“Devorados por las dunas”: el desierto se traga un número incalculable de migrantes que huyen a Europa
Las recientes imágenes de los cadáveres de migrantes expulsados por Túnez al desierto exponen la peligrosidad de esta ruta. “El desierto es más letal que el mar”, dice el cofundador Refugees in Libya
El Diario, , 09-08-2023“En el desierto, si mueres, tu cuerpo no flota como ocurre en el Mediterráneo, sino que el viento y las dunas lo devoran. Todo acaba ahí”. David Yambio, cofundador de Refugees in Libya, habla desde la experiencia cuando explica lo que supone atravesar el Sáhara, un trayecto de siete días en su caso en el que “sólo unos pocos sobrevivieron” y que aún pesa en el recuerdo de su ruta hasta alcanzar Europa.
Tras siete años y cinco intentos para cruzar el Mar Mediterráneo, este joven que huyó de la guerra civil de Sudán del Sur sigue manteniendo que “el desierto es más letal que el mar”.
No existen cifras exactas de decesos en esta ruta migratoria que demuestren su enorme mortalidad. El proyecto de Missing Migrants de la Organización Mundial para las Migraciones (OIM) ha documentado las muertes de 5.775 personas en esta ruta desde 2014, una cifra no tan elevada comparada con los 27.676 migrantes fallecidos en el Mediterráneo registrados en el mismo periodo de tiempo.
Sin embargo, muchos expertos consideran que el número de muertes en el Sáhara es mucho mayor, como explica Andrea García Borja, analista de datos del proyecto: “La mayor parte de los incidentes registrados involucran el fallecimiento de una o dos personas en zonas remotas. Es bastante probable que otros incidentes no sean identificados y que esas muertes no se contabilicen en los registros”.
La principal diferencia a la hora de recopilar datos del Sáhara frente a los que se obtienen en el Mediterráneo está en “el número de actores presentes en estas dos regiones que pueden servir como fuente de información para el registro de fallecimientos”. “En el mar hay información en los puntos de salida en la costa africana y en el sur de Europa. Además, hay guardacostas, barcos civiles, aeronaves… que responden a los casos de emergencia. Ninguno de ellos está presente en el desierto, por lo que las fuentes de información son muchas menos”, indican desde Missing Migrants.
La foto de la vergüenza
A pesar de lo limitada que resulta la documentación de muertes sobre el terreno, el último mes ha marcado un punto de inflexión. Según la ONG Human Rights Watch, las autoridades de Túnez han expulsado y abandonado en el desierto a cientos de migrantes subsaharianos y muchos de ellos han muerto deshidratados.
Esta actuación por parte del país árabe, tras meses de estigmatización de los migrantes subsaharianos, coincide con la firma de un acuerdo millonario entre Túnez y la Unión Europea para contener las migraciones irregulares en el Mediterráneo. La UE destinará 105 millones de euros exclusivamente para luchar contra el tráfico de personas en el marco de un paquete de ayuda para el Gobierno tunecino de más de mil millones.
A mediados de julio, el presidente de Túnez, Kais Said, negó que su país dé un trato inhumano a los migrantes, pero declaró que “se niega a ser una tierra de tránsito o de asentamiento”. Pese a las palabras del mandatario, pronto circularon varias imágenes de cuerpos sin vida en la frontera entre Túnez y Libia. En una de las fotografías más compartidas aparecen una madre y una niña: dos personas anónimas que sucumbieron a la crueldad del desierto.
Cuando esa instantánea llegó a manos de Yambio, se convirtió en algo personal. El activista necesitaba demostrar “que eran personas, con una vida, un rostro, una familia y una historia”. Los vínculos que Refugees in Libya ha creado con la comunidad africana le permitieron indagar sobre la identidad de las fotografiadas hasta descubrir que los cuerpos pertenecían a Matyla Dosso y a su hija de seis años, Marie. No obstante, el marido de Matyla, con quien habían sido abandonadas en el Sáhara, no estaba junto a ellas.
Yambio no tardó en localizar a Mbengue Nyimbilo Crepin, más conocido como Pato, quien compartió con él todo lo que había sucedido: “Maty llegó a Libia en 2016, igual que yo. Nos conocimos en un campamento en Qarabulli, durante un viaje de preparación para Italia, y estuvimos juntos hasta su muerte”, le explicó este hombre que había abandonado su Camerún natal después de que su hermana mayor muriera en los enfrentamientos entre secesionistas anglófonos y el Ejército.
Durante siete años, el matrimonio intentó cruzar el Mediterráneo cinco veces, hasta que el pasado julio decidieron escapar de Libia a Túnez con la esperanza de que su hija tuviera acceso a una educación, algo que había sido imposible ofrecerle en el primer país.
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