Europa: para que la historia no se repita
Si ahora el PP en España u otros partidos conservadores aceptan los votos de la extrema derecha, están contribuyendo a socavar el futuro de la UE en paz
Diario Vasco, , 07-06-2024stos días se celebran elecciones al Parlamento Europeo. Desde que en 1979 se estableciera por vez primera el voto directo para elegir a sus miembros, creo que no es exagerado afirmar que nunca en la historia del proyecto europeo estos comicios han sido tan importantes. Y es que nunca antes ha existido una amenaza tan grave pendiendo como una espada de Damocles sobre este proyecto, sus instituciones, su filosofía y sus valores. En este contexto, y desde una perspectiva histórica, cabe recordar que el proyecto de la Unión Europea, pese a todos sus defectos –que los hay– no deja de ser un pequeño milagro con efectos extraordinarios que no tiene parangón en la historia de la humanidad. Los padres fundadores que lo pusieron en marcha tras la derrota del fascismo en 1945 dejaron de lado sus egoísmos nacionales para encontrarse en una idea: La cooperación política, económica y cultural es el mejor antídoto contra la guerra, además de ser una palanca esencial para la creación de bienestar social.
En estos tiempos, y con la guerra provocada por las ansias imperialistas de un líder autoritario a las puertas de la UE, conviene recordar que la paz en Europa no es y no ha sido lo normal, algo que cae del cielo como lo lluvia cuando hay nubes. Al contrario: Es el resultado de una larga lucha por una idea y su implementación. Y esta idea y sus frutos están en peligro ahora, cuando todos los sondeos auguran un fuerte auge de la extrema derecha populista y nacionalista. Con el recién condenado Donald Trump como indudable pionero y ejemplo a emular, en Europa lo que les une a estos movimientos, por encima de sus diferencias, son dos ejes programáticos básicos: la xenofobia y, sobre todo, la Europa-fobia. Absolutamente todos, de una forma u otra, pretenden si no abolir el proyecto de la Europa unida, al menos despojarlo de su verdadera esencia a través de una fuerte renacionalización de la política europea. Este programa significa un ataque frontal a toda nuestra historia de los últimos 70 años y a los pilares sobre los que se ha construido nuestra vida en paz y bienestar social, dibujando un horizonte oscuro que invoca un retorno a los tiempos más funestos de la reciente historia europea.
Este retorno a los tiempos del odio, del racismo, del machismo y de la guerra desde luego no es inevitable. La sociedad europea de hoy en día es mucho más sólida que la de las grandes guerras entre 1914 y 1945. Sin embargo, creo que hay tres escenarios que hay que vigilar muy de cerca para evitar cometer los mismos errores que muchas décadas antes contribuyeron a facilitar el triunfo de los movimientos fascistas. Remodelando un poco el célebre concepto de Hannah Arendt, el primer escenario podríamos llamar la banalización del mal. Trump lo ha practicado –y lo sigue practicando– a la perfección. Consiste en la permanente repetición de las ideas y propuestas más abstrusas, opuestas a la ética humana y envueltas en un discurso en el que ya no existen límites morales y políticos. Al final de esta cadena se encuentra la idea convertida en agresión física contra el que piensa de otra manera. Hitler y sus acólitos fueron verdaderos maestros en esta tarea. Lograron que su antisemitismo penetrara hasta en los últimos reductos de la sociedad alemana que mayoritariamente se prestó a ejecutar o al menos aceptar el holocausto: ¡Algo habrán hecho! Los jóvenes pijos ricos que se grabaron en la isla alemana de Sylt, emblemático lugar vacacional de la jet-set alemana, bailando y cantando eslóganes como «extranjeros fuera» o «Alemania para los alemanes» demuestran que esta banalización del mal ya no afecta tan solo a los sectores más desplazados y menos educados de la sociedad.
Muy relacionado con este primer escenario hay que vigilar un segundo con el mismo efecto de la banalización del mal: el escenario de la derecha –o del centro-derecha– clásicas. Hitler nunca hubiera llegado al poder sin la ayuda de la derecha tradicional nacionalista alemana y de su idea fantástica de que una aproximación y cooperación con los fascistas permitiría su domesticación. La mayoría de los padres fundadores del proyecto europeo pertenecieron a partidos conservadores de la democracia cristiana. Si ahora el PP en España u otros partidos conservadores aceptan los votos de la extrema derecha o pactan abiertamente con sus representantes, están contribuyendo activamente a la banalización de estos movimientos socavando el futuro de Europa en paz y bienestar.
Y, finalmente, el tercer escenario a vigilar: la actitud de la sociedad civil que somos cada uno de los ciudadanos y ciudadanas europeos conscientes de los peligros que están amenazando a Europa y a nuestro futuro. En los años 30, los fascismos pudieron triunfar también gracias a la inhibición y la pasividad de la llamada mayoría silenciosa. A la vista de la gravedad de la amenaza, la defensa de Europa y de nuestra vida en paz y bienestar ya no puede permitirse el lujo de la cómoda indiferencia. Más que nunca requiere una buena dosis de coraje civil y una actitud combativa para proteger una sociedad abierta con sus normas democráticas y valores humanistas. La historia nunca se repite, pero, por si acaso, tampoco conviene descuidar las lecciones que nos ofrece.
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