La armada del odio
Diario Vasco, , 15-07-2024oincidiendo con el primer cumpleaños de los gobiernos de PPVOX a nivel municipal y autonómico, reflexionaba hace unos días a la luz de los datos del Informe sobre los delitos de odio en España en 2023 del Ministerio del Interior, concluyendo la reflexión con un sabor amargo a la vista de los datos. Un aumento exponencial de este tipo de delitos, destacando el muy alto porcentaje de los cometidos por racismo o xenofobia, más del 60%.
El racismo, ese que en estos últimos días ha revictimizado a más de 6.000 niños y niñas migrantes que están hacinados en los centros de acogida de Canarias. La xenofobia, esa que nos ha hecho olvidar a esos niños poniendo el foco en la limitada y presunta «ruptura» de la coalición PPVOX en algunos gobiernos. Otra vez poniendo el dedo para tapar la luna.
Con independencia de otros análisis sobre el factor de alianzas internacionales, creo que el espectáculo de estos días en España de ruptura de relaciones «autonómicas» de PPVOX es muy limitado y, sobre todo, no es una ruptura ideológica. Al menos la comunión ideológica de PP y Vox en torno a las causas del aumento exponencial del odio en el país creo que no se ha roto. Lo digo porque aún compartiendo que es una buena noticia la salida del poder de Vox de algunos gobiernos, no tengo esperanzas a corto plazo que eso produzca cambios en la política radicalizada del PP en torno a los derechos y libertades, especialmente en política migratoria, feminismo, memoria y derechos LGTBIQ+. A las pruebas me remito. Por citar alguna: ha sido el PP de Ayuso –que no Vox– quien ha recortado los derechos de las personas LGTBIQ+ en Madrid; en los gobiernos «presuntamente» rotos, lo que han salido son las siglas de Vox, pero se quedan los ultras y sus políticas. Y porque el PP sigue gobernando con Vox a lo largo y ancho de España: 114 gobiernos de pueblos y ciudades de España. Además, existe la prueba irrefutable de las palabras de Feijóo que ha manifestado su voluntad de seguir pactando las políticas con Vox. Y lo más importante, que no ha cambiado de enemigo político, que no es Abascal, sino el Gobierno progresista, presidido por Sánchez. Y es que el PP está mimetizado hace tiempo con la ultraderecha en relación a la política migratoria. Esta semana, especialmente, ha usado a los y las niñas migrantes para hacer la peor política en esa carrera infernal de las derechas en España por ser más ultra. Lo digo porque de los casi 6.000 niños y niñas migrantes que están en los centros de acogida, el PP limita su voluntad de acogida y atención a 357 menores. Imposible sentir más vergüenza por tanta insolidaridad. Pero no es sólo eso, puesto que lo rematan con la barbaridad propia de la extrema derecha europea: el ejército, la armada, contra los y las migrantes que huyen de la pobreza y de la violencia. El aumento de este tipo de delitos de odio no es casual, sino que tiene causa, obedeciendo en gran medida al caldo de cultivo a favor de los discursos del odio y permisibilidad que han traído las políticas ultras en gobiernos autonómicos y locales de PPVOX a la esfera pública y en la comunión ideológica de la derecha en torno a la política migratoria.
Quitadas las caretas hoy las derechas quieren silenciar el hambre y el miedo de los migrantes con la armada, dejan a los y las menores inmigrantes hacinados en Canarias, siguen erosionando la red de protección y atención a las víctimas de violencia machista y menguando derechos y libertades del colectivo LGTBIQ+. Creo que somos responsables de haber bajado la guardia, menospreciando al enemigo machista y al adversario racista, al matón que persigue al colectivo LGTBIQ+. De una manera silenciosa pero constante se han colado en el salón de casa con toda la indisimulada intención de devolvernos a las mujeres a la cocina, a las personas LGTBIQ+ al armario, y a las personas migrantes al trabajo precario sin papeles ni derechos, escondidas en los trasteros de sus casas y cobrando salarios indecentes para el enriquecimiento de unos pocos.
Es urgente cambiar el rumbo ante esta emergencia democrática. Los socialistas hemos promovido en el Congreso un acuerdo de país frente a los delitos del odio. En ese acuerdo hacemos falta todas las personas que creemos en la igualdad: hombres a favor de la causa feminista, heteros que traten de igual a igual a las personas LGTBIQ+, gente de aquí que promueva la integración amable de los que provienen de más allá y personas que creemos en la redistribución de la riqueza y la solidaridad como deber ciudadano. Frente a la armada del odio, más orgullo para seguir reclamando visibilidad y defensa de derechos y libertades conquistadas; para denunciar, con nombres y apellidos a los que los cometen, y a los que callan ante la violencia del odio.
Porque lo que estremece es la indiferencia de los «buenos» que decía Luther King. Presuntamente «buenos», añado yo.
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