Poesía para romper los estereotipos xenófobos

Jóvenes migrantes colaboran con escritores españoles en el libro ‘Equipaje de mano. Antología de vivencias’

El País, PAULA HERRERA, 24-07-2023

Jóvenes colombianos, salvadoreños, marroquíes o venezolanos llegan al Centro Municipal de Mayores Pérez Galdós, en el distrito de El Retiro de Madrid con cartones bajo el brazo, revistas viejas, recortes de periódicos y alguna que otra fotografía. El espacio será el escenario donde se construirán las cubiertas del libro Equipaje de mano. Antología de vivencias (Editorial La cartonera del escorpión azul). El poemario, auspiciado e impulsado por la ONG Cesal, busca reconstruir los relatos de despedidas, de dolor, pero también de resiliencia, de un grupo de jóvenes migrantes residentes en España que, durante dos meses, han sido acompañados y asesorados por poetas. Reuniones, recorridos en museos y talleres han sido solo algunos de los momentos de encuentro entre los equipos de trabajo. El objetivo es romper con las diferencias socioculturales y los estereotipos xenófobos que distancian a las personas migrantes de las de su país de acogida.

“El libro muestra que somos mucho más que migrantes. Que ahora estemos en trabajos infravalorados y poco cualificados no quiere decir que tengamos la cabeza vacía. También apreciamos el arte, la cultura y valoramos los espacios de ocio como herramientas para integrarnos”, dice Samuel Velasco (Cali, Colombia, 19 años).

Escritores, poetas, ilustradores y voluntarios se reúnen para recortar los pedazos de cartón que serán las nuevas portadas de cada libro. Unos se encargan de unir con hilo rojo las cubiertas al cuerpo del texto, otros dibujan; mientras que otros cuantos hacen recortes de periódicos y revistas. “Cada libro lleva la huella personal de su creador y ninguno es igual”, asegura Velasco.

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Llegar a un país y poder sentirte de ahí
Quienes hojean Equipaje de mano solo observan un menudo libro de poemas de 40 páginas, con 24 relatos —de 12 migrantes y 12 poetas—, pero bien podrían ser las historias de los 281 millones de personas que vivían fuera de sus países en 2020, según el último informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). O las de los más de siete millones de ucranios que el año pasado han huido de la guerra en países vecinos.

Los ilustradores Luis del Árbol y Sara Luque diseñan con cartón las plantillas de las portadas del libro ‘Equipaje de Mano’ en el Centro Municipal de Mayores Pérez Galdós, en Madrid.
Los ilustradores Luis del Árbol y Sara Luque diseñan con cartón las plantillas de las portadas del libro ‘Equipaje de Mano’ en el Centro Municipal de Mayores Pérez Galdós, en Madrid.
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Raquel Vázquez lee su poema ‘Todavía el swing’

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Solo en España, la cifra de extranjeros residentes en el país asciende a más de seis millones de personas. Doce de ellos escriben las páginas de este libro, entre ellos Josué Ventura (San Salvador, 28 años). Tres días antes de esta entrevista, fue expulsado súbitamente junto a su pareja del piso en el que vivían. “No tenemos dónde dormir. Sin documentos, nadie nos quiere alquilar una habitación. Vivimos en la incertidumbre”. Él salió de su país, El Salvador, hace ocho meses debido a la inseguridad provocada por la pugna de las pandillas por dominar el territorio nacional. Ahora intenta demostrar, a través de una poesía titulada La diferencia entre el tatuaje y la herida, su talento y amor por el arte. “Quiero que las personas vean que no vengo a quitar nada a nadie, solo quiero trabajar y cumplir mis sueños: ser un artista”, comenta mientras se rasca el tatuaje del brazo derecho.

Aprender a sobrevivir
Samuel Velasco mantiene un largo silencio cuando se le pregunta qué es ser migrante. “Es tristeza y nostalgia, también es aprender a sobrevivir”, dice mientras se agarra fuerte a su libro, ese que él mismo decoró y cosió para conservar su primer poema escrito y publicado. Velasco, que partió de su natal Cali con 18 años, decidió emprender el viaje para cumplir sus sueños: ser productor audiovisual. “En Colombia no voy a poder realizarlo, las cosas están bastante mal por allá”, asegura. Ahora, su vida se divide entre las 10 horas como ayudante de obra, las clases de inglés en la noche y aprender foto y video los fines de semana. “Es difícil encontrar trabajo porque apenas he acabado el bachillerato. Tengo que aceptar lo que me ofrecen para ahorrar y pagar mis estudios, aunque me paguen muy poco. Pero sé que voy a salir adelante”, asevera.

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