La asociación Chernóbil busca familias para acoger a niños ucranianos este verano
«Es importante darles un respiro y facilitarles que puedan estar lejos de la guerra», advierten desde el colectivo
El Correo, , 27-04-2023«Radiación y ahora guerra. La asociación Chernóbil necesita familias de acogida para niños y niñas de Ucrania». Es el mensaje escogido en 2023 para el cartel que se colocará en distintas localidades vizcaínas con el objetivo de «sacar temporalmente» a los menores ucranianos afectados por el conflicto bélico con Rusia. Con la situación que atraviesan, esta agrupación considera importante «darles un respiro y facilitarles así que puedan estar lejos de la guerra y sus consecuencias durante los meses de julio, agosto y, quizá, parte de septiembre».
En el caso de Ucrania, el objetivo es claro. «Se trata de menores que provienen de familias afectadas previamente por el accidente nuclear de Chernóbil y que, por diversos motivos, han decidido continuar viviendo en Ucrania». El conflicto tiene un impacto muy grave en estas personas, como narra la responsable de Olatz Linacisoro. Esta voluntaria de la asociación Chernóbil recuerda que «la inflación es enorme en Ucrania». Eso impacta directamente en los precios de los alimentos, que se han disparado.
Pero hay otros factores generados por los propios ataques de la artillería rusa, que han generado «cortes de gas y luz» que se han repetido durante todo el invierno, afectando a la población civil. «A esto hay que sumar la carga emocional que provoca una guerra o el tener familiares en el frente». Linacisoro espera la solidaridad de las familias vascas en general y vizcaínas en particular. El año pasado llegaron casi 300 niños ucranianos a Euskadi gracias a esta campaña. «El único requisito es tener la posibilidad de ofrecer un entorno seguro y adecuado a un niño o una niña durante el verano», incide. Las fechas de llegada y salida aún están sin concretar. En cualquier caso, «niños para venir hay muchos y siempre nos han faltado familias para traerles».
También los saharauis viven una situación agravada en los campamentos de refugiados por el recorte de las ayudas internacionales y los precios de los alimentos. En este caso, los colectivos de Bizkaia ya han cerrando su programa de verano, llamado ‘Vacaciones en paz’, aunque falta realizar el recuento de cuántas familias convivirán unas semanas con ellos, según indicó el coordinador de esta campaña, Mikel del Arco.
Estos colectivos se fajan en impulsar programas vacacionales de respiro porque proporcionan a los menores la posibilidad de mejorar su alimentación, disfrutar del ocio y realizarse revisiones sanitarias o someterse a tratamientos médicos precisos para mejorar su estado de salud.
En el caso del Sahara falta cerrar algunos datos de todas las agrupaciones que colaboran. Según relata el coordinador, se conocerán la próxima semana. En 2023 se había puesto un «objetivo ambicioso de llegar a las 300 familias», como reconoce el responsable de la asociación Pro-Sahara Atfal de Getxo, Julio San Román. El año pasado llegaron 69. Estos colectivos se enfrentan a los efectos de la suspensión obligada de estos programas por el cierre de fronteras a causa de la pandemia. En este municipio costero se ha arrancado tres años después con su puesta en marcha. «Aunque no parece que va a peor este año, cuesta encontrar familias», reconoce San Román. En Getxo han sido en torno a una decena.
El problema de los campos de refugiados de Tindouf (Argelia) ha empeorado también. Aparte de que los niños salen de ese «infierno» donde se registran 45 grados de temperatura en verano, las ayudas internacionales se han reducido. La caravana solidaria vasca se ha enfrentado este año a un impacto logístico inesperado porque los barcos encargados del transporte de Alicante a Orán pidieron que se utilizaran vehículos más pequeños que en ediciones precedentes. Así que hubo que comprar camiones capaces de transportar 25 toneladas en lugar de 40. «Hay que comprar los vehículos y su coste es parecido, aunque sea de menor capacidad de carga», explica San Román.
«Allí no hay trabajo»
Por esa causa varió el objetivo inicial. En lugar de solicitar los alimentos más asequibles, como pasta o arroz, se optó por solicitar atún, latas de conservas, legumbres y productos higiénicos. «Los precios de esos productos son prohibitivos en los campos de refugiados», dice San Román. «Allí no hay trabajo, todo se ha encarecido también y son muy dependientes de las ayudas externas», comenta Josu Etxaburu, al frente de la asociación de Ondarroa, de nombre ‘Yaalah’, cuyo significado es «algo así como venga, hala, vamos…». Impulsadas por ese grito de ánimo, las asociaciones de voluntarios trabajan para ayudar a estos menores sin perder la esperanza de incrementar el número de familias acogedoras de Bizkaia. «Aquí encuentran cercanía, solidaridad y entendimiento del sufrimiento saharaui», concluye Etxaburu.
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