Seguridad ciudadana en Donostia «Nos unimos para proteger Martutene»
Más de cien vecinos de Martutene se han movilizado al incrementarse la inseguridad que provocan los más de 60 okupas que viven en un instituto abandonado
Diario Vasco, , 01-08-2023Iñaki, Fernando, Alaitz, Gorka, Cristina… En poco más de dos semanas, ya son 120 los vecinos de Martutene que se han organizado en un grupo de WhatsApp para «autoprotegerse» de la oleada de robos en viviendas, vehículos, comercios e incluso en plena calle, en algún caso con cuchillos o espray pimienta, que vienen sufriendo en los últimos meses. «No somos ninguna patrulla urbana aclaran, ni vamos con bates de béisbol ni nada por el estilo. Pero si alguien ve que están robando o que alguna persona está en apuros, lo escribe en el grupo y quien pueda sale a la calle a hacer bulto para que quien va a robar se vaya. No podemos hacer más. Como mucho, retener al ladrón hasta llegar la Ertzaintza o la Guardia Municipal». Ya lo han hecho en alguna ocasión, sobre todo a título individual, pero «es peligroso enfrentarte a alguien que puede reaccionar mal».
«A las 21.15 horas, en la virgen del Pilar para la foto con el DV». Algo así reza el mensaje lanzado en el grupo vecinal, y casi una treintena acude a la llamada, alguno con hijos e hijas menores. ¿Cuando se creó el grupo? «El 12 de julio responde una joven, el día que vi a dos chicos forzando la ventana de una furgoneta camper. Al día siguiente fue lo de la tele», lanza al resto, que recuerdan las fotografías en las que unos jóvenes doblan la esquina de la ikastola en la noche con una televisión a hombros. Y acto seguido, se suceden varios relatos de los robos sufridos. Como el de Gorka, a quien ya le han entrado dos veces en su vivienda, «una por la ventana y otra por la puerta», con el balance de pérdidas esperado: «portátil, tablet, móviles…». También la cartera, que le apareció sin DNI, ni carné de conducir, ni tarjeta de crédito, con la que hicieron cuatro compras de menos de 50 euros. En el interior del domicilio, su perro, mezcla pastor vasco y border collie, no amilanó a los malhechores. «¡Pero si han robado con gente durmiendo en las casas!», exclaman varios. El ultimo caso, este pasado sábado, cuando la Ertzaintza arrestó a un joven tras haber accedido a dos viviendas con los residentes dentro. Ayer llenaron el barrio de carteles y pancartas para visibilizar su «angustia».
Decenas de okupas
Tanto vecinos como las fuentes policiales consultadas coinciden en situar el foco del grueso de los delitos en algunos de los más de 60 jóvenes la mayoría de 18 a 30 años y origen magrebí que desde hace más de año y medio se han asentado en el edificio del antiguo politécnico antaño colegio de los padres Agustinos, que cerró sus puertas en 2003. El 22 de junio se llevó a cabo la última gran actuación policial en este lugar, con una veintena de unidades de Policía Nacional, Ertzaintza y Guardia Municipal. Fueron identificados más de 40 chicos y más de media docena acabó en comisaría. «Ahora son más, cerca de 70».
Las claves
Preocupación vecinal «Casi todos los días hay un robo en viviendas o coches, o aparecen bicis robadas en otro barrio; casi nadie coge ya el tren por miedo»
22 de junio Eztzaintza, Policía Nacional y Local identificaron a más de 40 jóvenes en la última gran actuación policial dentro del instituto
El 4 de junio, un centenar de personas ya se manifestó por las calles de Martutene para pedir «un barrio seguro y no tener miedo». En su recorrido, algún vecino los increpó y acusó de racistas. «Nuestro malestar no tiene nada que ver con el racismo. Hace unos años hubo familias rumanas. Acumulaban mucha basura pero no molestaban. Ahora tenemos miedo, y por eso pedimos a las instituciones una solución». El temor a ser «reconocidos» por la calle les lleva a pedir posar para el fotógrafo «de espaldas. Es que esta gente está constantemente en el barrio. En ese edificio no tienen ni luz ni agua, y vienen a la fuente del parque a lavarse desnudos y coger agua en garrafas».
«Me hirieron con un cuchillo»
Algunos organismos les suelen acercar comida. «Si el problema fuera darles de comer, nosotros mismos podríamos donar comida. El problema es que todos los días roban. Casi a diario aparece tirada en la calle una bicicleta o un patinete que han robado en algún otro barrio». «En los vestuarios del club de remo nos han robado tres veces mientras entrenamos. Y en el campo de fútbol, también», se queja un joven.
Durante el paseo, varias personas recuerdan al hombre que fue tirado a las vías tras ser rociado con espray pimienta «porque no les dio un cigarro», a la joven que persiguieron desde el apeadero hasta que se refugió en un bar «a todo el mundo digo que si tiene un problema, entre en mi comercio», dice Alaitz. «A mí agrega Unai, el 18 de septiembre, uno me tiró al suelo para robarme la cartera en Txomin, me agredió y me hizo cortes en la mano. Estoy a la espera del juicio y tengo pesadillas desde entonces. El acusado tenía 19 causas pendientes, según me dijo la Ertzaintza».
Imagen principal – Varios de los vecinos de Martutene que acudieron a la cita con este periódico ante la virgen del Pilar para recorrer el barrio. Vehículos de Ertzaintza, Policía Nacional y Guardia Municipal, el 22 de junio. estado actual del interior del edificio okupadoEImagen secundaria 1 – Varios de los vecinos de Martutene que acudieron a la cita con este periódico ante la virgen del Pilar para recorrer el barrio. Vehículos de Ertzaintza, Policía Nacional y Guardia Municipal, el 22 de junio. estado actual del interior del edificio okupadoEImagen secundaria 2 – Varios de los vecinos de Martutene que acudieron a la cita con este periódico ante la virgen del Pilar para recorrer el barrio. Vehículos de Ertzaintza, Policía Nacional y Guardia Municipal, el 22 de junio. estado actual del interior del edificio okupadoE
Varios de los vecinos de Martutene que acudieron a la cita con este periódico ante la virgen del Pilar para recorrer el barrio. Vehículos de Ertzaintza, Policía Nacional y Guardia Municipal, el 22 de junio. estado actual del interior del edificio okupadoE Arizmendi
«Hemos llegado a llamar a la policía tres veces en dos horas por robos», afirman. Sobre todo en la colonia de El Pilar, donde en los últimos meses han estado de obras para construir balcones, y los andamios se convertían en una alfombra roja para el delito. «Salías a la ventana a fumar y los veías», explica un joven que un día saltó de la ventana a perseguir a dos chicos que habían robado «un móvil a una niña de 12 años».
El solar pertenece al Gobierno Vasco, que en 20 años no ha logrado encontrarle una utilidad. Pero como propietario, se limita a adecentarlo de vez en cuando y a tapiarlo. «El problema es que levantamos tapias, y se ve que las echan abajo», defienden desde Lakua, que tras el desalojo rumano un centener en enero de 2008 y una treintena en junio costeó durante más de dos años un servicio de vigilancia 24 horas. En 2010, la seguridad privada supuso una partida de más de 202.000 euros a las arcas públicas.
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Una delegación municipal ya visitó la zona hace unos meses, pero el Ayuntamiento, consultado por este periódico, se remite a que el recinto «es propiedad del Gobierno Vasco», aunque los servicios sociales están al tanto de la realidad. «El problema es que un día pase algo gordo», avisa un chófer de Dbus, que alguna vez ha «pasado de largo en una parada para evitar subir un ‘problema’ al autobús». También ha lidiado con algún momento tenso dentro. «En esos casos es mejor mirar adelante y rezar para que no pase nada».
En Martutene, el vecindario opta más por el transporte publico en autobús que en tren, que más de un vecino lo ha prohibido en casa «sobre todo de noche». Dos mujeres aseguran que sus hijos e hijas, de 14 a 21 años, «ya no van en tren» ya que el apeadero queda a escasos metros del instituto. De hecho, para evitar tener que recorrer todo el tramo de camino para acceder al colegio, los okupas cortan la verja que delimita el solar con las vías y acceden por ahí. Adif repara las aberturas una y otra vez, pero en breve son reabiertas.
La solución «no es fácil», asumen los vecinos. «Toda persona merece una oportunidad, una vida mejor. Pero delinquir es otra cosa. No queremos que lleven el problema a otro barrio pero sí que nos den una solución y Martutene vuelva a ser un gran barrio».
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