HISTORIA

Tres siglos de Kant, el filósofo que creó Occidente y está enterrado en la 'enemiga' Rusia

Cuando se cumplen 300 años del nacimiento del autor de la 'Crítica de la razón pura', su mirada sigue presente: Rusia, que alberga cerca de su tumba armas nucleares apuntando a la UE, lo acusa de ser el responsable de la Guerra de Ucrania. Mientras, la Universidad de Jena (Alemania) revisa a su compatriota por su racismo

El Mundo, Darío Prieto, 22-04-2024

Muy cerca de la tumba de Immanuel Kant (1724-1804) hay un arsenal de armas nucleares rusas apuntando a la Unión Europea. Así lo asegura el ministerio de Defensa de Lituania y así lo ha confirmado el ex coronel general ruso Vladímir Shamánov. Allí, en el exclave ruso de Kaliningrado, se puede decir que nació Alemania hace cinco siglos, a través de la expansión del ducado (luego reino) de Prusia desde Königsberg, como se llamaba entonces la ciudad. Por eso, en ese mismo lugar los nazis escenificaron en 1937 un acto consistente en la entrega de una corona de flores, entre brazos en alto, donde descansan los restos del autor de la ‘Crítica de la razón pura’. Y por eso los británicos arrojaron en 1944 unas 480 toneladas de bombas sobre Königsberg, que destruyeron el 40% de la ciudad, incluyendo la universidad donde enseñó el filósofo y los puentes que tantas veces cruzó. Los huesos de Kant, mudos, no pudieron expresar lo que advirtió su dueño: “Hay que luchar contra el siempre creciente poder de la barbarie”.

La última gran paradoja tuvo lugar hace unas semanas: el gobernador del óblast de Kaliningrado acusó a Immanuel Kant de ser responsable de la Guerra de Ucrania. “Está directamente relacionado con el conflicto”, aseguró Antón Alijánov. Sus ideas, añadió el político, han contribuido a “la actual situación social y cultural”, en la que “Occidente ha violado todo acuerdo alcanzado”.

En una cosa acertó Alijánov: en que Kant contribuyó decisivamente a la construcción de la idea de Occidente. Por eso este 22 de abril se conmemora en toda Alemania el 300º aniversario del nacimiento del filósofo, con publicaciones de libros, conferencias y una exposición permanente en el museo estatal de Luneburgo.

No así en su tierra natal, la cual apenas abandonó en un par de ocasiones durante sus 80 años de vida y cuyos habitantes rechazaron en 2018 rebautizar su aeropuerto con el nombre del filósofo, bajo el argumento de que escribió “un montón de libros incomprensibles”, según las palabras de un militar local.No es la única amenaza que se cierne sobre los restos, mundanos y ultramundanos, del pensador. La universidad de Jena, que en su momento intentó sacarle, sin éxito, de su amada Königsberg, ha puesto en marcha un proyecto de investigación sobre el racismo de Kant. Porque, en efecto, él, como Hume y tantos otros coetáneos, también ha sido empujado hacia la rueda de molino de la cancelación.

De todo ello trata ‘Der bestirnte Himmel über mir: Ein Gespräch über Kant’ (‘El cielo estrellado sobre mí: Una conversación sobre Kant’), un libro dialéctico entre el filósofo Omri Boehm y el novelista superventas Daniel Kehlmann. Éste se pregunta en un momento “cómo es posible que alguien piense sin prejuicios y al mismo tiempo esté tan profundamente apegado a sus prejuicios”. Kehlmann se refiere a la división que hace Kant de las razas en cuatro grupos, situando a la suya, la blanca, en la cima.

“Es una tontería hablar de razas humanas”, se responde Kehlmann a su propia cuestión. “La raza es una categoría biológica falsa, aunque se haya utilizado desde el principio. Kant debería haber sabido mejor que nadie por qué esta idea de raza humana es errónea. La humanidad no es una categoría biológica. Para mí, éste es el aspecto más repugnante de una declaración racista. Sin embargo, a diferencia de muchas otras personas de hoy, preferiría responsabilizar a Kant por sus propios errores y al mismo tiempo aferrarme a sus grandes ideales. No utilizaría este error para dañar los ideales mismos”.

Kant no fue inmune a uno de sus aforismos: “De la madera torcida de la humanidad no puede salir nada recto”. Por lo que, lejos de debilitar su teoría, sostiene Kehlmann, sus contradicciones lo refuerzan. “Representó un humanismo y un universalismo que pueden ayudarnos a explicar mejor que cualquier otro cuerpo teórico por qué el racismo es malo. Y, al mismo tiempo, se quedó por detrás de su propio saber y escribió tonterías racistas. Es posible tolerarlo, pero tampoco hay que defenderlo. Se podría decir que se pueden aplicar los hallazgos de Newton o Einstein sin que sus defectos de carácter los invaliden. De la misma manera, uno puede aplicar genuinamente sus grandes ideas sobre el universalismo moral y aun así vivir con el hecho de que a veces no las aplicó”.

Boehm, por su parte, señala que “están las declaraciones racistas de Kant y está su humanismo universalista”. Y que el mayor desafío con respecto a su filosofía “no es hablar de la contradicción entre estas dos posiciones, sino afirmar que ambas van de la mano”. No es correcto, pero es necesario abordarlo. “Según una interpretación, los orígenes del racismo están en el universalismo, y esto hace que el universalismo sea imposible”, afirma. “Cuando se habla de ello, se adopta la posición de los hombres blancos europeos y se afirma que es universalmente válida, lo que inevitablemente excluye de esta disposición a todos aquellos que no caen bajo ella y no comparten las mismas categorías de pensamiento”. En ese sentido, “Kant tiene mucho que enseñarnos sobre cómo preservar la dignidad humana, cómo prevenir la colonización y los crímenes terribles que socavan esta dignidad”.En España, Norbert Bilbeny acaba de presentar ‘El torbellino Kant’ (Ariel). Catedrático de Filosofía Teorética y Práctica de la Universidad de Barcelona, y ganador del Premio Anagrama de Ensayo de 1997 por La revolución en la ética. Hábitos y creencias en la sociedad digital, Bilbeny subraya que las aportaciones del intelectual alemán son mucho mayores que sus posibles aspectos criticables. “Sus ideas se reflejan en el pensamiento democrático de los siglos XIX y XX, hasta la actualidad”, sentencia. “¿Cómo se habría redactado la Declaración de los Derechos Humanos sin la influencia del pensamiento ilustrado, en especial de Kant, con su insistencia en que hay un valor absoluto, que es el de la dignidad humana?”, plantea. “De igual forma, sostiene que no hay derechos sin deberes y que la humanidad tiene que ir avanzando hacia una república como federación de todas las naciones”. El hecho de que Kant escriba “desde un cierto etnocentrismo”, señala Bilbeny, debe entenderse desde otro hecho: que, “tal vez, no pueda hacerlo de otro modo; porque no puede saltar sobre su sombra”. Ahora bien, de ahí “a llegar al punto de tildarlo de pensador colonialista…”, deja flotando la frase. “Es como reducir a Heidegger a pensador fascista, a Eugenio D’Ors a pensador totalitario o a Ortega a pensador conservador”. Y pone un ejemplo: “Él era, fundamentalmente, profesor de Metafísica y de Ética. Pero sus clases más concurridas eran las de Geografía. Las cuales daba, ahí es nada, prácticamente sin mapas. Eso suponía que tenía que hacer todos los esfuerzos para informar de otras naciones y continentes, aunque a veces cayese en el ridículo de introducir elementos imaginarios o de carácter etnocéntrico. Pero hay que tener claro que explicar el mapamundi es algo bastante revelador”.

Sobre la casuística de qué pensaría Kant de la “cultura de la cancelación”, Bilbeny afirma que “les daría la razón si esa cancelación supusiera poner las cosas en su justo límite, protegiendo y garantizando los derechos”. Pero si se tratase de “cancelar la sabiduría, la historia o el punto de vista del contrario, se opondría”. Y con vigor.

El libro de Bilbeny comienza con la guillotina cayendo sobre el cuello del rey durante la Revolución Francesa, que Kant aplaudió como ferviente republicano, a pesar de los excesos del Terror. A partir de ahí, intenta conectar su vida y su obra, deteniéndose en detalles como que murió soltero y un año después de haber despedido a su criado, Lampe, quien le sirvió durante cuatro décadas. Lejos de las acusaciones de inaccesibilidad, el catedrático barcelonés lo defiende. “Cuando hablo de Kant lo hago siempre en presente. Porque la filosofía es siempre actual”, proclama. “Me interesa destacar de sus reflexiones esta primacía de lo razonable por encima de lo emocional y de los intereses de la política. Además, su concepción de la mente tiene aspectos que pueden resultar interesantes a los neurocientíficos. Es decir, esa mente capacitada para pensar con el máximo de independencia respecto de lo que vemos”. O, tomando una de sus expresiones más señeras, el “a priori”. El sujeto humano, abunda Bilbeny, “es capaz de ponerse críticamente a la mayor distancia de sus objetos, y eso es lo que le proporciona la capacidad para juzgar, para encontrar conclusiones desde un afán de objetividad”.

Otro de los aspectos biográficos que resultan centrales en ‘El torbellino Kant’ es el origen del filósofo. “Su filosofía ética se basa en su experiencia en casa, con sus padres: gente sencilla, que trabaja curtiendo pieles, que cumple su palabra, que paga lo que debe… Esa experiencia de buena voluntad se justifica con el imperativo categórico”. Éste adquiere la forma de varias formulaciones. La más básica: “Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal”. La que nos atañe a los humanos: “Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio”.

“Esto introduce un elemento de respeto por la otra persona y también por uno mismo”, analiza el catedrático. Lo cual puede ser una ayuda en la vida diaria “de muchos jóvenes que son tóxicodependientes, o están frustrados o se autolesionan”. A ellos, Kant les dice: “No te trates como un medio, sino también como un fin”.

De igual forma, otra aplicación práctica residiría en la conciencia autoexigente, señala Bilbeny. “Hoy buscamos la máxima comodidad y el mínimo esfuerzo”, lamenta. “No hay más que ver que el centro de las casas es el sofá. O la importancia del líder en los partidos políticos. Alguien que piense por ti. Pero lo valiente, lo autónomo, lo inteligente es andar solo, por tu cuenta, pensando, sin buscar paraguas protectores”.

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