por ello, y dada la escasez de equipamientos, se ven ahora obligadas a compartir la zona porticada, durante las horas diurnas, con hombres sin hogar, en su mayoría migrantes, que al caer la noche la abandonan y regresan a la calle.
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