Ensanchar la democracia
Diario Vasco, , 18-07-2023La palabra democracia se compone de otras dos de origen griego, demos, que significa ‘pueblo’ y ‘kratos’ que quiere decir, poder o gobierno. En su libro ‘En las ruinas del neoliberalismo. El ascenso de las políticas antidemocráticas en Occidente’, Wendy Brown recuerda que, en contraste con los conceptos oligarquía, monarquía, aristocracia, plutocracia, tiranía, dictadura o gobierno colonial, democracia significa la capacidad de llegar a acuerdos políticos a través de los cuales el pueblo gobierna sus derechos y deberes.
Para esta eminente filósofa y politóloga, la igualdad política es la base de la democracia. Cuando esa igualdad está ausente o se destituyen los derechos constitucionales, sea por exclusiones específicas o por privilegios, por disparidades sociales o económicas extremas, el poder político se ejerce por y para una parte más que para el conjunto. De esa manera el demos deja de gobernar.
La historia de la democracia, sobre todo en países como el nuestro que viene de una larga tradición absolutista, es el testimonio más fidedigno de la genealogía de los derechos humanos. Cuanto más se amplían y extienden por la sociedad, más calidad democrática. Y, al contrario, cuando se cercena la democracia se debilita y muchos sectores sociales quedan expuestos a la exclusión o ven amenazados sus derechos con métodos coercitivos y autoritarios. Por eso tenemos que ser conscientes de que la conquista de los derechos siempre es potencialmente conflictiva. Para que la democracia tenga sentido y no se convierta en un significante vacío hay que aumentar cada vez más su radio de acción y combatir cualquier intento reaccionario para restringirlos.
Actualmente, las fuerzas ultraconservadoras y, a su lado, las ultraliberales están empeñadas en recortar muchos derechos conseguidos a lo largo de la historia en todo el mundo. También en este país, donde hemos tenido que salir a las calles a recordarles que nuestras vidas y cuerpos se opondrán a cualquier cancelación. Lo hicimos en defensa de la sanidad y educación públicas, de las pensiones, de los derechos laborales, del acceso a la vivienda, de los avances feministas, de los migrantes; hace unas semanas de los colectivos LGTBIQ+ y los últimos días hemos apoyado diferentes iniciativas en favor de la libertad de expresión. Siempre ha sido en defensa de sumar más derechos y contra las ideas que pretenden restarlos.
Por mucho que nos parezca incomprensible, es evidente que la reacción a las sucesivas crisis económicas manifestaciones de las dificultades que el sistema capitalista tiene para seguir creciendo como hasta ahora está produciendo en muchas democracias liberales una involución social hacia posiciones políticas retrógradas que se argumentan desde el miedo y, lo que es peor, desde el odio. Cuando dice Brown los privilegios del estatus social, la masculinidad, la blanquitud o el nativismo aquí seria el españolismo nacionalcatólico se sienten amenazados, la reacción se convierte con facilidad en rabia contra la inclusión social y la igualdad política de los excluidos históricamente. Sin mencionar los regímenes autoritarios que, aprovechando la ola conservadora internacional, aumentan todavía más sus sistemas represivos.
En España la confluencia de intereses electorales entre el Partido Popular y Vox, que ha ido creciendo gracias el traspase de parte del electorado más reaccionario del primero al segundo, ya ha empezado a mostrar en los gobiernos locales y autonómicos acuerdos explícitos contra la equidad, la libertad y la igualdad, es decir, contra los principios que dan sentido a los regímenes democráticos. Y anuncian, si triunfan en las próximas elecciones legislativas, la derogación de otros derechos conseguidos las últimas décadas. Eso sí, dirán que lo hacen respetando las reglas de la democracia al tener la legitimidad electoral que el sistema les otorga.
No hay duda de que la democracia es un campo de batalla y, aunque el voto sea solo una parte de sus fundamentos, la participación e implicación ciudadana en la defensa de nuestros derechos es crucial para que se amplíen las potencias democráticas de la vida en común. En este presente marcado por el retorno de retóricas de seguridad y de políticas del miedo, bajo la apariencia de salvación, ya no sirve invocar a la libertad como si fuera un principio sagrado, sino como dimensión histórica de la experiencia individual por supuesto pero a su vez, y sobre todo, como fundamento vital de muchas y diferentes voces colectivas que nos levantamos contra la opresión
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