Los nacionalizados exprés: cambiar de país a cambio de medallas

Cada vez más las potencias económicas captan a deportistas de países pobres para sumar éxitos en grandes eventos con la autorización de los gobiernos

ABC, José Carlos Carabias, 26-08-2024

El éxito olímpico en Italia de sus atletas de raza negra ha avivado una severa discusión sobre el derecho a adquirir la nacionalidad a través del deporte. En el gobierno de Meloni el vandalismo social y racista se ha cebado en especial contra Paola Egonu, de padres nigerianos y medalla de oro en voleibol. Hay mucha literatura y prejuicios al respecto, aunque las nacionalidades en el deporte están ligadas a la emigración y se resume fácil: deportistas de un país más pobre se asocian a otra nación en busca de oportunidades y un futuro mejor. Como la vida misma.

El atletismo, en particular, está lleno de personas que mejoraron su rendimiento, aunque ello implicase cambiar de país. El patrón se repite: un deportista que proviene de un lugar con instalaciones limitadas, poco presupuesto para el trabajo y mínimas herramientas adquiere la nacionalidad de un país europeo o del golfo Pérsico para obtener mayor financiación, pagar a mejores entrenadores y prepararse en instalaciones con más capacitación.

La final de triple salto masculino de los Juegos Olímpicos de París representa el paradigma de este dilema. Hubo tres atletas cubanos en el podio y ninguna medalla para Cuba. De una nación anacrónica salieron tres talentos en espera de una vida mejor. Jordan Díaz, oro, en España; Pedro Pichardo, plata, en Portugal; y Andy Díaz, bronce, en Italia.

Noticias Relacionadas
El éxito olímpico de atletas negros fractura a Italia
El éxito olímpico de atletas negros fractura a Italia
Ángel Gómez Fuentes | Corresponsal en Roma
Dopaje sin castigo en el tenis: Sinner absuelto y Laura Barquero sancionada por el clostebol
Dopaje sin castigo en el tenis: Sinner absuelto y Laura Barquero sancionada por el clostebol
José Carlos Carabias
Los tres escaparon de Cuba a la carrera. Pichardo tenía que viajar en tren durante 18 horas cuando iniciaba su programa de entrenamiento con el preparador que le asignó el estado, Ricardo Ponce, y no su padre, Jorge Pichardo, como quería el atleta.

«En Cuba no tienes opción –ha dicho el saltador portugués–. Si no formas parte del equipo nacional que entrena en La Habana, no puedes ser un gran atleta. En La Habana yo dormía en el suelo, en las gradas del estadio. A veces me daban un poco de pan y café… No lo soportaba más». En abril de 2017, en un viaje de la selección cubana a Stuttgart, escapó. Y no volvió.

Lo mismo para el nacionalizado español Jordan Díaz. «Había perdido la motivación por la situación del país y por las cosas que suceden internamente, en el ámbito deportivo». En un viaje a Alemania con el equipo caribeño, él se quedó en una escala en Castellón. Y se asoció con otro cubano emigrante a España, el exaltador Iván Pedroso, forjador de los grandes campeones del salto Yulimar Rojas o Ana Peleteiro.

Hace casi treinta años comenzó esta deriva de nacionalizados a través del deporte que podría traducirse como la compra o el cobijo social y económico de deportistas de los países más pobres. En los Juegos de Atlanta 1996 no pudo competir con Dinamarca el keniano Wilson Kipketer, favorito al oro en 800 metros y que residía en Dinamarca. Un problema burocrático: el Comité Olímpico Internacional (COI) exigía entonces un periodo mínimo de tres años de residencia en el país de acogida para conceder la autorización de representarlo.

A partir de Kipketer, en los años posteriores, comenzó a producirse la avalancha de nacionalizados. Atletas que por razones fundamentalmente económicas cambiaban su lugar de origen por ser la bandera de otro país. Un triplista portugués pronunció la palabra tabú en el tema de las nacionalizaciones: comprar. «Compraron a un atleta para tener resultados a corto plazo», dijo Nelson Évora a propósito de Pichardo.

Hablando de comprar, pocos países simbolizan esta figura mejor que Qatar, la nación que organizó el último Mundial de fútbol moviendo todo el calendario para evitar el calor del verano en el desierto. Diez de los 26 convocados para la cita nacieron fuera de Qatar. Irak, Sudán, Portugal, Egipto, Bahréin, Ghana, Francia o Argelia estuvieron presentes en la selección del emirato.

Del antiguo y lento proceso de acogida se ha pasado en nuestros días a las nacionalizaciones exprés, una vía extraordinaria que conceden los gobiernos de turno sin tener la obligación de vivir un tiempo en el país o cumplir requisitos extra. Fue el caso, entre otros, del jugador de baloncesto Lorenzo Brown, estadounidense sin vínculos con España que no había jugado en nuestro país, y que recibió la doble nacionalidad del Gobierno a petición de la Federación Española de Baloncesto.

Trece deportistas españoles han participado en los Juegos de París por esta vía. Cabral (balonmano), Reyes Pla (boxeo), Trittel (vela), Jordan Díaz, Maayouf, Yulemnis, Ndikumwenayo (atletismo), Brown, Gustafson (baloncesto), Famera (waterpolo), Sherazadishvili, Mosakhlisvili (judo) y Diallo (gimnasia).

Atletas que se nacionalizaron para cumplir expectativas de progreso en el deporte y esperan no transformarse nunca en el mayor caso de aceptación y rechazo del deporte español: Juanito Muehlegg pasó a ser de nuevo Johann cuando dio positivo en los Juegos de Salt Lake City.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)