El comedor social de Pontevedra bate el récord más triste: «Damos hasta 207 bocadillos al día, es una barbaridad»
El número de usuarios de las instalaciones se ha duplicado y cada mediodía acuden a buscar comida tanto personas que viven en la calle como familias con hogares que no pueden sobrevivir sin la caridad
La Voz de Galicia, , 29-01-2024«Esto es una barbaridad. Ayer [por el jueves] repartimos 207 bocadillos para que la gente tenga para cenar…. es una cifra impresionante». El que habla así es el padre Tito, el hombre que desde hace dos años lleva las riendas del comedor social de San Francisco, es decir, del lugar de Pontevedra al que acuden las personas sin hogar y otras muchas que, aún teniéndolo, necesitan de la caridad para alimentarse. La cifra aportada por el padre Tito es una bofetada en toda regla. Porque lo habitual hasta hace poco tiempo era que en los días de más afluencia como mucho se requiriese comida para ciento y pocas personas. Nunca más de 200. Pero las cosas, tal y como se puede ver a pie de comedor, han cambiado bastante tanto a raíz de la pandemia como con la inflación y la llegada cada vez más abundante de migrantes sin permiso para trabajar que se ven abocados a tirar también del comedor.
Antes de que el padre Tito se pusiese al frente del comedor, cuando todavía comandaba este servicio el padre Gonzalo, este solía afirmar que, fuese la economía como fuese, ellos siempre contaban para comer con los llamados «pobres crónicos», que en su mayoría viven en la calle o en infraviviendas. De hecho, hay algunos usuarios que llevan más de dos décadas yendo cada mediodía a comer a San Francisco. Estos comensales continúan acudiendo actualmente, aunque algunos desistieron de hacerlo cuando, al principio de la pandemia, se cambió el sistema y en lugar de comer sentados a la mesa se estableció el reparto de táperes, un sistema aún vigente.
Pero luego, más allá de esos «pobres crónicos», están quienes no viven en la calle pero necesitan igualmente de la caridad para comer. Y estos son los usuarios que se han disparado en los últimos tiempos. Según los datos que aporta el padre Tito, son muchos los migrantes que se acercan al comedor a pedir comida porque tras llegar a Pontevedra quedan en una situación de asfixia económica, ya que la mayoría no cuenta con papeles para poder acceder a un contrato de trabajo y las ocupaciones que encuentran son, por tanto, en negro y en precario. También acuden familias que aún trabajando o cobrando alguna prestación no logran sacar dinero para la alimentación por el encarecimiento general de la vida. En estos casos se les permite que acuda un miembro de la familia y que lleve comida para más personas, incluidos niños, lo que hace también que los usuarios aumenten.A quienes acuden al comedor se les dan raciones de comida en un táper para el mediodía y también un bocadillo —o los que necesite, según el número de comensales— para que puedan cenar. Igualmente, si hay donaciones suficientes, se les añaden productos no perecederos para que puedan cocinarlos.
(Puede haber caducado)