Manos tendidas y pobreza

Diario Vasco, Patxi Aizpitarte Delegado diocesano de Cáritas Gipuzkoa, 17-11-2023

l domingo nos haremos eco de la Jornada Mundial de las Personas Pobres instituida por el papa Francisco en 2017, una cita que se va arraigando en nuestras comunidades cristianas y el conjunto de la Iglesia. El lema escogido en esta ocasión es ‘No apartes tu rostro del pobre’, entresacado del libro bíblico de Tobías, que el Papa califica como fascinante y lleno de sabiduría.

Es posible que haya quien piense que la pobreza es una realidad social en vías de superación, si no de extinción. De hecho, algunos informes apuntan a que el 92% de la población vasca disfruta de un buen nivel de bienestar (el 75% viviría en niveles aceptables y el 17% notables) y solamente el 4% estaría en situación de pobreza real. Es verdad que el esfuerzo empresarial, profesional, laboral, de las administraciones e instituciones públicas desde hace décadas es realmente decisivo en la lucha contra la pobreza y el logro de estándares de bienestar a nivel de los países europeos más avanzados. Sin embargo, hay personas sumidas en una existencia indigna que no querríamos vivir.

Las entidades que trabajamos en el llamado ‘tercer sector’ constatamos cada día que la precariedad, la pobreza y la exclusión socio-económica son una realidad aquí mismo. Aunque buena parte de la población tenga satisfechas sus necesidades básicas y goce de un nivel apreciable de bienestar, un colectivo apreciable de personas y familias, con rostros personales y concretos, siguen apartadas de la mesa del bienestar, luchando por salir de la calle o tratando de encontrar su lugar en nuestros pueblos y ciudades, por formarse y capacitarse, encontrar trabajo y regularizar su situación, poder acceder a una vivienda y desarrollar un proyecto vital. Frecuentemente tienen rostro de inmigrantes magrebíes o subsaharianos, rostro de jóvenes sin hogar o privados de libertad, rostros femeninos, de mujeres decididas y audaces venidas del otro lado del Atlántico, rostros de personas adultas que la precariedad endurece.

Esta pobreza se multiplica y adquiere una dimensión verdaderamente preocupante si miramos al conjunto del mundo que compartimos. Por eso, afirma el Papa, «un río de pobreza atraviesa nuestras ciudades y se hace cada vez más grande». A pesar de ello, podemos inmunizarnos frente a la pobreza al abrigo de la «cultura de la satisfacción», miope e indiferente; por una cierta «fatiga solidaria» e, incluso, por una dosis de «aporofobia» latente. La realidad virtual tampoco ayuda demasiado, ya que se apodera de la vida real y los dos mundos se confunden con facilidad, haciendo que las personas pobres sean sólo imágenes impactantes, personas de las que pasamos rápidamente de largo cuando las encontramos en carne y hueso, sin tiempo para conmovernos, ni voluntad para mirarles con ternura, saludarles o interesarnos por su situación.

En su escrito sobre la fraternidad y la amistad social, ‘Fratelli tutti’, Francisco vuelve a poner ante nuestros ojos el icono siempre actual del Buen Samaritano, como muestra de lo mejor del espíritu humano. En la parábola queda patente que hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo de la situación y el dolor de los/as demás, y las que pasan. Haciendo una llamada a toda la humanidad y, en especial, a la comunidad cristiana a implicarnos en primera persona, sin caer en retóricas estériles o quedarnos en la frialdad de los números.

En Caritas Gipuzkoa y la pastoral socio-caritativa de nuestra diócesis, un buen número de hombres y mujeres practican la acogida y se comprometen con quienes viven situaciones de precariedad, pobreza y marginación. Son personas voluntarias de parroquias, socios y donantes generosos, profesionales que dan lo mejor de sí. No se limitan a actuar de manera asistencialista, sino que tratan de acoger y escuchar, dialogar y acompañar poniendo a las personas en el centro y prestando atención a sus necesidades materiales, formativas y de promoción. Es necesario continuar con el compromiso político, legislativo y administrativo para que podamos caminar hacia sociedades cohesionadas, inclusivas e igualitarias. Sin embargo, como afirma el papa Francisco, no sirve que la ciudadanía permanezca pasiva, esperando a que todo se decida y llegue ‘desde lo alto’. La solidaridad y subsidiariedad son dos principios básicos del mensaje social que se desprende del Evangelio. Las personas pobres ensanchan nuestra humanidad, sacan lo mejor de cada cual cuando nos empujan a tenderles la mano.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)