Derecha, el momento de romper

La Vanguardia, Fernando Ónega, 12-07-2024

Si usted tiene dudas sobre el futuro de la inmigración y sus efectos en nuestras vidas, le puedo facilitar un dato: según proyecciones muy solventes, dentro de 25 años, en el 2050, la población de la Unión Europea será el 5% de la población mundial, y África tendrá 1.300 millones de habitantes más. Salvo que para esa fecha China haya terminado de comprar el continente africano, cientos de millones de sus habitantes habrán tratado de entrar en Europa por cualquiera de las vías que ya utilizan. Entre ellas, y de forma creciente por proximidad, la ruta canaria. La presión de entrada es fácilmente previsible y será difícilmente controlable, por no decir soportable, porque Europa, con casi la mitad del gasto social del mundo, seguirá significando bienestar para quienes no saben qué significa esa palabra. Y si ahora tenemos un problema de difícil solución con la acogida de 6.000 menores y con 70.000 personas que esperan en las costas africanas el momento y los medios para dar el salto, imagínense qué ocurrirá dentro de un cuarto de siglo, que en política es pasado mañana.

Este es el planteamiento de futuro de la cuestión migratoria: después de haber inyectado el germen del Brexit y de la mayoría de los populismos, puede cambiar los equilibrios del mundo. La perspectiva de una llegada masiva confirmará el temor que expresó García Margallo: que acabe con las identidades culturales vigentes. Y no olvidemos el diagnóstico de Amin Maalouf: “Si los árabes que viven en Europa formasen una nación, tendría más habitantes que la mayoría de las naciones de la Unión”. La ventaja será que las migraciones compensarán el déficit demográfico de una España con el índice de natalidad más bajo, y en el 2050 tendrá la población más envejecida del mundo.

Pleno en el Congreso de los Diputados Miguel tellado Cuca gamarra Alberto Nuñez Feijoo
Cuca Gamarra y Núñez FeijóoDani Duch
Ante la trascendencia de la previsión, sorprende e inquieta la cortedad de las propuestas políticas. Resulta que sería ilegal y absurda la intervención de la Armada, pero Pedro Sánchez agranda la polémica al pedir la intervención de la OTAN. Resulta que Unicef pide que no se politice el asunto de los menas , pero pocas cuestiones enfrentaron más a la derecha y a la izquierda en los últimos años. Resulta que la inmigración es competencia exclusiva del Estado, según el artículo 149 de la Constitución, pero ese Estado no tiene fuerza para hacerlo cumplir en Catalunya y el independentismo muestra su cara más excluyente, quizá porque ya se ignoró el mandato constitucional para el pacto que hizo presidente a Pedro Sánchez. Y resulta que la inmigración es la que hace estallar a la derecha.

Opinión personal: con sus pactos autonómicos con Vox, el Partido Popular tiene mucho poder local y regional, más que el PSOE. Pero el precio pagado es altísimo: permitió que la izquierda agite constantemente el fantasma del miedo a la extrema derecha. Mientras ese fantasma siga ahí, Feijóo está condenado a renunciar al centro político, no ganará de forma suficiente en las urnas como le ocurrió hace un año ni encontrará con quién pactar su investidura. Creo que, efectivamente, es el momento de romper. Lo que dice Sánchez: hacer de la necesidad virtud.

Retales

Absurdo. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, y algunos lo ejercemos con vehemencia. Pero cuando la instrucción por posible terrorismo en el caso Tsunami Democràtic termina como lo terminó el juez García-Castellón, es difícil distinguir dónde empieza el error y dónde el ridículo.

Balotaje. La segunda vuelta en las elecciones de algunos países (Francia, sin ir más lejos) tiene una ventaja importante. En la primera, el votante se puede desahogar y castigar al más antipático. La segunda es como una oportunidad que el Estado le da para corregir y elegir con rigor o buscar el interés nacional.

Bloques. Lo que sucedió en Francia confirma una tendencia mundial: los viejos partidos están a la baja. Algunos incluso desaparecen. Están siendo sustituidos aceleradamente por los bloques. Lo malo es que tienden a llamarse frentes.

Extremos. Quizá lo peor del momento político español y europeo es el crecimiento de los extremismos. Puede ocurrir que se les haya perdido el miedo. Pero cuidado: si en las encuestas la gente considera que pueden ganar, es porque cree que valen para gobernar.

Vocación. Si la media salarial del sector público supera en 900 euros la media del sector privado y, encima, la mayoría de los empleos públicos son vitalicios, que nadie se extrañe de las consecuencias: ser funcionario ha sido históricamente la gran aspiración del español.

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