Día de la Madre
Tiziana, madre por empeño: "Adoptar a nuestro hijo ha sido como un embarazo de más de seis años. El papeleo fue horrible"
El primer domingo de mayo es una jornada de celebración para muchas mujeres. Con el testimonio de una de ellas, homenajeamos especialmente a las que lo han tenido casi todo cuesta arriba.
El Mundo, , 06-05-2024Tiziana Tallaro y Daniel, su marido (45 y 47 años, respectivamente), acudieron a la primera charla informativa sobre adopciones recién comenzado 2017. Cinco años después, por fin, le pusieron cara y nombre a ese sueño que vivía en la India, un niño de ojos azabaches llamado Rivu. Todavía tuvieron que esperar 15 meses más hasta entrar con él por la puerta de su casa de Madrid. De aquello celebran justo ahora el primer aniversario. “Ha sido como un embarazo de más de seis años”, dice mientras su hijo, de dos años y medio, duerme la siesta.
Esta pareja vivió en una telaraña burocrática, una pesadilla kafkiana en la que el papeleo fue terriblemente engorroso (perdón por el pleonasmo). Ella, italiana, y su marido, alemán, tuvieron que gestionar documentos para los trámites de adopción con sus respectivos países, pese a vivir en España, como los certificados de antecedentes penales (“¿Qué sentido tiene eso?”, se queja Tiziana). Cuando avanzaban un paso, los papeles habían caducado. Y vuelta a empezar.
Esa maraña ‘papelera’ no es ajena a cualquiera que haya emprendido el camino de adoptar, y de hecho, ella es partidaria de procesos rigurosos y garantistas siempre con los menores, pero a ellos se les atravesaron otras piedras que lo ralentizaron todo: cambios normativos tanto en España como en la India; la pandemia (con su cerrojazo a todos los efectos); y, en la última fase, un juez indio poco amigo de los procesos internacionales que puso su expediente siempre a la cola, cuenta. Por suerte, su “final fue maravilloso” y esta es una historia feliz.
La vía ‘natural’ se agotó
Para muchos la adopción es una idea lejana, propia de otras vidas, pero no para Tiziana. De pequeña tuvo casos cerca y ese camino vital le era familiar: “Sabía que algún día formaría parte de mi vida, pero no que se convertiría en mi única vía para ser mamá”, dice. Su marido y ella transitaron primero el itinerario convencional, es decir, el biológico.
Partían con desventaja porque pronto supieron que tenían problemas para conseguir una concepción natural, así que intentaron poner remedio en una clínica de reproducción asistida. Era 2015. Tiziana se sometió a dos extracciones de óvulos. Cinco los fecundaron ‘in vitro’; cinco se los implantaron; ninguno cuajó. Y esto que se escribe apenas en unas líneas es un proceso “muy difícil y muy duro”.“Con el último intento ya tenía la cabeza en la adopción. Por mi propia salud mental, no quería poner más energías en algo que tenía pocas posibilidades de funcionar. De todos modos, la esperanza siempre la tienes. Todas las noches le hablaba a mi tripa”, admite.
La charla "disuasoria"Tener a Rivu en casa ha sido una odisea especialmente en su caso, con la espada de Damocles de la edad acechando también. Durante el proceso de adopción, que avanzaba como un caracol, Tiziana y su marido iban cumpliendo años. Eso obligaba a revisar su certificado de idoneidad. La pescadilla que se muerde la cola. “Llegado un punto optábamos a niños de entre 3 y 6 años”. Bueno. Siguieron. Y sonó el teléfono.
“Nos ofrecieron entrar en una lista con niños más pequeños que habían tenido algún problema menor de salud. Debíamos contestar en media hora. Dijimos que no”, recuerda. Tiziana y su marido, desde el principio, supieron que, con sus redes familiares en Italia y Alemania, la opción de adoptar a un niño con necesidades especiales no era para ellos.
Un par de meses después aquella opción seguía disponible, les dijeron y, pese a las dudas iniciales, aceptaron. Cinco años después de aquella primera charla “disuasoria” sobre el proceso de adopción, cuenta Tiziana, “donde lo ponen todo tan, tan negro”, con tantos papeles a las espaldas, tantas esperas y tantos noes, llegó el primer sí. “Era enero de 2022. Teníamos un bebé de 6 meses. No me lo podía creer”. Ese problema de salud no era más que un hipotiriodismo sin más trascendencia.
Viajaron a la India a conocerlo, incluso sabiendo que no podrían traérselo consigo todavía. Y se enamoraron de él. “Sus ‘mamis’ del orfanato, con quienes mantengo el contacto, eran maravillosas. Me entregaron un niño cuidado y amado”, narra. Y se emociona. Ellas fueron las que entretuvieron ese año largo que Tiziana y Daniel tardaron en traer a Rivu a España con videollamadas clandestinas y fotos.
Hace justo un año viajaron de nuevo. Esta vez fue la definitiva. Pero Rivu no quería ni verlos. Con ellos no paraba de llorar. “Al cuarto día nos miró y sonrió. A partir de ahí, todo ha sido amor. Está siempre pegado a mí, y me encanta”. Lo dicho, esta es una historia feliz.
Los ‘secretos’ de la adopciónLa búsqueda de un hijo cuando nada es fácil tiene muchas sombras. Tiziana las conoce bien. Empezando por la reproducción asistida: “Nadie habla de los fracasos. Siempre te dicen que lo conseguirás, que perseveres. Es muy imprudente y hace que la pena sea más honda cuando no lo logras”.
Sigue: “Adoptamos a nuestro hijo con la asociación Niños sin Fronteras. Fue lo mejor que pudimos hacer. Siempre fueron transparentes sobre los trámites. ‘No preguntéis por plazos para tener un niño porque no os voy a contestar’, nos dijeron”. Tiziana recuerda que otra entidad, sin conocerlos apenas, les aseguró que tendrían un niño en seis meses. Este es un río revuelto donde los escrúpulos a veces no están ni se les espera.
Más melones: la opacidad y cierto tufo racista. “Hay países y agencias intermediarias que no informan sobre el estado de salud de los niños. Sobre todo pasa con los caucásicos. Saben que muchas familias prefieren niños blancos y rubios a los que no tener que desvelar su origen”, sostiene.
Tiziana da todas las trabas vividas por buenas: “Hemos peleado con uñas y dientes por nuestro hijo. Si hubiera sido más fácil, no habría sido Rivu el nuestro. Seguro que habría sido otro maravilloso, pero no él”.
¿Es la adopción el último escalón para tener un hijo?
Muchas parejas transitan por dificultades iniciales parecidas a las de esta pareja, pero no valoran la opción de adoptar. Nagore Uriarte, embrióloga y psicóloga de la Asociación Red Nacional Infértiles explica: “La mayoría de personas con problemas de fertilidad no se plantea la adopción. Proponérselo se suele interpretar como una falta de confianza en su capacidad”. Por eso, suelen afrontarlo como su “última opción”.La resistencia a pasar por este proceso, prosigue Uriarte, se debe a la incertidumbre de lo desconocido. “Las reticencias más habituales suelen ser el miedo a no poder generar un vínculo sano con el niño, si nos rechaza, el miedo a no saber gestionar las necesidades que pueda tener el bebé, la posible existencia de enfermedades, las dudas sobre contárselo o no, etc.”.
¿Cuál es el momento en el que hacen ‘clic’ y vencen sus dudas? Uriarte incide en que no hay reglas: “Hay mujeres para las cuales la maternidad solo se puede iniciar con una gestación, por lo que la adopción no es una opción. En cambio, hay otras que asocian la maternidad más a los cuidados, al vínculo y a la transmisión de experiencias, por lo que adoptar es viable cuando el resto de opciones no son una garantía”, concluye.
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