«Queríamos visibilizar el tema de la inmigración y ser más solidarios», dice Ángel de la Cruz
El nuevo cortometraje del cineasta coruñés, que gira en torno a la inmigración y a las problemáticas que acarrea, contó en el elenco con jóvenes migrantes del Marola Fútbol Club
La Voz de Galicia, , 05-07-2024AMarola, el último corto de Ángel de la Cruz (A Coruña, 1963), se estrenó este jueves 4 de julio en A Coruña. La pieza, de veinte minutos de duración y con una fuerte temática social, trata sobre la lucha por la integración de jóvenes inmigrantes que residen en A Coruña.
-¿Cómo es que se interesó por el mundo del cine? ¿Le viene desde siempre?
Pues sí, yo creo que sí me viene desde siempre. Ya pertenezco a otra época. Cuando yo nací, la televisión en España hacía como nueve años que estaba funcionando, y nadie tenía televisión todavía. Para mí, realmente mi primera evasión desde muy niño era el cine. Y además, en concreto (esto lo cuento ahora, pero hoy en día no se podría contar) mi madre se iba de compras al centro y me dejaba en el cine Coruña a los cuatro años, y luego me venía a buscar al salir. Entonces, siempre fui muy enamorado del cine porque era mi forma de evadirme desde muy niño. Lo que pasa es que, claro, en aquella época (ni siquiera después, de adolescente o de joven) no imaginé que me iba a dedicar al cine… Pero al final mi afición me fue llevando, porque yo no me he formado académicamente, por así decirlo. Empecé a estudiar Arquitectura y fue gracias a mi mano para dibujar por lo que realmente empecé a trabajar en el cine y en el departamento de arte. Comencé con cortos, con cosas de la tele, decorados… Luego ya vinieron los largos, y como era una época complicada para trabajar desde Galicia, pues empecé a escribir, para intentar hacer yo mis cortos y poder vivir de esto en el futuro.Y finalmente me gustaron más los guiones que la dirección de arte, y poco a poco fui dirigiendo: dirigí tres cortometrajes, cuatro largometrajes y escribí quince largos hasta la fecha.Ya se puede decir que sí que fue una afición desde muy pequeño.
-¿Por qué se decidió a hacer A Marola?Bueno, la verdad es que esto fue casi casi como si fuera de encargo, entre comillas. El proyecto y la idea de hacer este cortometraje es de un abogado coruñés que se llama Vicente Bellón. Fue él el que me buscó el año pasado. No nos conocíamos, pero amigos comunes le habían hablado de mí, entonces él se puso en contacto conmigo porque quería hacer un corto que hablase de la integración social de jóvenes inmigrantes, jóvenes con problemas… Un poco para poner el punto de mira en los prejuicios que a veces tenemos con gente que no conocemos. Queríamos visibilizar también el tema de la inmigración y ser más solidarios, en una palabra. Él tenía una idea, y a mí lo que me pareció un reto fue precisamente el hecho de que él quería no solamente desarrollar una idea, sino que en esa idea participasen jóvenes no actores, jóvenes inmigrantes que están ahora mismo en Galicia y concretamente en A Coruña. Vicente además es fundador del Club de Fútbol de A Marola, donde juegan muchos de estos inmigrantes. El deporte tiene también mucho que ver con su integración realmente. Él lleva muchos años dedicándose a esta tarea y, por extensión, a hacer el corto y que sus chicos pudiesen también trabajar en él. Y eso es lo que me pareció interesante, me pareció un reto. Además cuando yo empecé a hacer cortos, que fue hace más de 30 años, no me arriesgaba; quería hacerlos lo más clásico posible para que fuesen muy correctos y que los productores confiaran en mí. Cuando fui joven no experimenté lo suficiente. Entonces me llegó esta oportunidad y realmente ahora me apetece probar nuevas formas de narrar. Esto fue un poco experimentación en el sentido de que llegamos a escribir un guion con sus diálogos, partiendo de la idea de Vicente, pero cuando nos hicimos una idea de los chicos que iban a trabajar en el corto ya nos dimos cuenta de que ellos nos iban a aprender estos textos. Entonces. al final decidimos dar un paso atrás, eliminar los diálogos y hacer más bien un tratamiento con una propuesta de interpretación, pero dándoles libertad para que ellos se expresaran e improvisaran la actuación (con ayuda también, hay que decirlo, de actores profesionales que sí están en el corto, como Estíbaliz Veiga, Xoán Pérez o Tito Barbeito).
Pero antes de rodar el corto, yo le dije a Vicente «cogemos una cámara y que nos hablen, que nos cuenten cosas, a ver cómo reaccionan ante ella». Y yo sorprendidísimo me quedé, porque tienen una facilidad, a pesar de que chapurrean… Pero lo hicieron francamente bien y quedó un corto con ese sabor neorrealista, casi. Aunque es una historia de ficción (porque la historia es ficción, lo hemos intentado), es muy auténtico todo lo que sucede en él y todo lo que se dice, porque verdaderamente es real, lo están viviendo día a día.
-¿Qué es lo que usted y Vicente le quieren enseñar al público con esta historia? ¿Qué propósito hay detrás?Pues el propósito es visibilizar un problema real que está ahí (que ya es bastante visible, por desgracia). Al final del corto pusimos unas estadísticas (y esto fue la semana pasada, cuando acabamos de hacer la posproducción), y a día de hoy se nos han quedado obsoletas. Es un problema, queremos incidir y visibilizarlo, sobre todo a las autoridades, que tienen que regularlo. Pero nos sale otro problema: aquí también se necesita gente para trabajar. Hay muchos oficios en los que escasea la mano de obra. Es decir, hasta cierto punto es positivo que venga gente buscando una oportunidad que no podía obtener en sus países. Pero a veces, a gente que no es de nuestra cultura, de nuestra etnia, o que son de fuera, los prejuzgamos. Y eso es en lo que el corto incide: a la gente hay que conocerla más para poder valorarla o cuidarla de alguna manera. Prejuzgar no está bien nunca. Y ser solidarios es la reflexión a la que queremos que la gente llegue después de ver el cortometraje. Hay que intentar ser un poco solidarios con esta gente que, en el fondo, es nuestra historia del pasado. Mi abuelo, en los años 40, lo estaba pasando mal aquí, se marchó fuera y yo no lo conocí. Ahí se quedó. Entonces esa fue también nuestra historia.
-¿Y usted cree que su mentalidad o su percepción han cambiado algo a raíz de hacer este trabajo? ¿Ha aprendido algo nuevo?
Sí, sí, sí. Por un lado está que el hacer cortometrajes siempre fue una escuela. Técnicamente, yo ya aprendo algo. Pero además, humanamente, a mí me ha servido; es decir, el poder relacionarme con esta gente, con estos chicos, ver sus ansias por encontrar trabajo, sus ansias por formarse, sus ansias por aprender la lengua… Algunos en cuatro meses saben hablar español. Yo llevo mucho más tiempo con inglés y bueno, me voy arreglando [se ríe]. Pero no tengo esa necesidad, posiblemente. Esa es la palabra. Y al final conocer gente, sobre todo gente distinta a ti, que viene con otra tradición, que viene con otra cultura, con otras religiones… En fin, con otra etnia, al final te enriquece como persona. Creo que eso es lo bonito. Nunca prejuzgar, sino conocer, abrirnos. Y veríamos que seguramente encontraríamos grandes personas de ese otro lado. A veces, a lo mejor nos parecen hoscos, pero hay que darse cuenta de que están en un país para ellos desconocido, con una lengua que no dominan. Por ende, puede ser timidez. Pero acabas encontrando gente maravillosa. Como en todas partes, siempre hay de todo. Somos humanos, somos humanos todos. Y al final eso es lo que aprendes relacionándose con todo el mundo.
La gente con la que nosotros trabajamos venía principalmente de África, mayormente desde el Magreb; en el conjunto, gente que está saliendo de países en los que no han encontrado su oportunidad. Cuando estuve en Radio Voz con el periodista Pablo Portabales, él me decía: «Yo no sé si no cruzaría también en caso de necesidad»; y le dije: «Pablo, yo tengo la certeza de que lo haría». Es decir, si en mi país no voy a encontrar un futuro para subsistir, pues lógicamente lo haría. Yo creo que hay gente que merece tener esa oportunidad, porque todos tenemos derecho a una oportunidad.
Hay que mezclarse, y cuanto antes lo tengamos claro y saber que eso es el futuro, mejor.
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