En Pontevedra desde mayo y sin cita para tramitar la petición de protección internacional hasta el 2025: «Venía a trabajar, pero estoy estudiando»
La Voz de Galicia, , 09-10-2023fraín Gamboa es una de los miles de personas que este año cruzaron el océano buscando una vida mejor en España. Él, de 39 años de edad, viene de Lima (Perú), huyendo de la delincuencia que sintió en sus propias carnes cuando intentó abrir un negocio. Desembarcó primero en Madrid, el sitio al que previamente habían viajado su pareja y su hija. Pero desde allí, en mayo, se trasladaron a Galicia, un lugar donde les dijeron que sería más fácil encontrar una habitación para vivir. Desde entonces, él y su familia residen en Pontevedra. Está relativamente contento. Dice que salir a la calle con tranquilidad es una sensación tan nueva como maravillosa para él. Pero en este tiempo también se ha dado de bruces con la realidad que viven casi todos los inmigrantes: nada es como imaginaban en cuanto al papeleo y regularizar su situación en el país está resultando complejo. A Efraín, como a tantos recién llegados que quieren pedir la protección internacional, le atendieron inicialmente en la comisaría de la Policía Nacional, donde tomaron sus datos y le aportaron un papel que le permite estar en el país. Le dieron también cita para la entrevista de verdad, en la que se empezará a tramitar su petición de asilo y podrá abrirse la posibilidad de un permiso temporal para trabajar. El problema es que esa cita es para enero del 2025. Por tanto, hasta dentro de un año y tres meses como mínimo podrá estar aquí, pero no ser contratado.
Tras la experiencia de su mujer, que emigró desde Perú a España antes que él, Efraín era consciente de que el asunto de poder trabajar legalmente sería complicado. Pero pensaba que era fácil emplearse «en negro, como le dicen aquí». La realidad a la que se enfrentó es que en el caso de su mujer lo tiene más fácil, porque sí hay trabajo cuidando mayores o limpiando casas, pero para hombres «en cuanto dices que no tienes papeleo no hay posibilidades». Reconoce que llegó a venirse abajo emocionalmente cuando se dio cuenta de que le queda una larga travesía hasta que pueda optar a algún contrato laboral. Y que ahí fue clave el apoyo moral que recibió de la oenegé Boa Vida, donde le indicaron que lo que está viviendo es una situación habitual y le ayudaron a buscar alternativas para pasar este tiempo de espera.
Los inmigrantes apenas encuentran formas de entrar en Galicia legalmenteCARLOS PUNZÓN
Efraín cuenta que él y su mujer trazaron un plan. Ella está combinando varios trabajos de limpieza y de cuidados de mayores. Y él se está encargando de su hija y ha comenzado a estudiar. «Vine a España para trabajar y he acabado estudiando, así es», señala. Como había hecho estudios secundarios en Perú, donde en su día incluso comenzó una carrera universitaria, logró homologar sus títulos y acceder a un ciclo superior de Formación Profesional. «No puedo creer que esté estudiando de nuevo. En Perú tienes que tener recursos para hacerlo. Me hace ilusión, me gustaría trabajar mejor que estudiar, pero también quiero formarme. Encontrar esto fue una bendición porque no sabía cómo iba a estar estos dos años sin hacer nada», señala Efraín.
Está cursando Sistemas Electrotécnicos e Automatizados con el objetivo de que cuando su situación esté regularizada y pueda acceder a un contrato en España tenga más posibilidades de encontrar trabajo: «Me dicen que si logro sacar este ciclo se me abrirán más posibilidades, me está pareciendo duro, porque llevaba muchos años sin estudiar, pero lo voy a intentar», indica.
¿Cómo subsiste la familia, mientras tanto? Están tirando del dinero que gana su mujer y viven en una casa compartida. Están agradecidos porque desde distintas entidades benéficas les apoyaron, dándoles alimentos para ir tirando en los momentos más difíciles. Citan a Cruz Roja y a Cáritas. Y Efraín remacha: «El inicio es duro, como me habían contado. Pero no me arrepiento de venir. En Pontevedra hay tranquilidad y eso es algo que no se cambia por nada. Ojalá llegue pronto el día que pueda trabajar».Boa Vida, que le da apoyo a él y a otros inmigrantes, dice que el proceso es «moi, moi duro»
En la oficina de derechos y deberes de la entidad Boa Vida le ponen un adjetivo al proceso por el que pasan los inmigrantes que se quedan a vivir en España de forma irregular, es decir, la gran mayoría: «É moi, moi duro», dicen con una sola voz. Explican que la opción por la que optan casi todos es la petición de protección internacional, aunque a la mayoría se la acaban denegando. Pero es una forma de ganar tiempo en el país hasta que pueden lograr regularizar su situación por la vía del arraigo social —como mínimo tienen que llevar aquí tres años— o del arraigo laboral —tienen que haber vivido aquí dos años como mínimo y haber estado contratado para un trabajo al menos seis meses—.
¿Qué proceso pasan las persona que, como Efraín, quieren pedir la protección internacional? Primero les atienden en una comisaría —puede ser incluso en el aeropuerto o al llegar a su ciudad de destino—. Ahí tienen una primera toma de contacto y se les da un papel con el que pueden permanecer en el país, pero no trabajar. Se les cita también para una nueva ocasión, donde ya se iniciaría el trámite formal de la petición de protección. El problema es que esas citas tienen bastante demora y ahora, al igual que la de Efraín, ya se están dando para el 2025. A veces les acaban llamando y adelantándolas un poco, pero no siempre ocurre. A partir de esa segunda cita en la comisaría, pasados unos meses, se suele conceder un permiso temporal de trabajo mientras se decide si se le da esa protección o no. En ese tiempo la persona sí puede estar contratada.
Cuando hay resolución, si se acepta la protección, el beneficiario puede seguir trabajando. Si se deniega, vuelve a la casilla de salida. Y tiene que intentar regularizarse por otra vía, la del arraigo laboral o social.
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