Cuando el fútbol saca su peor cara

La Voz de Galicia, M. G. REIGOSA, 28-05-2023

El Diccionario de la Real Academia Española recoge en su tercera acepción sobre la palabra racismo: «Discriminación basada en el racismo. Actos, episodios de racismo». No hay dudas de que en ese marco se inscriben los gritos que recibió Vinicius en Mestalla, y antes en otros escenarios. Y no vale aquello que un veterano periodista radiofónico dijo en una ocasión, cuando le dieron paso para informar sobre un intento de agresión a un árbitro y comenzó diciendo que «a verdade é que merecer merecíaas».

El problema de esos gritos viene de lejos y tiene mucho que ver con la condescendencia con la que el fútbol suele manejarse a la hora de enfrentar conductas impropias e irrespetuosas, en contraste con el gatillo fácil que demuestra ante bobadas.

Qué se sepa, están sin resolver los incidentes acaecidos en el campo del Espanyol cuando el Barcelona acababa de conquistar la Liga y lo celebraba. Y se considera prudente la recomendación, e incluso la prohibición, de acudir a un campo rival con bufandas o camisetas que no sean las del conjunto anfitrión. Algo falla. Son cosas que suceden en las ligas profesionales pero, en el deporte de base, lo que tienen que aguantar los árbitros no es un asunto menor. Y quien más quien menos sabe de alguna pelea entre padres que están en la grada, a veces incluso del mismo equipo.

El fútbol tiene un problema serio con el racismo. Y más, porque consigue sacar lo peor de muchos aficionados. Y para cambiar las cosas no basta la resolución de un comité.

En los últimos años los clubes sí han librado con éxito una batalla de calado, contra los aficionados ultras. No la ganaron de la noche a la mañana sino en el medio y el largo plazo, con determinación.

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