La estancia de los migrantes en Irun es «corta y tranquila», de entre 2 y 3 días

Ayer se presentó la investigación de la Fundación Begirune en la que los entrevistados aseguraron «no tener grandes problemas» a su paso por la localidad

Diario Vasco, E. PRIETO IRUN., 13-03-2023

arón, de entre 25 y 28 años y procedente de África Occidental. Concretamente de Mali y Guinea Conakry. Es el perfil que ha identificado la Fundación Begirune en el estudio que ha realizado para el Ayuntamiento sobre las personas migrantes que transitan por Irun. La investigación que se llevó a cabo a finales de 2022 determina además que su estancia en la localidad es breve, entre 2 y 3 días.

El análisis, que está disponible para su consulta en la página web municipal, ha buscado profundizar en una realidad que en la comarca del Bidasoa se hizo más patente en 2018, «cuando empezamos a tener un cambio del flujo migratorio de estas personas». El delegado de Bienestar Social, David Nuño, consideró ayer que fue entonces «cuando nos dimos cuenta del déficit de recursos y de asistencia a estas personas que existía».

Edad y origen Varón, de entre 25 y 28 años y procedente de África Occidental. Concretamente de Mali y Guinea Conakry.

Duración Las estancias en Irun son breves, de entre 2 y 3 días, llegando a ampliarse como mucho a los 8 días.

Valoración Los entrevistados no encontraron «sus necesidades descubiertas» a su paso por la localidad. Su demanda principal estuvo relacionada con la información para continuar su viaje, principalmente, hacia París.

En ese contexto, «fueron los movimientos ciudadanos y las instituciones las que empezaron a moverse» y la delegación de Bienestar Social «se encontró encima de la mesa el reto de dar la cobertura necesaria y visualizar el problema, un aspecto muy importante. Sacándolo a la luz se consigue que las instituciones y la ciudadanía se comprometan con el problema».

«Nos encontramos con un bloque de hormigón figurado que son los controles racistas de nuestro vecino Francia»
David Nuño echó la vista atrás hasta 2021, cuando se produjo «uno de los picos más importantes en la comarca y el municipio se volcó plenamente. Cedimos al Gobierno Vasco el albergue de peregrinos y dimos todo el apoyo y colaboración que pudimos en ese momento, aun sabiendo que la asistencia a la migración no es nuestra competencia. Es una situación que sucede en nuestra ciudad y no podemos mirar a otro lado».

El delegado estimó que «todavía hay mucho camino por recorrer» y denunció que, «por mucho que se quiera colaborar, nos encontramos con un bloque de hormigón figurado que son las políticas de migración de nuestro vecino Francia con sus controles racistas. Obliga a estas personas a emplear vías menos seguras para poder pasar la frontera y muchos de ellos, por desgracia, han perdido la vida por el camino».

José Antonio Oleaga, de Begirune Fundazioa, apuntó que el Ayuntamiento de Irun «tenía mucho interés en conocer la realidad de las personas migrantes, pensando en el plan de convivencia que lleva a cabo. Una de las piezas que le faltaba era la información sobre estas personas».

Encuestas y entrevistas
Respecto a la metodología, se han encuestado a 214 personas que han transitado por el municipio –con 9 entrevistas en profundidad–, se han accedido a fuentes de datos secundarias como las de Cruz Roja o Irungo Harrera Sarea y se han llevado a cabo entrevistas a personal técnico del Ayuntamiento, el centro Zubia, Cáritas o Policía Local, entre otros.

Lucía Rodríguez fue la encargada de ofrecer los detalles de una investigación que se realizó entre octubre y noviembre de 2022. Señaló que en Irun actualmente «hay buena coordinación y comunicación entre los tres recursos existentes (centro de atención humanitaria gestionado por Cruz Roja, Irungo Harrera Sarea y Zubia)» y que los migrantes, a grandes rasgos, «no encuentran necesidades descubiertas» a su paso por la ciudad.

Sobre el perfil de las personas cuantificadas que llegan a Irun, la analista de Begirune especificó que el 80% son hombres y el 20% mujeres, de los que un 5% son niños acompañados». En general los tránsitos son muy rápidos y la permanencia en Irun, «muy corta y tranquila», no supera los 2 o 3 días. Los entrevistados estimaron que «no tuvieron grandes problemas durante su estancia aunque ese momento de calma es muy dependiente de las decisiones fronterizas que toma Francia». Su preocupación principal estuvo relacionada con la forma de continuar el viaje, mayoritariamente hacia París.

Un colectivo «invisibilizado»
Lucía Rodríguez hizo un paréntesis para hablar de los migrantes que no están contabilizados. Detalló que «no podemos dar una estimación pero hay personas que, por varias razones, se quedan fuera de los datos. Intuimos que gran parte son de un colectivo invisibilizado como el magrebí».

Entre las razones existentes para que no aparezcan en las cifras oficiales, la integrante de Begirune citó que «la comunidad marroquí lleva asentada en Irun mucho tiempo. Muchas de estas personas se quedan con familiares y amigos y no necesitan recursos institucionales».

Otra razón, «más preocupante, es la correlación existente entre las personas magrebíes y las que no tienen documentación. Un requisito para entrar en los albergues es tener documentación».

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